Rusia anunció este domingo que prepara “masivos ataques” contra instalaciones del sector energético de Ucrania, mientras Kiev informó que la cifra de muertos por un ataque ruso contra un depósito militar cerca de la capital ascendió a 38. El anuncio ruso se produjo después de que Ucrania atacara durante la noche una zona industrial de Kirishi, en la región rusa de Leningrado, donde se encuentra la mayor refinería de la Rusia europea.
El gobernador regional, Alexandr Drozdenko, afirmó que las defensas rusas derribaron 62 drones sobre la zona. Según su relato, varios edificios residenciales sufrieron daños durante la operación para repeler el ataque y se declaró un incendio en el área industrial de Kirishi, que posteriormente fue extinguido. Drozdenko no identificó el objetivo alcanzado ni detalló los daños en instalaciones industriales.

El canal independiente ruso Astra, citado por testigos locales, sostuvo que el blanco fue la refinería Kirishinefteorgsintez. Esa versión también fue difundida por el canal ucraniano Exilenova+, pero no había sido confirmada oficialmente. La planta ya había sido atacada con anterioridad y tuvo que suspender temporalmente sus operaciones en mayo.
La importancia de Kirishi está ligada a su capacidad de procesamiento y a su papel en el abastecimiento regional. En 2024 procesó 17,5 millones de toneladas de crudo, equivalentes a unos 350.000 barriles diarios y al 6,6% de la capacidad total de refinación rusa, según datos de analistas energéticos. Solo la refinería de Omsk la supera en tamaño dentro del país, y Kirishi concentra una parte relevante de los combustibles destinados al norte y noroeste de Rusia.
Una paralización prolongada de la instalación podría aumentar la presión sobre la oferta interna de combustible, que ya afrontaba un desajuste antes del ataque. La producción rusa de nafta rondaba las 80.000 toneladas diarias frente a una demanda estimada en 115.000 toneladas. Incluso con importaciones, la disponibilidad cubría aproximadamente el 85% de la demanda interna, según los datos citados en la información original.
Durante la misma noche, el Ministerio de Defensa ruso dijo haber derribado 494 drones ucranianos de ala fija sobre 14 regiones, Crimea —anexionada por Rusia— y los mares Negro y Azov. Moscú vinculó su posterior anuncio de ataques contra la infraestructura energética ucraniana con los ataques continuados que atribuye a Kiev contra infraestructuras civiles y el complejo petrolero y energético ruso.
Rusia ya había intensificado durante el último invierno boreal los bombardeos sobre centrales ucranianas, con daños severos en el sistema eléctrico del país. En los últimos meses, ambos bandos han aumentado los ataques de largo alcance contra infraestructuras como almacenes, comercios, instalaciones petroleras, puertos y embarcaciones, en una escalada que causa regularmente víctimas civiles.
En Ucrania, el presidente Volodímir Zelensky informó que el ataque ruso de la víspera contra un depósito de municiones en las afueras de Kiev dejó 38 muertos, 20 heridos y cuatro desaparecidos. El impacto en la localidad de Mila provocó una gran explosión, incendios y detonaciones secundarias. Los servicios de emergencia apagaron la mayor parte de los focos, mientras equipos especializados trabajaban para despejar el área; Zelensky advirtió que la contaminación en la zona era significativa.
Fue el segundo ataque contra un depósito de municiones cerca de Kiev en menos de dos meses. Funcionarios ucranianos cuestionaron que se mantengan armas tan cerca de áreas residenciales, y la fiscalía abrió una investigación por presunta negligencia criminal. Los esfuerzos diplomáticos liderados por Estados Unidos siguen estancados, mientras Rusia mantiene exigencias territoriales y políticas que Kiev rechaza por considerarlas una capitulación.
