Atenas ha anunciado un programa piloto que retribuirá a los pescadores profesionales con 5,33 euros por cada kilogramo de pez globo de la especie Lagocephalus capturado en aguas del sur del Egeo y en torno a Creta. La medida busca reducir la presión que esta especie invasora ejerce sobre los ecosistemas del Mediterráneo oriental y sobre las artes de pesca tradicionales.
El pez, originario del mar Rojo, fue detectado por primera vez en aguas griegas en 2005 tras atravesar el canal de Suez. Desde entonces su población ha crecido sin control en ausencia de depredadores naturales, alcanzando densidades especialmente altas en el sur del Egeo y el Mediterráneo oriental. Ejemplares adultos pueden superar los 13 kilogramos y poseen mandíbulas robustas capaces de dañar redes y palangres.

Impacto en la actividad pesquera
Los pescadores locales reportan pérdidas diarias por la destrucción de aparejos y la depredación del pescado capturado. Stathis Evanguelu, que faena frente a la isla de Astypalaia desde los nueve años, indica que captura entre 100 y 200 ejemplares al día y que las redes quedan inutilizables tras los ataques. Mijalis Karpodinis, de Rodas, ha impulsado por iniciativa propia el primer concurso panhelénico de pesca de la especie para contribuir a la limpieza de las aguas.
La toxina tetrodotoxina que acumula el pez representa un riesgo adicional. Aunque su consumo está prohibido, se han registrado mordeduras a bañistas y casos de intoxicación accidental. La ictióloga Paraskevi Karajlé, del Centro Helénico de Investigación Marina, subraya que la agresividad de la especie y su capacidad para alimentarse dentro de las redes agravan los daños económicos ya existentes por el cambio climático y otras especies invasoras.
Contexto regional y respuesta institucional
El ministro de Agricultura y Alimentación, Margaritis Schinas, ha vinculado la proliferación de Lagocephalus con la degradación general del sector pesquero griego. El programa piloto, que comenzará la próxima semana, se limita inicialmente a las zonas más afectadas y establece un precio fijo por kilo sin límite de capturas. Esta retribución busca compensar parcialmente las pérdidas y alentar la retirada sistemática de ejemplares.
Países vecinos como Chipre y Turquía han enfrentado problemas similares desde la apertura del canal de Suez, aunque las respuestas han variado entre campañas de erradicación y regulaciones sanitarias más estrictas. Grecia opta ahora por un incentivo económico directo que, según las autoridades, podría extenderse si los resultados del piloto resultan positivos.
Perspectivas a medio plazo
La efectividad de la medida dependerá de la participación sostenida de la flota artesanal y de la capacidad de las autoridades para verificar el origen y destino de las capturas. Especialistas advierten que la eliminación completa de la especie resulta improbable, por lo que las acciones deben combinarse con monitoreo continuo y posibles ajustes en las zonas de exclusión pesquera.
El equilibrio entre la protección del ecosistema y la viabilidad económica de las comunidades costeras sigue siendo el principal desafío. Mientras tanto, la recompensa de 5,33 euros por kilo representa un primer paso concreto para mitigar un problema que se ha intensificado en las últimas dos décadas.
