El cantante colombiano Ryan Castro aparece en la portada de Vogue Hombre con un mensaje claro: su trayectoria musical no se reduce a Medellín. En la entrevista publicada el 26 de junio de 2026, Castro detalla cómo su paso por Curazao y su exposición a la cultura caribeña moldearon tanto su sonido como su identidad artística.

Castro describe tres etapas definidas. La primera transcurrió en los buses de Colombia y en batallas de freestyle inspiradas por películas de 50 Cent y Eminem. La segunda ocurrió durante su residencia en Curazao, donde el contacto diario con reggae, rastafaris y ritmos como kizomba y afro amplió su formación. La tercera etapa corresponde a su debut profesional con el álbum El Cantante Del Ghetto, que superó los 30 millones de reproducciones y consolidó su presencia en la música urbana latina.
Autenticidad frente a tendencias
El artista enfatiza que su catálogo mantiene una coherencia poco común en la industria actual. Rechaza seguir modas pasajeras y opta por colaboraciones que responden a afinidades personales más que a cálculos comerciales. Entre sus socios figuran Major Lazer, Shaggy, Peso Pluma, Manuel Turizo, Arcángel y Ñengo Flow, pero también artistas caribeños menos visibles como Dongo y Konshens. Esta diversidad de nombres refleja una estrategia deliberada: priorizar la vibra cultural sobre la relevancia inmediata.
Sende y la recuperación de la memoria isleña
Los proyectos Sende y Hopi Sende marcan el momento más reciente de su carrera. Castro decidió contar su historia completa a través de la música para que el público entendiera que su conexión con ritmos caribeños no es una elección estética, sino una experiencia vivida. El álbum incluye referencias a dancehall, merengue y reggae old school, y precede a la gira Sende The Last Dance, que recorrerá Estados Unidos en septiembre y cerrará esa etapa.
Del himno futbolero a la colaboración con Balvin
Castro también compuso El Ritmo Que Nos Une, himno de la Selección Colombia para la Copa América 2024. La pieza, creada en una sola semana junto a SOG, cobró nueva vida durante el Mundial y demostró su capacidad para conectar con el público masivo sin renunciar a su código personal. En paralelo, el disco Omerta con J Balvin representa otro hito: un trabajo colaborativo con un artista al que admira desde la infancia y que hoy considera un hermano. El proyecto incluyó decisiones conjuntas sobre concepto, vestuario y sonido.
Más allá de la música: Ghetto Med y la escucha activa
Fuera del estudio, Castro lanzó Ghetto Med, una línea de ropa inspirada en Medellín que ha alcanzado el mismo nivel de impacto que sus canciones. Su curiosidad musical sigue activa: escucha Ana Gabriel, Rocío Dúrcal, Vicente Fernández, música colombiana de diciembre, pistas instrumentales y ritmos nigerianos. Esta apertura constante le permite refrescar su oído y evitar la repetición.
La trayectoria de Castro ilustra cómo un artista puede transitar entre el mainstream y sus raíces sin sacrificar ninguna de las dos dimensiones. Su capacidad para integrar influencias caribeñas, hip-hop y géneros tradicionales en un mismo discurso musical ofrece un modelo de autenticidad en una industria que suele premiar la homogeneidad. La entrevista en Vogue confirma que Castro continúa definiendo su siguiente capítulo con la misma paciencia y coherencia que han marcado las etapas previas.
