La vacuna personalizada de ARN mensajero desarrollada por Moderna y Merck obtuvo resultados positivos en un ensayo a gran escala contra el melanoma, al reducir la tasa de recurrencia de las células cancerosas. El avance abre una expectativa relevante para pacientes que ya han sido operados, pero no equivale a una vacuna preventiva ni resuelve todavía la pregunta más importante a largo plazo: si quienes reciben el tratamiento vivirán más tiempo.

El melanoma es uno de los cánceres de piel más agresivos. Se origina en los melanocitos, las células que producen melanina, el pigmento que da color a la piel. En este contexto, el objetivo de la vacuna no es impedir que una persona desarrolle cáncer, sino ayudar al sistema inmunológico a reconocer señales específicas del tumor cuando la enfermedad ya está presente y, en determinados casos, disminuir la posibilidad de que reaparezca después de una intervención.
Instrucciones para identificar al tumor
La tecnología utilizada es la del ARN mensajero, conocida masivamente durante la pandemia por las vacunas contra el COVID-19. El ARN es un ácido ribonucleico presente en las células vivas y con similitudes estructurales con el ADN. En los medicamentos de ARNm fabricados en laboratorio, las instrucciones ingresan al organismo para que algunas células produzcan temporalmente una proteína determinada. El sistema inmunológico reconoce esa proteína y desarrolla una respuesta para atacarla.
En el caso del cáncer, esas instrucciones se orientan a fragmentos de proteínas mutadas que producen las células tumorales. La finalidad es que las defensas identifiquen rasgos asociados al tumor y actúen contra ellos. Este mecanismo la diferencia de la quimioterapia, que ataca células de división rápida; de los tratamientos dirigidos, que bloquean proteínas que favorecen el crecimiento canceroso; y de la inmunoterapia, que busca desactivar mecanismos usados por las células malignas para evadir la respuesta inmunológica.
Una dosis diseñada para cada caso
La principal diferencia con las vacunas de ARNm contra el COVID-19 es que no se prevé una fórmula universal para todos los tipos de cáncer. Cada tumor puede tener mutaciones distintas, por lo que el desarrollo requiere analizar muestras del paciente para seleccionar aquellas alteraciones con mayor probabilidad de provocar una respuesta inmunológica. Moderna y Merck plantean que su vacuna puede incluir instrucciones vinculadas con hasta 34 mutaciones en cada dosis.
Jane Healy, directora de desarrollo oncológico temprano de Merck, señaló que esa cantidad representa un número alto de oportunidades para atacar características del tumor y podría abarcar una porción suficiente del espectro del cáncer. Aun así, la viabilidad práctica de aplicar tratamientos personalizados a gran escala sigue sin estar definida. El resultado divulgado corresponde a un ensayo experimental en curso y aún deben conocerse la magnitud precisa del beneficio y sus efectos en la supervivencia de los pacientes.
Otros tumores en investigación
Además del melanoma, Moderna y Merck estudian aplicaciones contra cáncer de pulmón, tumores de vejiga y cáncer de riñón. Otras compañías también trabajan con la misma plataforma: BioNTech y Roche desarrollan una vacuna de ARNm para cáncer de páncreas y de colon, mientras BioNTech investiga por separado tratamientos para cáncer de pulmón avanzado y tumores de cabeza y cuello. El anuncio impulsó el interés científico y financiero: las acciones de Moderna subieron 177 por ciento cuando se comunicaron los resultados relacionados con cáncer.
La tecnología también mantiene resistencia entre sectores que cuestionan la rapidez con que se desarrollaron las vacunas contra el COVID-19. Entre las figuras que han expresado dudas sobre el ARNm está el secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr. Moderna y Merck no han anunciado una fecha para la disponibilidad comercial de su vacuna contra el cáncer, debido a que los ensayos todavía continúan.
