Una acusación política basada en un informe
El Gobierno de la Comunidad de Madrid ha señalado a Marruecos como actor decisivo en la entrada masiva de migrantes registrada en Ceuta los días 30 y 31 de julio, coincidiendo con la celebración de la ciudad autónoma. El consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local, Miguel Ángel García Martín, calificó los hechos de “invasión organizada” y atribuyó la operación a una supuesta complicidad de las autoridades marroquíes y a la falta de respuesta del Ejecutivo de Pedro Sánchez.
Las declaraciones se produjeron después de conocerse un informe que atribuiría a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad marroquíes la llegada masiva de migrantes. El documento, según la información difundida, refuerza la hipótesis de una actuación coordinada, pero no se detallaron públicamente sus conclusiones completas ni las pruebas que permitirían establecer responsabilidades definitivas. Esa diferencia resulta clave: Madrid presenta el episodio como una operación organizada, mientras que la atribución formal de responsabilidades corresponde a las autoridades competentes.

Impacto y disputa institucional
García Martín sostuvo que, 34 días después de los sucesos, Ceuta continúa sumida en el caos y cuestionó qué información tendría Rabat para mantener “maniatado” al Gobierno español. También acusó a Sánchez de abandonar a la ciudad y criticó las imágenes del presidente de vacaciones durante la crisis fronteriza. El Ejecutivo madrileño e Isabel Díaz Ayuso participarán en una manifestación de apoyo a Ceuta, mientras la Comunidad iluminará la Real Casa de Correos con los colores de su bandera.
La denuncia política se apoya además en el impacto posterior atribuido a la crisis: más de 200 inmigrantes irregulares detenidos por delitos, 23 agresiones sexuales y cinco ataques contra agentes, guardias civiles y militares. La Cámara de Comercio cifra asimismo en más de un 50% la caída de la actividad comercial y hostelera y en un 90% el desplome del turismo. Estos datos elevan la presión sobre el Gobierno central, aunque el debate sigue marcado por acusaciones partidistas y por la necesidad de verificar de forma independiente tanto el origen de la entrada masiva como sus consecuencias.
