Donald Trump elogió la credencial para votar del Instituto Nacional Electoral (INE) como ejemplo de control de identidad y rapidez en el cómputo electoral. En Truth Social, afirmó que México exige una identificación con fotografía, huella dactilar y dispositivos de seguridad para sufragar presencialmente, y destacó que los resultados se conocen la misma noche de la elección.
El mensaje forma parte de su crítica al sistema estadounidense, donde el voto por correo tiene una presencia amplia. Trump también citó a Brasil por el uso de identificación biométrica y la pronta difusión de resultados. Su argumento busca asociar la certeza electoral con verificaciones físicas y procedimientos presenciales.

Una comparación incompleta
La principal imprecisión de Trump es sostener que México no permite el voto masivo por correo. La legislación mexicana sí contempla el sufragio postal para ciudadanos residentes en el extranjero, junto con otras modalidades habilitadas para esa población. No se trata de un mecanismo equivalente al uso interno y extendido del correo en varios estados de Estados Unidos, pero su existencia contradice la afirmación absoluta del presidente.
La credencial del INE, por su parte, incorpora 25 elementos de seguridad y códigos QR verificables mediante aplicaciones móviles, herramientas orientadas a dificultar la falsificación y validar la identidad. Sin embargo, esa fortaleza documental no basta por sí sola para explicar la integridad de una elección: también intervienen el padrón, la vigilancia partidista, la logística de casillas y los mecanismos de impugnación.
La comparación revela una tensión política más que un diagnóstico técnico. Mientras Trump cuestiona el voto postal estadounidense, su administración ha pedido a la Corte Suprema autorización para aplicar reglas más estrictas sobre esa modalidad a través del Servicio Postal. Actualmente, 37 estados y Washington D.C. permiten votar por correo sin restricciones, mientras otros 13 lo autorizan bajo condiciones específicas. El caso mexicano sirve así como referencia retórica, aunque con una omisión relevante sobre su marco electoral.
