El estrecho de Ormuz volvió a situarse en el centro de la confrontación entre Estados Unidos e Irán después de una nueva secuencia de ataques militares y de la persistencia de restricciones al tráfico marítimo. El episodio constituye el primer enfrentamiento directo entre fuerzas de ambos países desde finales de julio y confirma que el corredor energético se ha transformado en uno de los principales instrumentos de presión de Teherán durante la guerra iniciada el 28 de febrero.
Un paso estratégico bajo control parcial
Antes del conflicto, por Ormuz transitaban cerca de 20 millones de barriles de petróleo al día, alrededor de una quinta parte del suministro mundial. Irán ha restringido buena parte de ese movimiento y exige autorización a los buques que intentan atravesar la zona. Aunque el paso no permanece completamente cerrado, la combinación de controles, amenazas militares y ataques contra embarcaciones ha reducido drásticamente la circulación y ha elevado los costos de transporte, seguros y seguridad.
Los datos disponibles muestran la magnitud del deterioro. TankerTrackers calcula que durante la última semana cruzaron el estrecho unos 4,2 millones de barriles diarios, apenas una fracción del volumen registrado antes de la guerra. La diferencia no solo afecta a los mercados petroleros: también obliga a las compañías navieras a modificar rutas, operar con mayores precauciones y asumir tiempos de tránsito más prolongados.

La apuesta iraní va más allá del conflicto
La estrategia de Teherán no parece limitarse a utilizar Ormuz como mecanismo temporal de bloqueo. Entre sus objetivos estaría conservar una posición dominante sobre el estrecho incluso después de que terminen las hostilidades. Esa influencia podría traducirse en el cobro de tasas a las embarcaciones por servicios vinculados con la navegación, la seguridad o la protección ambiental.
El planteamiento tiene una dimensión económica y otra política. En términos económicos, un mayor control permitiría a Irán obtener ingresos y condicionar el flujo de hidrocarburos. En el plano político, convertiría la seguridad del estrecho en una materia de negociación permanente con Estados Unidos y con los países dependientes de las exportaciones energéticas del Golfo. Sin embargo, cualquier intento de institucionalizar ese control enfrentaría una fuerte oposición internacional, especialmente porque Ormuz es considerado una ruta marítima esencial para el comercio global.
Washington reabre una ruta de forma limitada
Estados Unidos ha respondido intentando mantener un corredor marítimo reducido y protegido. En las últimas semanas habría habilitado parcialmente una ruta ubicada en la zona sur del estrecho, próxima a Omán, con el propósito de recuperar parte del movimiento de los petroleros sin exponerse de manera directa a las áreas más vigiladas por Irán.
El analista de Crisis Group Hamidreza Azizi señaló que la operación combina el uso de buques tanque pequeños, navegación nocturna y trasvases de carga entre embarcaciones. Algunas unidades habrían apagado sus transpondedores para dificultar su localización, una práctica que puede reducir la exposición frente al bloqueo, pero que al mismo tiempo complica la identificación de los barcos y aumenta los riesgos de colisión, error operativo o incidente militar.
La fórmula permite recuperar una parte del tráfico, pero no restablece la normalidad. El volumen actual continúa muy por debajo de los niveles anteriores a la guerra y depende de una cadena logística improvisada, vulnerable a cualquier ataque, fallo de coordinación o cambio en las reglas impuestas por las partes.
Los ataques elevan el riesgo de una escalada
La tensión aumentó durante la madrugada del martes, cuando Washington afirmó haber atacado la isla de Larak. Según la versión estadounidense, Irán se preparaba allí para lanzar cohetes con minas marinas contra el estrecho. La operación dejó dos personas muertas y se produjo después de que Estados Unidos anunciara el desminado del paso marítimo.
Posteriormente, Irán lanzó ataques contra bases estadounidenses en Jordania y Emiratos Árabes Unidos, aunque, de acuerdo con la información disponible, no habría provocado daños. La secuencia muestra que cualquier intento de asegurar la navegación en Ormuz puede desencadenar represalias fuera del estrecho y ampliar el escenario de enfrentamiento hacia otros puntos de Oriente Medio.
Para Azizi, el intercambio sugiere que Washington considera haber recuperado parte de la iniciativa, mientras Teherán intenta impedir que el corredor protegido por Estados Unidos se consolide. Gregory Brew, analista de Eurasia Group, advierte que esta dinámica podría repetirse mientras continúe la guerra: Estados Unidos trataría de sostener el tránsito petrolero, Irán buscaría interrumpirlo y ambos responderían con nuevas acciones militares.
Las navieras afrontan una amenaza difícil de calcular
La incertidumbre también se refleja en los incidentes contra buques comerciales. El lunes, un petrolero fue alcanzado por tres proyectiles cuando intentaba abandonar Ormuz, según la Organización de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido. En las últimas semanas se han registrado otros episodios cuyos responsables aún no han sido identificados.
La falta de atribución clara dificulta que las empresas calculen el riesgo y adopten una respuesta uniforme. Un ataque confirmado puede generar una reacción militar concreta; un incidente ambiguo, en cambio, obliga a las compañías a tomar decisiones con información incompleta. Por ello, algunas pueden suspender operaciones, elevar primas de seguro o contratar escoltas, mientras otras optan por rutas alternativas más costosas.
El problema central es que la recuperación parcial del tráfico no equivale a una reapertura estable. Mientras Irán conserve capacidad para amenazar el paso y Estados Unidos mantenga operaciones de protección, Ormuz seguirá funcionando como un espacio de competencia militar, económica y diplomática. Cada petrolero que logra cruzar representa una señal de capacidad operativa para Washington; cada interrupción o ataque, una demostración de influencia para Teherán.
