Charles Leclerc quedó fuera del Gran Premio de Italia tras sufrir un violento accidente en la tercera vuelta, cuando perdió el control de su Ferrari a alta velocidad y golpeó las barreras de neumáticos. El impacto destrozó la parte delantera del SF-26, dejó al piloto monegasco aturdido y obligó a dirección de carrera a mostrar la bandera roja.

Un golpe directo a la ambición local
El abandono llega en el peor escenario para la Scuderia: ante su público, con una unidad de potencia mejorada y después de unos entrenamientos que habían alimentado la expectativa de pelear por la victoria. Leclerc salía tercero, por detrás del poleman Pierre Gasly y de George Russell, mientras Lewis Hamilton partía cuarto con el otro Ferrari.
La carrera había comenzado con Gasly conservando el liderato, aunque Russell tomó la primera posición durante la segunda vuelta. Leclerc seguía integrado en la lucha inicial, tras una acción tensa con Hamilton y un breve duelo con Oscar Piastri, hasta que su error o pérdida de control terminó de forma abrupta su participación tras apenas dos giros completados.
Una oportunidad desperdiciada
La retirada agrava la irregularidad de una temporada en la que Leclerc había recuperado impulso con su victoria en Silverstone, pero volvió a ceder terreno tras ser quinto en Zandvoort. Monza ofrecía además una ocasión relevante por la posición retrasada de Kimi Antonelli, líder del Mundial con 242 puntos tras una penalización por cambios de motor. Ferrari pierde así una de sus dos opciones estratégicas en una prueba que había preparado como una oportunidad para transformar velocidad potencial en resultados.
