El 15 de junio de 2026, Oliver Lloyd, un joven británico de 19 años procedente de Telford, Shropshire, vivió una experiencia inusual durante su visita al templo de Uluwatu en Bali, Indonesia. Un macaco de cola larga le arrebató el teléfono directamente de la mano mientras se encontraba en la zona del acantilado. El incidente, que quedó registrado en redes sociales, ilustra la creciente interacción entre primates salvajes y turistas en uno de los destinos más visitados del sudeste asiático.
Lloyd relató que el animal actuó con rapidez y precisión, un comportamiento habitual en los macacos que habitan el entorno del templo. Estos primates han aprendido a identificar objetos portátiles como posibles fuentes de alimento o entretenimiento, lo que genera situaciones frecuentes de robo entre los visitantes.
Recuperación del dispositivo
Tras más de una hora de búsqueda, el turista logró recuperar su teléfono gracias a la aplicación Life360, que permitió rastrear la ubicación del equipo, y con la asistencia de los guardias del templo. Al revisar el contenido, descubrió que el macaco había activado la cámara y grabado un breve video, además de tomar varias selfies. Las imágenes muestran al animal manipulando el dispositivo con destreza, un hecho que rápidamente se viralizó en plataformas como X.

Este tipo de episodios no son aislados. Los macacos de Uluwatu han desarrollado estrategias para obtener comida de los turistas, y los teléfonos móviles representan un nuevo objeto de interés. Los guardias del templo recomiendan guardar los dispositivos en bolsos cerrados y evitar exhibirlos abiertamente cerca de las zonas donde los primates se congregan.
Contexto del templo de Uluwatu
El templo de Uluwatu, construido en el siglo XI sobre un acantilado que domina el océano Índico, atrae diariamente a miles de visitantes. Su ubicación y la presencia de una colonia estable de macacos de cola larga lo convierten en un punto de interés tanto cultural como ecológico. Sin embargo, la cercanía entre humanos y animales genera tensiones que las autoridades locales intentan gestionar mediante normas de conducta y presencia de personal de seguridad.
Estudios sobre primates en zonas turísticas indican que la exposición constante a personas modifica sus patrones de comportamiento. En Bali, los macacos han pasado de buscar alimento en la vegetación a depender en parte de lo que obtienen de los turistas. Esta dependencia aumenta el riesgo de incidentes como el vivido por Lloyd y plantea preguntas sobre la sostenibilidad del modelo de turismo que combina patrimonio religioso con observación de fauna.
Repercusiones para el turismo
El caso de Oliver Lloyd ha circulado ampliamente en medios internacionales y redes sociales, lo que podría influir en la percepción de seguridad entre futuros visitantes. Bali registró más de 6 millones de turistas extranjeros en 2025, y las autoridades promueven la isla como destino seguro y accesible. Incidentes como este, aunque generalmente sin consecuencias graves, ponen de relieve la necesidad de mejorar las medidas de prevención.
Especialistas en conservación recomiendan campañas de información más claras en los accesos al templo y la instalación de contenedores de comida para reducir la atracción de los macacos hacia los visitantes. Al mismo tiempo, destacan que los primates forman parte integral del ecosistema y del atractivo cultural del lugar, por lo que cualquier solución debe equilibrar la protección de los animales con la seguridad de las personas.
Lloyd concluyó su visita sin mayores contratiempos y recuperó su teléfono intacto. El episodio, más allá de su carácter anecdótico, refleja los desafíos que enfrentan los destinos que combinan atracciones naturales con alta densidad turística. La convivencia entre humanos y primates en Uluwatu seguirá requiriendo ajustes constantes para minimizar riesgos sin sacrificar la experiencia que atrae a millones de viajeros cada año.
