La Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de El Salvador ha incorporado perros al entorno de evaluaciones académicas con un objetivo concreto: ofrecer a los estudiantes una pausa emocional en uno de los momentos de mayor tensión del calendario universitario. El programa, denominado PAWS & PAUSE UES, propone interacciones asistidas con caninos para contribuir a disminuir el estrés y la ansiedad que suelen intensificarse durante los exámenes.
La iniciativa parte de una idea sencilla, aunque relevante para la vida universitaria: la exigencia académica no depende únicamente de horas de estudio, dominio de contenidos o resultados de evaluación. También está condicionada por la capacidad de cada estudiante para regular la presión, recuperar la concentración y sostener su bienestar en jornadas de alta demanda. En ese punto, el contacto breve y guiado con animales puede funcionar como una interrupción reparadora dentro de una rutina marcada por la urgencia.
Una pausa pensada para la semana más exigente
PAWS & PAUSE UES fue puesto en marcha por el Departamento de Medicina Veterinaria, con el apoyo de la Unidad de Psicología del Departamento de Desarrollo Rural. La articulación entre ambas áreas revela que no se trata de llevar perros al campus como un elemento recreativo aislado, sino de ensayar una forma de acompañamiento psicoemocional situada en un momento específico: la semana de evaluaciones.
Durante una prueba piloto, las caninas Canela y Lili acompañaron a estudiantes en espacios de convivencia diseñados para detenerse, despejar la mente y afrontar las pruebas con una disposición más positiva. La propuesta no sustituye la atención psicológica profesional ni pretende resolver por sí sola problemas complejos de salud mental. Su función es más acotada y, precisamente por ello, puede ser útil: crear condiciones inmediatas para que la persona reduzca la activación emocional antes de volver a una tarea académica exigente.

El valor de esta intervención reside en que reconoce el estrés como una experiencia que también se manifiesta físicamente: inquietud, fatiga, bloqueo, respiración acelerada o dificultad para fijar la atención. Una interacción tranquila con un perro puede ayudar a desplazar temporalmente el foco de preocupación, promover una respuesta de calma y facilitar una transición menos abrupta entre la tensión y el estudio. El efecto esperado no es una mejora automática de las calificaciones, sino una disposición mental más favorable para rendir.
Del alivio individual a una cultura de cuidado
Las semanas de exámenes suelen concentrar múltiples factores de presión. A la carga de contenidos se suman plazos simultáneos, expectativas familiares, preocupaciones económicas y, en algunos casos, largos desplazamientos o responsabilidades laborales. Cuando estas tensiones se acumulan, la recomendación habitual de “manejar mejor el tiempo” resulta insuficiente. La organización académica importa, pero también importa que las instituciones reconozcan que el desempeño se deteriora cuando el malestar emocional permanece desatendido.
La apuesta de la UES introduce esa discusión desde una práctica visible y cercana. Al habilitar un espacio de convivencia asistida, la universidad comunica que hacer una pausa no equivale a abandonar las obligaciones. Por el contrario, puede ser una medida funcional para recuperar atención y continuar. Este cambio de enfoque es significativo en ambientes donde la sobrecarga suele normalizarse y donde pedir apoyo todavía puede interpretarse, de forma equivocada, como falta de capacidad o compromiso.
Además, el carácter interdisciplinario del programa ofrece una base más sólida que una actividad ocasional. Medicina Veterinaria aporta el conocimiento relacionado con el manejo y bienestar de los animales; Psicología puede orientar la finalidad de las interacciones y observar su pertinencia dentro de estrategias de acompañamiento estudiantil. Para que el modelo se consolide, deberá preservar ese equilibrio: los perros no son instrumentos, sino participantes vivos cuyo descanso, temperamento, seguridad y condiciones de trabajo deben ser resguardados.
Lo que deberá medir la experiencia piloto
La prueba con Canela y Lili abre una posibilidad, pero también plantea la necesidad de evaluación. Si PAWS & PAUSE UES busca pasar de una intervención puntual a un recurso universitario estable, convendrá conocer cuántos estudiantes participan, cómo perciben el espacio, si reportan menor tensión inmediata y qué condiciones favorecen o limitan su acceso. Esos datos permitirían distinguir entre una actividad bien recibida y una herramienta con efectos observables en la experiencia estudiantil.
También será importante definir protocolos claros. La participación debe ser voluntaria, contemplar a quienes tengan alergias, temor a los perros o necesidades particulares, y evitar que el espacio se convierta en una fuente adicional de ruido o congestión. Del lado animal, la frecuencia de las sesiones, la duración de los contactos y la selección de caninos aptos son aspectos centrales. El éxito de una intervención asistida depende tanto del bienestar del estudiante como del trato responsable hacia el animal.
La iniciativa adquiere mayor sentido cuando se entiende como parte de una red y no como respuesta única. Los espacios breves de calma pueden complementar orientación psicológica, campañas de prevención, mecanismos de derivación y políticas académicas que reduzcan barreras innecesarias durante las evaluaciones. Un estudiante con angustia persistente requiere canales de atención especializados; uno que enfrenta tensión circunstancial puede beneficiarse de una pausa acompañada. Distinguir ambas situaciones permite ofrecer apoyos proporcionales.
Una señal sobre la universidad que se quiere construir
El principal aporte de PAWS & PAUSE UES no está solo en la presencia de Canela y Lili durante los exámenes. Está en desplazar la mirada institucional hacia las condiciones emocionales que rodean el aprendizaje. La universidad no controla todas las causas de ansiedad de su comunidad, pero sí puede decidir si el campus reproduce la presión sin respuesta o si habilita alternativas concretas de cuidado. En ese sentido, el piloto propone una idea medible y replicable: el bienestar no es un asunto periférico, sino una condición que puede fortalecer la concentración, la permanencia y una experiencia universitaria más saludable.
