México registra más de 15 mil temblores al año, una actividad equivalente a más de 40 movimientos del suelo por día. Aunque la mayoría tiene magnitudes inferiores a 4 y no es perceptible para la población, la frecuencia confirma que los sismos forman parte de las condiciones naturales del territorio y que la prevención debe mantenerse de manera permanente, no únicamente después de un terremoto de gran intensidad.
De acuerdo con información del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los movimientos de menor magnitud son identificados principalmente mediante instrumentos especializados. Esta diferencia entre la actividad que registran los equipos y la que perciben las personas resulta relevante: que un sismo no sea sentido no significa que el subsuelo permanezca inmóvil, pero tampoco permite anticipar por sí mismo la ocurrencia de un evento destructivo.
La coincidencia de fechas no permite predecir un terremoto
La preocupación social suele aumentar cuando varios sismos fuertes ocurren en fechas cercanas o coincidentes. En México, los terremotos de 1985 y 2017 dejaron una huella colectiva particularmente profunda, por lo que cada aniversario puede reactivar la atención pública y la percepción de que existe un patrón determinado.
La doctora Saraí Hernández Torres, investigadora del Instituto de Matemáticas de la UNAM, explicó que estas coincidencias pueden analizarse con herramientas probabilísticas parecidas a la paradoja del cumpleaños. En un grupo de 23 personas, por ejemplo, la probabilidad de que dos cumplan años el mismo día supera 50 por ciento, porque el cálculo considera los 253 pares posibles entre los integrantes del grupo.

El resultado cambia cuando se fija de antemano una fecha concreta o una combinación específica de acontecimientos. Hernández Torres señaló que, al buscar una coincidencia después de que ocurrió, no se consideran todas las formas posibles en que esta pudo haberse presentado. El recuerdo emocional también influye: las tragedias anteriores hacen que la población preste mayor atención a fechas y sucesos que, en otro contexto, podrían pasar inadvertidos.
Esta explicación no reduce la importancia de los terremotos ni elimina la posibilidad de que ocurran eventos severos. Su alcance es distinto: ayuda a separar la interpretación estadística de las predicciones sin sustento. Hasta ahora, identificar con precisión el día, la hora, el lugar y la magnitud de un sismo sigue siendo imposible.
Una mochila pensada para las primeras horas
El Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) recuerda que los sismógrafos detectan los movimientos una vez que comienzan, por lo que la respuesta más eficaz consiste en reducir la vulnerabilidad antes de la emergencia. Dentro de las medidas recomendadas se encuentra preparar una mochila de emergencia, revisarla periódicamente y ubicarla en un sitio accesible, sin obstáculos que impidan tomarla durante una evacuación.
La mochila debe incluir una linterna y un radio de baterías, además de pilas de repuesto. Estos elementos permiten mantener iluminación básica y recibir información oficial si se interrumpe el suministro eléctrico o fallan las redes de comunicación. También es aconsejable evitar depender exclusivamente del teléfono celular, cuya batería puede agotarse o cuya cobertura puede saturarse después de un movimiento intenso.
El agua embotellada y los alimentos no perecederos deben ser ligeros, fáciles de abrir y tener una fecha de caducidad prolongada. La recomendación citada contempla suministros para cubrir entre 24 y 48 horas; la cantidad concreta debe ajustarse al número de integrantes del hogar, así como a sus edades, condiciones médicas y necesidades particulares.
Documentos, medicamentos y comunicación
Un botiquín básico debe contener gasas, antisépticos, vendas y otros insumos de curación. Las personas que utilizan medicamentos de manera continua necesitan incorporar una reserva razonable y verificar su vigencia. En hogares con niñas, niños, adultos mayores, personas con discapacidad o animales de compañía, la preparación debe ampliarse para incluir productos específicos y procedimientos de apoyo.
Las copias de documentos de identidad, escrituras, pólizas y otros expedientes importantes pueden guardarse en bolsas herméticas para protegerlos del agua y el polvo. Una memoria USB ofrece una alternativa digital, aunque su utilidad aumenta si los archivos están organizados, actualizados y protegidos. La información no debe concentrarse en un solo soporte: conservar copias seguras en distintos lugares reduce el riesgo de perderla junto con la mochila.
La lista se completa con una manta térmica, ropa de cambio, artículos de higiene y un silbato. La ropa ligera puede ser necesaria durante un desalojo nocturno o ante cambios de temperatura, mientras que el silbato permite emitir señales de auxilio con menos esfuerzo que un grito, especialmente en espacios donde el ruido dificulta la localización de personas.
La prevención comienza antes de que suene la alerta
Una mochila no sustituye un plan familiar. Su eficacia depende de que todas las personas sepan qué hacer, conozcan las rutas de evacuación y acuerden un punto de reunión fuera de la vivienda. También es necesario identificar zonas seguras, revisar periódicamente instalaciones de gas y electricidad, fijar muebles pesados y participar en simulacros para detectar fallas prácticas.
La alerta sísmica, cuando está disponible y funciona de acuerdo con las condiciones regionales, puede ofrecer segundos de ventaja, pero no constituye una predicción ni garantiza el mismo tiempo de reacción en todos los lugares. La combinación de información oficial, infraestructura segura y hábitos de prevención ofrece una respuesta más sólida que la atención concentrada únicamente en fechas simbólicas o en rumores sobre supuestos patrones sísmicos.
