El Festival Internacional de Cine de Venecia inaugurará este miércoles su edición número 83 con una combinación que define su lugar en el calendario cinematográfico: grandes estrellas, estrenos de alto perfil y una creciente influencia en la carrera hacia los Oscar. El certamen se prolongará hasta el sábado 12 de septiembre, cuando el jurado anunciará el León de Oro y el resto de los premios oficiales.
George Clooney, Penélope Cruz, Javier Bardem, Robert Pattinson, Rooney y Kate Mara, Sam Rockwell, John Malkovich, Pamela Anderson y Ellen Burstyn figuran entre las personalidades esperadas en el Lido. Clooney y Burstyn recibirán reconocimientos por su trayectoria, mientras el actor estadounidense también participa como productor de Furies. La concentración de intérpretes y cineastas confirma la capacidad de Venecia para convertir una presentación cinematográfica en un acontecimiento global de prensa y promoción.
Una apertura centrada en el poder de la prensa
La película inaugural será Ink, dirigida por Danny Boyle y basada en la obra teatral sobre los primeros años de Rupert Murdoch y la adquisición del diario británico The Sun. Guy Pearce interpreta al magnate de los medios, acompañado por Jack O’Connell y Claire Foy. La elección sitúa desde el comienzo uno de los ejes recurrentes de esta edición: la relación entre poder político, medios de comunicación y responsabilidad pública.
El festival nació en 1932 por iniciativa de la Bienal de Venecia, inicialmente como una muestra no competitiva. En sus primeras ediciones presentó películas como Grand Hotel y Sucedió una noche. En 1935 pasó a celebrarse anualmente, pero las sospechas de que el certamen estaba sometido a influencias fascistas contribuyeron a impulsar la creación del Festival de Cannes como alternativa después de la edición de 1938. El León de Oro, en su forma actual, fue instaurado en 1949.

Desde entonces, el principal premio del festival ha distinguido obras tan diversas como Rashomon, Belle de jour, Au revoir les enfants, Brokeback Mountain, Somewhere y Poor Things. El año pasado, el León de Oro fue para Father Mother Sister Brother, una continuidad que refuerza la reputación de Venecia como espacio para descubrir películas destinadas a tener una larga temporada de premios.
Los estrenos que concentran la atención
Entre las películas más esperadas está Wild Horse Nine, una comedia negra de Martin McDonagh protagonizada por Rockwell y Malkovich como dos agentes de la CIA en el contexto previo al golpe de Estado chileno de 1973. Las anteriores obras del director, The Banshees of Inisherin y Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, se estrenaron en Venecia y acabaron nominadas al Oscar a mejor película, un antecedente que eleva las expectativas sobre su nuevo trabajo.
Robert Pattinson interpreta a Chris Hansen, presentador del programa To Catch a Predator, en Primetime, de Lance Oppenheim. La película se inspira en un artículo publicado por Esquire en 2007 y escrito por Ajon Singh. Hansen no participó en la producción. También competirán Bunker, drama psicológico de Florian Zeller con Cruz y Bardem; Bucking Fastard, de Werner Herzog, donde las hermanas Mara interpretan a gemelas, y Possible Love, el primer largometraje de Lee Chang-dong en ocho años.
La programación documental incorpora Musk, una investigación de casi cuatro horas de Alex Gibney sobre Elon Musk, y My Undesirable Friends: Part II — Exile, continuación del trabajo de Julia Loktev sobre periodistas rusos independientes. El programa se completa con Oasis: Don’t Look Back in Anger, que sigue a Noel y Liam Gallagher durante su gira de reunión de 2025.
La política entra en la competencia oficial
La inclusión de DAU, de Ilya Khrzhanovsky, ha provocado una de las principales controversias. Inspirada en físicos soviéticos que trabajaron en la bomba atómica, la película fue cuestionada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania, el Ministerio de Cultura y la Embajada ucraniana en Italia. Las instituciones la describieron como un proyecto relacionado con el Estado ruso y sus redes de influencia.
El director del festival, Alberto Barbera, defendió la selección y sostuvo que la obra no es una película rusa ni propaganda favorable a Vladímir Putin, sino una denuncia de los regímenes totalitarios y de su interferencia en la libertad individual. Khrzhanovsky, que renunció a la ciudadanía rusa y posee nacionalidades alemana, británica e israelí, afirmó que siempre se ha opuesto a la guerra de Rusia contra Ucrania. También pidió que la película no sea juzgada a partir de asociaciones que, según él, contradicen la historia documentada del proyecto.
El debate se suma a las tensiones geopolíticas visibles este año en la Bienal de Venecia de arte contemporáneo. Además, el colectivo Venice4Palestine solicitó suspender acuerdos con entidades vinculadas al Gobierno israelí y pidió que la bandera palestina ondeara durante todo el festival. La selección oficial incluye dos películas palestinas: Al Mowaten Osama, de Ahmed Hassouna, y Hiwar ma’ albahr, de Muayad Alayan.
Una asignatura pendiente en la representación
La composición de la competencia principal también ha generado críticas. De las 21 películas que aspiran al León de Oro, solo una está dirigida por una mujer: Mujer desconocida, de May el-Toukhy. En 2018, cuando ocurrió una situación similar, el festival se comprometió a que al menos la mitad de las obras en competencia fueran dirigidas por mujeres para 2020. Ese objetivo todavía no se ha alcanzado, lo que vuelve a poner en cuestión la distancia entre los compromisos institucionales y las decisiones de programación.
La actriz y cineasta Maggie Gyllenhaal presidirá el jurado, integrado también por la directora tunecina Kaouther Ben Hania, el compositor británico Daniel Blumberg, el cineasta francés Xavier Giannoli, la directora afgana Shahrbanoo Sadat y el realizador hongkonés Johnnie To. El resultado de sus deliberaciones se conocerá el 12 de septiembre.
El Lido, escenario de una industria en movimiento
Aunque el nombre del festival suele asociarse con el Puente de Rialto y la plaza de San Marcos, las proyecciones y las alfombras rojas se concentran en el Lido, una isla barrera de casi 11 kilómetros a la que se llega en unos 20 minutos en ferry o vaporetto. Antiguo puesto militar, el Lido se transformó a finales del siglo XIX en un balneario frecuentado por la aristocracia europea y quedó inmortalizado en Muerte en Venecia, de Thomas Mann, y en la película homónima de Luchino Visconti.
La logística de la isla forma parte del espectáculo: las celebridades suelen llegar en taxis acuáticos privados y, para los trayectos finales, en vehículos del patrocinador automovilístico. A diferencia del centro histórico de Venecia, en el Lido circulan coches y autobuses, aunque muchos asistentes prefieren desplazarse en bicicleta. Esa mezcla de aislamiento, movilidad y exposición mediática ayuda a explicar por qué Venecia funciona simultáneamente como festival artístico, plataforma industrial y escaparate para la temporada de premios.
Alberto Barbera sitúa el punto de consolidación de esa influencia en 2013, con el estreno de Gravity, que ganó siete Oscar meses después. Desde 2014, cuatro películas vencedoras del Oscar a mejor película —Birdman, Spotlight, The Shape of Water y Nomadland— pasaron por Venecia. Con una programación marcada por estrellas, títulos ambiciosos y disputas políticas, la edición 83 buscará mantener ese peso internacional sin eludir las discusiones sobre representación y legitimidad cultural que acompañan al cine contemporáneo.
