Pallassos sense Fronteres realizará entre el 26 de septiembre y el 8 de octubre una nueva expedición a Venezuela para acompañar a niños, niñas y familias afectadas por el doble terremoto registrado en junio en el país. La organización desplazará a un equipo artístico a espacios de protección de Caracas y del estado La Guaira, donde permanecen personas que perdieron sus viviendas o tuvieron que abandonar sus comunidades a causa de la emergencia.
La iniciativa busca recuperar momentos de juego, encuentro y expresión colectiva en un contexto marcado por el desplazamiento y la alteración de la vida cotidiana. Según informó la entidad en un comunicado este martes, las intervenciones se centrarán en las artes escénicas como herramienta de acompañamiento emocional para población infantil y adulta que atraviesa las consecuencias de la catástrofe.

Un equipo de cuatro artistas en Caracas y La Guaira
La expedición estará integrada por Diana Pla, Anna Montserrat, Albert Grau y Emilio López. Durante casi dos semanas, el grupo actuará para menores y familias alojadas en distintos espacios de resguardo. Pallassos sense Fronteres no detalló el número de funciones previstas ni la cantidad estimada de beneficiarios, pero situó el trabajo en las zonas donde se concentra parte de la población desplazada por los sismos.
El doble terremoto de junio provocó daños que obligaron a numerosas familias a buscar alojamiento temporal, mientras las autoridades y las redes comunitarias afrontaban las necesidades derivadas de la pérdida o afectación de viviendas. En ese escenario, la actividad de la organización no sustituye la respuesta de emergencia relacionada con refugio, alimentación, atención sanitaria o reconstrucción, sino que se incorpora a una dimensión menos visible de las crisis: el restablecimiento de vínculos, rutinas y espacios seguros para la infancia.
La elección de Caracas y La Guaira responde a la presencia de personas trasladadas a instalaciones de protección tras el desastre. El desplazamiento, incluso cuando se produce dentro del mismo país, suele modificar la escolarización, la convivencia familiar y los mecanismos cotidianos de apoyo. Para los menores, estos cambios pueden traducirse en incertidumbre y en una reducción de los ámbitos destinados al juego y la socialización, especialmente cuando las familias deben priorizar necesidades materiales urgentes.
El papel de las artes en la respuesta humanitaria
Pallassos sense Fronteres plantea sus actuaciones como una forma de contribuir a recuperar espacios en un entorno “profundamente” transformado por la catástrofe. La propuesta se basa en espectáculos y dinámicas escénicas capaces de reunir a públicos de distintas edades sin requerir que los participantes relaten de forma directa sus experiencias. Ese enfoque permite crear instantes compartidos en lugares donde la rutina ha quedado suspendida por la emergencia.
El acompañamiento psicosocial es una pieza complementaria de la atención humanitaria. Después de un desastre natural, la protección de la infancia incluye no solo prevenir riesgos físicos, sino también ofrecer referencias de estabilidad y relaciones de confianza. Actividades culturales, recreativas y comunitarias pueden favorecer esa recuperación cuando se integran con sensibilidad en los lugares de acogida y respetan las condiciones concretas de cada comunidad.
La organización catalana ha desarrollado durante años intervenciones con población infantil en contextos de conflicto, desplazamiento y crisis humanitarias. Su método parte del circo, el clown y otras disciplinas escénicas para facilitar la participación y la expresión. En Venezuela, el valor de la expedición dependerá también de su coordinación con las entidades locales que conocen la distribución de las familias, las condiciones de los espacios de protección y las prioridades surgidas después de los terremotos.
Una intervención temporal ante necesidades que pueden prolongarse
La misión tendrá una duración limitada, del 26 de septiembre al 8 de octubre, pero se desarrollará varios meses después de los seísmos de junio. Esa distancia temporal es relevante: la primera fase de una emergencia suele concentrarse en rescate, evaluación de daños y alojamiento inmediato, mientras que las necesidades de apoyo social y emocional tienden a mantenerse cuando la atención pública disminuye y las familias enfrentan procesos más lentos de retorno, reparación o reubicación.
En los espacios temporales de protección, la convivencia prolongada puede generar tensiones y dificultades adicionales para quienes han perdido sus hogares. Las actividades dirigidas a familias completas pueden ayudar a abrir momentos de comunicación y participación, aunque su efecto no puede medirse únicamente por el número de asistentes o de funciones realizadas. La continuidad de los servicios públicos, la posibilidad de recuperar una vivienda digna y el acceso a educación y salud seguirán siendo determinantes para la recuperación de las personas afectadas.
La expedición también pone de relieve que la atención a las consecuencias de un terremoto no se limita a los daños materiales. La pérdida de referencias cotidianas afecta de manera particular a niños y adolescentes, cuya vida depende de la regularidad de la escuela, el hogar y las redes de cuidado. Ofrecer un espacio artístico en medio de la incertidumbre no resuelve esas carencias estructurales, pero puede contribuir a que las familias dispongan de un momento de normalidad compartida.
La recuperación, más allá de la emergencia inmediata
La llegada del equipo de Pallassos sense Fronteres se producirá en un momento en que las comunidades afectadas continúan adaptándose a las consecuencias del doble terremoto. La intervención pretende generar una dimensión de acompañamiento mediante las artes escénicas y devolver temporalmente el protagonismo al juego, la imaginación y la convivencia. Su alcance concreto estará condicionado por la evolución de la situación de las familias desplazadas y por la capacidad de las redes de respuesta para sostener la atención tras la fase inicial de la emergencia.
Para las poblaciones que han tenido que abandonar sus casas, la recuperación implica tanto reconstruir infraestructuras como recuperar espacios de pertenencia. Las actuaciones previstas en Caracas y La Guaira se insertan en esa segunda dimensión: la de preservar la relación comunitaria y ofrecer a la infancia un entorno en el que pueda participar sin quedar definida exclusivamente por la experiencia del desastre.
