México registró una tasa de desempleo de 2.7% en mayo de 2026, la segunda más baja entre las economías de la OCDE, solo detrás de Japón. Sin embargo, más de la mitad del empleo del país continúa en la informalidad, una cifra que condiciona la lectura del bajo desempleo, según plantea Mario Sandoval, CEO de FISAN SOFOM ENR.
La ocupación informal permite a millones de personas obtener ingresos mediante comercio, transporte, construcción, reparaciones o servicios cuando no acceden a un empleo formal. Esa flexibilidad ha funcionado como una válvula social, pero no garantiza seguridad social, pensiones, crédito, prestaciones ni estabilidad laboral.

El autor señala que la informalidad complica elevar la productividad y dificulta que bancos, SOFOMES y fintech evalúen la capacidad de pago de trabajadores y pequeños negocios sin nómina, declaraciones o flujos documentados. Aunque el sector usa datos transaccionales, historial de pagos y modelos digitales, advierte que esas herramientas no vuelven estable un ingreso irregular.
También cuestiona el papel de la banca de desarrollo. Nafin reportó que movilizó 32,304 millones de pesos en enero de 2026 entre crédito, garantías y financiamiento inducido; las PyMEs concentraron 59% y las microempresas alrededor de 7%. Nafin y Bancomext anunciaron esquemas para detonar hasta 120 mil millones de pesos para MiPyMEs y proyectos estratégicos.
Sandoval propone una estrategia de formalización con regímenes sencillos para el primer trabajador, seguridad social gradual, menos trámites locales e incentivos financieros. Distingue entre informalidad de supervivencia, pequeños negocios con potencial de formalizarse y empresas capaces que evaden obligaciones: las primeras requerirían oportunidades, las segundas financiamiento e incentivos, y las terceras fiscalización.
El análisis añade que la emigración también ha absorbido presión laboral: en 2024 vivían aproximadamente 11.1 millones de personas nacidas en México en Estados Unidos. Para el autor, el nearshoring debería impulsar proveedores mexicanos formales, financiables y productivos alrededor de las nuevas plantas, además de atraer inversión manufacturera.
