Bertha Rosario Mejía Acosta falleció el 30 de junio a las 3 de la madrugada en la Clínica del Cesar, Valledupar, a causa de una neumonía. Su muerte cierra un capítulo esencial en la historia personal de Diomedes Díaz y en el origen del vallenato contemporáneo.

La relación, iniciada en La Junta durante los años setenta, marcó al cantante cuando apenas empezaba su carrera. De esa unión nació Rosa Elvira, su primogénita, y surgieron las primeras composiciones que definieron su voz poética. Dos de ellas, “Cariñito de mi vida” y “El Aguinaldo”, se convirtieron en himnos del género y siguen interpretándose décadas después.
Influencia más allá de lo personal
La figura de Mejía no se limitó al ámbito doméstico. Su historia inspiró guiones de la bioserie televisiva y mantiene vivo el interés por los inicios del artista en redes y festivales. El hecho de que fuera prima de Patricia Acosta, otra mujer clave en la vida de Díaz, revela cómo los lazos familiares tejieron buena parte de su narrativa biográfica.
Un duelo que trasciende
El sepelio se realizará en La Junta. Más que un dato biográfico, la desaparición de Mejía recuerda que las musas del vallenato fueron mujeres reales cuyas vidas condicionaron el repertorio que hoy define la identidad musical de la región Caribe. Su legado persiste en cada acorde que evoca aquellos primeros años de Diomedes Díaz.
