Yucatán activa 96 sistemas para tratar efluentes porcinos

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La porcicultura yucateca avanza en la implementación de 96 nuevos sistemas de tratamiento de aguas residuales, con una inversión reportada de 2,500 millones de pesos. La medida forma parte de una agenda ambiental que busca reforzar el cumplimiento de las obligaciones sobre consumo de agua y descargas de las granjas, en un contexto donde especialistas también han advertido concentraciones elevadas de cobre y zinc en suelos irrigados con efluentes porcinos.

El tema fue expuesto recientemente durante el foro “Impacto ambiental de la porcicultura intensiva en México”, convocado por la Academia Veterinaria Mexicana. Participaron cinco profesionales de los sectores productivo y académico, quienes abordaron desde las emisiones asociadas a la producción hasta la calidad de los efluentes generados por las granjas.

El nuevo enfoque sectorial

Durante el encuentro se presentó la estrategia denominada “cuidar-produciendo”, con la que el sector porcícola plantea incorporar innovación ambiental mediante tres comités: uno de regulación, otro técnico-ambiental y un tercero de relacionamiento comunitario. La estructura está orientada a fortalecer la agenda ambiental de la porcicultura de Yucatán y a sostener su relación con las comunidades locales.

Entre las acciones anunciadas figuran el apego a la NOM-001, la NOM-004 y la Norma Técnica SDS 2022, así como la aplicación de un Estándar de Sustentabilidad del Sector Porcícola. El cumplimiento de la normatividad de la Conagua sobre reportes de uso de agua y descargas es uno de los puntos centrales de esta etapa, junto con la instalación de los sistemas de tratamiento.

La medición nacional abre una pregunta local

El foro presentó estimaciones elaboradas mediante análisis de ciclo de vida para la porcicultura intensiva mexicana. El impacto varía de 1.23 kilogramos de dióxido de carbono equivalente por kilogramo de peso de cerdo en el Altiplano a 4.32 kilogramos en la región del Golfo de México. Ambos datos se sitúan en los extremos del promedio global señalado para esta actividad, de 3.5 kilogramos de CO2 equivalente por kilogramo de cerdo.

Con esos resultados no es posible establecer todavía cuál es el impacto específico de los animales producidos en Yucatán. Para responderlo, primero tendría que realizarse un análisis de ciclo de vida propio de la porcicultura yucateca, por lo que las cifras nacionales no permiten trasladar de forma directa una conclusión a la entidad.

Alimento, transporte y efluentes

De acuerdo con la información discutida, una parte relevante de las emisiones no procede directamente de los cerdos, sino de la producción y el traslado de sus alimentos. Fertilizantes, agroquímicos, riego, gasolina y diésel intervienen en las cadenas de maíz, soya y sorgo. Como buena parte de esos insumos se importa de países como Estados Unidos y Brasil, las emisiones vinculadas a esos procesos se generan principalmente fuera de México.

La comparación con el ganado bovino también ocupó un lugar en el foro. Se indicó un impacto de 23.8 kilogramos de CO2 equivalente por kilogramo de peso para bovinos que pastan en potreros de Yucatán. La diferencia se relaciona con la digestión: los bovinos producen metano en el rumen y lo expulsan al eructar, mientras que los cerdos, animales monogástricos, generan cantidades menores en el ciego y el colon. Una vaca de 450 kilogramos en Tizimín puede eructar 350 litros de metano al día; un cerdo de 70 kilogramos excretaría entre nueve y 12 litros diarios.

La atención ambiental no se limita a los gases. En muestras de efluentes de granjas porcinas de Yucatán, el total de sólidos suspendidos y la demanda química de oxígeno estuvieron por encima de los límites de referencia. Además, el cobre y el zinc detectados en altas concentraciones en suelos irrigados con esos efluentes representan una alerta sobre su posible papel como fuente de contaminación del agua destinada a cultivos.

También se realizan mediciones en cámaras de respiración para cuantificar el metano producido por cerdos alimentados con raciones comerciales usadas en Yucatán. El Inventario Nacional de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero de Semarnat atribuye 0.62% del total de emisiones a la fermentación entérica de los cerdos. Junto a biodigestores anaeróbicos, lagunas de estabilización y oxidación, filtros de tambor y tanques de desinfección, el planteamiento expuesto en el foro señala la necesidad de desarrollar tecnologías que reduzcan el riesgo de los efluentes para el acuífero yucateco, vulnerable por la naturaleza kárstica del terreno.

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