La fotografía del miliciano caído cumple 90 años convertida en un icono mundial de la Guerra Civil española y de la imagen bélica, aunque su historia continúa marcada por dos incertidumbres decisivas: la posibilidad de que fuera una escena preparada y la discusión sobre si Robert Capa fue realmente su autor. Lo que sí quedó establecido desde 2009 es que la instantánea fue tomada en Espejo, Córdoba, y no en Cerro Muriano, como se creyó durante décadas.
Un reportaje separado de Cerro Muriano
La presencia de Capa y Gerda Taro en la provincia cordobesa está documentada el 5 de septiembre de 1936, cuando coincidieron con otros periodistas en la barriada de Cerro Muriano. Los reporteros alemanes Hans Namuth y Georg Reisner confirmaron aquella estancia y posiblemente llegaron a fotografiar a la pareja. Allí realizaron varios reportajes sobre la huida de civiles, la vida cotidiana de los milicianos y la movilización de las tropas republicanas.
El trabajo de ambos introdujo una forma distinta de mostrar la guerra. En lugar de concentrarse en imágenes heroicas del combate, sus fotografías buscaban transmitir el sufrimiento, el miedo y el horror de quienes padecían el conflicto. Esa aproximación se relaciona con la conocida frase atribuida a Capa: «Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no estabas lo suficientemente cerca». La cercanía exigida no era únicamente física, sino también emocional, al retratar a las víctimas con empatía y respeto.

La Maleta Mexicana cambió la ubicación
Durante décadas se pensó que entre las fotografías tomadas en Cerro Muriano se encontraba también el reportaje del miliciano. La aparición de nuevas imágenes en la llamada Maleta Mexicana y los estudios de investigadores como Fernando Penco y José Manuel Susperregui permitieron situar la escena en Espejo. El hallazgo modificó la lectura del episodio, pero no resolvió todas sus incógnitas: todavía no se han localizado varios negativos del reportaje, incluido el correspondiente a la imagen más famosa.
Los especialistas solo sitúan la sesión en los primeros días de septiembre de 1936 y no pueden precisar si tuvo lugar antes o después de la estancia de Capa y Taro en Cerro Muriano. Sí existe un dato confirmado: en esas fechas no hubo combates en Espejo. El análisis conjunto de las imágenes conservadas ha llevado a plantear que los fotógrafos pudieron pedir a las tropas republicanas que escenificaran un ataque para obtener las tomas.
Una polémica que alcanza a Capa y Taro
La posible preparación de la escena ha alimentado la controversia sobre la fotografía y sobre la responsabilidad de sus autores. Algunos especialistas han planteado que Gerda Taro pudo ser quien tomó la instantánea, aunque la imagen continúa vinculada principalmente al nombre de Robert Capa. La discusión se suma a las dudas sobre la autenticidad del momento representado, pese a que la fotografía mantiene su condición de símbolo internacional del conflicto.
En 1936 era habitual que algunos reporteros de guerra «montaran» escenas. En Córdoba lo hizo el sevillano Juan José Serrano al fotografiar el avance de la V Centuria de la Falange sobre Fuente Obejuna, y Taro recurrió a una práctica similar en 1937 durante el asalto a La Granjuela. También quedaron como ejemplos posteriores las imágenes de Joe Rosenthal sobre la toma de Iwo Jima y la fotografía de Yevgueni Chaldej de soldados soviéticos izando la bandera sobre el Reichstag de Berlín, ambas realizadas en 1945.
Desde los criterios actuales del periodismo, esas reconstrucciones resultan incompatibles con la exigencia de honestidad y veracidad informativa. La controversia ha condicionado la valoración del legado de Capa y Taro en la Guerra Civil, un trabajo que quedó durante años eclipsado por la celebridad del miliciano caído y después por las dudas sobre la escena, pese a la amplitud y el impacto documental del conjunto de sus reportajes.
