La fuerza, la movilidad, la memoria, los sentidos, el estado de ánimo y la energía disponible ofrecen una imagen más precisa de cómo envejece una persona que su edad cronológica por sí sola. La Organización Mundial de la Salud denomina capacidad intrínseca al conjunto de capacidades físicas y mentales conservadas en un momento dado, un enfoque que busca detectar deterioros antes de que se conviertan en pérdida de autonomía.

Este indicador no procede de un único análisis de sangre ni se resume en una cifra. Su valoración integra la locomoción, que incluye fuerza muscular, equilibrio, movilidad y velocidad al caminar; la cognición, vinculada con memoria, atención y orientación; la visión y la audición; el estado psicológico; y la vitalidad, relacionada con la energía, el esfuerzo y la recuperación posterior.
Los cambios pequeños pueden ser relevantes
Una persona puede mantener su independencia y no presentar una discapacidad evidente, pero empezar a caminar más despacio, perder fuerza o tener dificultades para recordar algunas cuestiones. También pueden aparecer alteraciones graduales de la visión o la audición. Consideradas por separado, esas variaciones pueden parecer menores; observadas a lo largo del tiempo, ayudan a identificar a quienes podrían estar entrando en una situación de mayor vulnerabilidad.
La utilidad del seguimiento está en que permite intervenir sobre factores modificables. La actividad física, la alimentación, el sueño, la prevención de caídas, la corrección de problemas sensoriales, la reducción del aislamiento social, la revisión de determinados medicamentos y el control de enfermedades crónicas pueden contribuir a preservar la autonomía durante más tiempo.
Una herramienta para actuar antes de la dependencia
La capacidad intrínseca está ligada a la fragilidad, definida por el Ministerio de Sanidad como un deterioro progresivo asociado a la edad en distintos sistemas fisiológicos. Ese proceso reduce las reservas del organismo y aumenta la vulnerabilidad ante situaciones de estrés, así como el riesgo de sufrir problemas de salud. Por ello, las políticas de envejecimiento saludable ponen el foco en prevenir y detectar la fragilidad antes de que aparezcan discapacidad o dependencia.
En España, la Comunidad de Madrid impulsó INTEGRA-CAM, un proyecto de innovación sanitaria concebido para monitorizar desde el domicilio la capacidad intrínseca de personas mayores mediante un ecosistema tecnológico y seguir su evolución. La evaluación no determina con exactitud la edad biológica ni predice cuántos años vivirá una persona, y tampoco sustituye el diagnóstico o el tratamiento de enfermedades. Su función es conocer qué capacidades conserva cada persona y advertir señales de deterioro que puedan comprometer su autonomía.
