La confrontación pública entre María Fernanda Cabal y Miguel Polo Polo volvió a escalar después de que Juan José Lafaurie, hijo de la exsenadora, entrara en la discusión con un mensaje que, sin mencionar directamente al exrepresentante, fue interpretado como una defensa de su madre. La controversia se reactivó alrededor del nombramiento de Liliana Gissella Rueda Flórez como secretaria general del Ministerio de Cultura, una designación que reabrió diferencias políticas acumuladas desde 2025.

En su cuenta de X, Lafaurie escribió: “El tiempo no cambia a nadie. Solo termina revelando quién tenía principios y quién apenas conveniencias”. Aunque evitó identificar al destinatario, el mensaje apareció en medio de los reproches entre Cabal y Polo Polo y fue leído como una crítica a la decisión del excongresista de apoyar a Abelardo de la Espriella, hoy presidente, tras haber compartido afinidades políticas con la dirigente del Centro Democrático.
Un nombramiento que reabrió viejas acusaciones
El punto inmediato de fricción fue la llegada de Rueda Flórez al Ministerio de Cultura, encabezado por Paola Holguín. La funcionaria había hecho parte de la Unidad de Trabajo Legislativo de Cabal y, en septiembre de 2025, cuestionó duramente a Polo Polo por su respaldo a De la Espriella. En mensajes recuperados por sectores cercanos al exrepresentante, Rueda lo calificaba de “desagradecido”, “oportunista” y “vendido”, al tiempo que insinuaba que la campaña presidencial buscaba comprar apoyos.
La nueva posición de Rueda dentro del Gobierno creó una contradicción política que sus críticos aprovecharon rápidamente. El abogado Orlando Ladeutt le preguntó públicamente si, bajo la lógica de sus señalamientos anteriores, también debía considerarse “comprada” por aceptar un cargo en la administración de De la Espriella. El cuestionamiento no se limitó a la hoja de vida de la funcionaria: puso en evidencia cómo las alianzas y los cambios de ubicación dentro de un mismo bloque ideológico alteran el significado de las acusaciones formuladas durante una campaña.
Cabal mantiene el reproche; Polo Polo exige cerrar el episodio
María Fernanda Cabal amplificó la polémica al republicar el mensaje de Ladeutt y resumir su postura con una frase: “MUY malagradecido”. Para la exsenadora, la ruptura con Polo Polo sigue asociada a una falta de lealtad. La relación se deterioró a finales de 2025, cuando el entonces representante de la curul afro anunció su respaldo a De la Espriella, una decisión que Cabal interpretó como un abandono de la cercanía política que ambos habían sostenido.
Polo Polo respondió con un llamado a dejar atrás la disputa. Le pidió a Cabal “avanzar” y “pasar la página”, y sostuvo que su decisión electoral fue acertada porque, según él, De la Espriella era el único candidato con capacidad de derrotar a la izquierda. El exrepresentante también cuestionó la competitividad de Cabal y afirmó que los pronunciamientos de la exsenadora terminan afectando su propia imagen pública.
La pelea pasa de la estrategia electoral al plano personal
La discusión dejó de girar exclusivamente alrededor de un respaldo presidencial y se trasladó a una disputa por la coherencia, la gratitud y el liderazgo dentro de la derecha. Polo Polo publicó posteriormente un mensaje más extenso en el que acusó a Cabal de descalificar en privado a antiguos aliados y dirigentes de su mismo sector, incluidos Iván Duque y Paloma Valencia. También aseguró que la exsenadora se refería a De la Espriella como “defensor de mafiosos” antes de que él se integrara a su campaña.
Esas afirmaciones, difundidas en redes sociales y sin un contraste documental incluido en el intercambio público, elevan el costo reputacional de la controversia para todos los involucrados. Cabal queda expuesta a cuestionamientos sobre su relación con figuras de su propio espacio político; Polo Polo, a su vez, continúa enfrentando críticas de quienes consideran que su cambio de respaldo fue una ruptura con quienes lo acompañaron en su ascenso político. La intervención de Juan José Lafaurie añade una dimensión familiar que hace más difícil reconducir el debate hacia asuntos programáticos.
La disputa revela una fragmentación más amplia
El episodio muestra que la recomposición de alianzas tras la elección presidencial no eliminó las rivalidades previas, sino que las trasladó a la estructura del nuevo Gobierno. La presencia de antiguos colaboradores de Cabal en una administración respaldada por Polo Polo crea un terreno propicio para los reproches cruzados: unos ven pragmatismo político; otros, incongruencia frente a las posiciones defendidas durante la campaña.
En términos políticos, la disputa puede tener efectos que superan a sus protagonistas. Cuando las diferencias se expresan mediante descalificaciones personales, la discusión pública se aleja de la evaluación de decisiones de Gobierno, perfiles de los nombramientos o prioridades del Ministerio de Cultura. Además, la confrontación dificulta la construcción de una narrativa común entre sectores que comparten parte de su electorado, pero compiten por liderazgo, influencia y capacidad de fijar las reglas de la nueva etapa política.
La reacción de usuarios en X, entre respaldos, críticas y burlas, confirma que el conflicto conserva visibilidad, aunque no resuelve la cuestión de fondo: si las nuevas alianzas obedecen a una redefinición legítima de posiciones o a conveniencias circunstanciales. Esa es precisamente la disputa que Lafaurie condensó en su mensaje y que Cabal y Polo Polo, por ahora, siguen ventilando en público.
