Autoridades federales desmantelaron tres laboratorios clandestinos de metanfetamina en Guerrero, dos en Zirándaro de los Chávez y uno en Coahuayutla de José María Izazaga. El aseguramiento incluyó nueve reactores, más de 260 tambos de 200 litros, 11 contenedores de gran capacidad y más de 60 tanques de gas, una escala que apunta a instalaciones con capacidad de producción sostenida, no a operaciones menores.

Precursores y capacidad instalada
La operación también permitió incautar cerca de una tonelada de precursores químicos, unos 2 mil 400 kilos de otras sustancias, 150 costales de sosa cáustica y 663 kilos de cloruro de amonio, además de condensadores y destiladores. La combinación de reactores, insumos y equipo especializado revela una cadena de fabricación ya montada, cuya interrupción afecta tanto la elaboración inmediata como la posibilidad de reactivar la producción en el corto plazo.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, informó que el operativo fue realizado por Defensa, Guardia Nacional y SSPC, con autoridades estatales y colaboración de agencias estadounidenses. La participación internacional subraya que la investigación no se limitó a los sitios de producción: el tráfico de precursores y el destino de las drogas sintéticas requieren seguir redes de suministro que rebasan la región.
Una zona bajo disputa criminal
Los hallazgos se producen en municipios con antecedentes recientes de narcolaboratorios y presencia de grupos criminales. Zirándaro, en la franja fronteriza con Michoacán, y Coahuayutla forman parte del corredor entre Tierra Caliente y Costa Grande, donde se han documentado pugnas por rutas, territorios y capacidades logísticas. El decomiso reduce recursos e infraestructura de esas organizaciones, pero la recurrencia de instalaciones clandestinas confirma que el reto central será sostener la vigilancia en zonas remotas y desarticular las redes financieras y de abastecimiento que permiten su reconstrucción.
