Panamá acumuló 5.298 casos de malaria hasta la semana epidemiológica 34 de 2026, una cifra inferior a los 7.758 contagios registrados en el mismo período de 2025 y a los 10.663 de 2024. Aunque la tendencia confirma una reducción relevante, el Ministerio de Salud mantiene la enfermedad entre sus principales desafíos debido a la persistencia de focos de transmisión en comunidades indígenas y zonas rurales de difícil acceso.
Ante este escenario, el Ministerio de Salud y la Clinton Health Access Initiative (CHAI) firmaron un nuevo Memorándum de Entendimiento para mejorar el análisis de la información epidemiológica. El objetivo es identificar con mayor precisión dónde se concentran los contagios y orientar los recursos hacia la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y el control vectorial.

Datos para intervenir donde persiste la transmisión
El acuerdo busca reforzar sistemas de vigilancia interoperables y con mayor capacidad de respuesta. La cooperación, que se extiende desde hace más de una década, incorpora asistencia técnica, innovación y herramientas para convertir los datos sanitarios en decisiones operativas. Para Panamá, esa capacidad es especialmente importante porque cerca del 90% de los casos registrados durante la última década se concentraron en comunidades indígenas, donde la distancia, la pobreza y la movilidad interna dificultan el acceso oportuno a los servicios médicos.
La malaria volvió a aumentar en el país desde 2015, alcanzó un máximo histórico en 2022 y registró nuevos repuntes en 2023 y 2024. El descenso observado en 2026 representa una señal favorable, pero no elimina los riesgos: la circulación predominante de Plasmodium vivax, la existencia de focos resistentes a la cloroquina y los efectos del cambio climático pueden complicar el control. Por ello, las autoridades sostienen que la reducción de casos debe consolidarse con detección temprana, tratamiento oportuno y presencia sanitaria continua en los territorios más afectados.
