“Guille y el Nahual” lleva al teatro infantil una mirada sobre la empatía y la inclusión

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La obra Guille y el Nahual iniciará temporada el 5 de septiembre en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico, donde permanecerá hasta el 11 de octubre con funciones los sábados y domingos a las 13:00 horas. La puesta en escena, producida por Tribu Producciones, propone recuperar el teatro como un espacio de imaginación, diálogo y formación emocional para las infancias contemporáneas.

El montaje parte de un conflicto sencillo y, al mismo tiempo, cargado de posibilidades: Guille, una niña intrépida, intenta proteger en secreto a un nahual, criatura mítica que devora milpas y provoca temblores de manera involuntaria. La situación permite construir una aventura humorística alrededor del miedo, la responsabilidad y los límites que niñas y niños descubren dentro de sus hogares, pero también plantea una pregunta de fondo: cómo acompañar a las nuevas generaciones sin reducirlas a receptores pasivos de lecciones adultas.

Una protagonista que cambia el punto de partida

La historia está basada en la obra original de Emilio Carballido y fue adaptada por Nadia González Ávila. Uno de los cambios centrales consiste en transformar al protagonista original en Guille, una niña valiente que toma decisiones y participa activamente en el desarrollo de la trama. La modificación no funciona únicamente como una actualización del personaje: desplaza la idea tradicional de que las niñas deben ocupar papeles secundarios, prudentes o asociados exclusivamente con el cuidado.

La adaptación también busca apartarse de una mirada adultocéntrica, es decir, de aquella que interpreta la experiencia infantil desde las expectativas y los códigos de los adultos. Para la actriz Danya Torres, el teatro dirigido a la niñez debe reconocer la inteligencia intelectual y emocional de su público. Desde su perspectiva, los niños no necesitan discursos panfletarios ni personajes infantilizados para acercarse a temas como la vulnerabilidad, la diversidad o la solidaridad; necesitan situaciones que les permitan pensar y sentir a partir de su propia experiencia.

Ese criterio modifica la relación entre escenario y espectadores. En lugar de entregar una moraleja cerrada, Guille y el Nahual recurre al juego, la risa y la identificación para abrir conversaciones. El conflicto de Guille con su familia y con la criatura mítica ofrece un lenguaje accesible para abordar permisos, temores y responsabilidades, asuntos que suelen aparecer en la vida cotidiana mucho antes de que los niños puedan explicarlos con conceptos abstractos.

El escenario como experiencia compartida

La propuesta adquiere una dimensión particular en un contexto dominado por las pantallas táctiles y el consumo individual de contenidos. Frente a dispositivos diseñados para captar y fragmentar la atención, el teatro en vivo exige una presencia común: actores y público comparten el mismo espacio, reaccionan al mismo tiempo y modifican la energía de la función con sus respuestas.

En la obra, el nahual es manipulado por el actor Josué Aguilar. Su presencia crece hasta alcanzar dimensiones gigantescas, pero conserva una corporalidad tierna y expresiva. La criatura se aleja así de la representación terrorífica asociada con el mito y se acerca a la naturaleza y a la estética colorida de los alebrijes. La decisión resulta significativa porque convierte al monstruo en un ser susceptible de ser comprendido, en vez de presentarlo como una amenaza que debe ser destruida.

El diseño de iluminación de Isaías Martínez y la ambientación sonora, basada en géneros tradicionales mexicanos como el mariachi y las polcas, amplían ese universo escénico. La música y la apariencia del nahual no cumplen una función meramente decorativa: sitúan la historia en una sensibilidad cultural reconocible y ayudan a que la imaginación infantil se conecte con elementos de la tradición mexicana sin quedar limitada a una reproducción solemne del folclor.

Torres sostiene que una de las fortalezas del teatro consiste en la participación orgánica de las infancias. Durante una función, los espectadores pueden levantarse, bailar, cantar o asumir que el personaje está realmente frente a ellos. Esa respuesta rompe la distancia habitual entre quien observa y quien ejecuta una historia, y convierte la capacidad de asombro en una experiencia colectiva que difícilmente puede reproducirse de la misma manera en un entorno digital.

La inclusión sale del discurso y entra en la función

El compromiso de la producción con la empatía no se limita al argumento. Las funciones del 13 de septiembre y del 4 de octubre contarán con la participación de Daniela Vite, intérprete de Lengua de Señas Mexicana. La medida incorpora la accesibilidad dentro de la experiencia artística y reconoce que la inclusión requiere ajustes concretos en la operación de los espacios culturales, no solo menciones generales en los materiales de difusión.

Para el elenco, la presencia de la lengua de señas también enriquece el lenguaje teatral. La expresión corporal, el gesto y el ritmo forman parte de la escena, pero la interpretación en LSM muestra con claridad que una acción o una imagen pueden comunicar por sí mismas, más allá de la palabra hablada. La accesibilidad, en ese sentido, no empobrece la puesta: revela otras posibilidades de construcción del significado.

La temporada incluirá además la iniciativa “TRIBU: Latido solidario”, vigente del 20 de septiembre al 11 de octubre. Quienes entreguen en la taquilla del Teatro Helénico alimento para perros o gatos, ropa, camas o accesorios usados en buen estado recibirán un descuento de 50% en sus boletos. Lo recaudado será destinado a organizaciones dedicadas al rescate de animales.

Una historia sobre quién merece ser cuidado

La campaña solidaria prolonga fuera del escenario el conflicto central de la obra. Guille decide proteger a una criatura que provoca daños sin intención y que, por su propia naturaleza, resulta difícil de aceptar para los demás. Al trasladar esa lógica al apoyo de animales rescatados, la producción propone una continuidad entre ficción y comunidad: comprender una vida vulnerable implica reconocer sus necesidades y actuar sobre ellas.

El elenco está integrado por Danya Torres, Tamara Garduño, Josué Aguilar, Nydia Parra, Jheraldy Palencia, Hugo Rocha y Mario Esteban Martínez, bajo la dirección de Andrea Salgado. Con esta temporada, Guille y el Nahual plantea que el teatro infantil puede ser entretenimiento sin renunciar a la complejidad. Su apuesta consiste en confiar en la imaginación de las infancias y utilizarla como punto de partida para hablar de solidaridad, aceptación y responsabilidad compartida.

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