La posible llegada de Alternativa para Alemania (AfD) al Gobierno de Sajonia-Anhalt es percibida por una mayoría de los ciudadanos como una amenaza para la democracia. Una encuesta del instituto Ipsos, encargada por la revista Der Spiegel, revela que el 41 % de los consultados está plenamente de acuerdo con esa afirmación y otro 12 % se muestra parcialmente de acuerdo.
El resultado adquiere especial relevancia porque los sondeos de intención de voto anticipan una victoria clara de la formación ultraderechista en las elecciones regionales de este domingo. AfD tendría incluso posibilidades de alcanzar la mayoría absoluta de los escaños, un escenario que le permitiría intentar formar por primera vez un Gobierno regional en Alemania.
Una mayoría social identifica un riesgo democrático
La percepción de amenaza no es, sin embargo, compartida por todo el país. El 21 % de los encuestados rechaza completamente la idea de que un Ejecutivo regional de AfD constituiría un peligro para la democracia alemana, mientras que un 13 % lo hace parcialmente. La distancia entre quienes ven un riesgo y quienes no lo ven es amplia, aunque también deja constancia de una sociedad dividida ante el eventual salto de la extrema derecha al poder institucional.
La formulación de la pregunta resulta significativa: no se consulta únicamente por la conveniencia de votar a AfD, sino por las consecuencias democráticas de que la formación controle un Gobierno regional. Esto desplaza el debate desde las preferencias partidistas hacia la capacidad de las instituciones para preservar los contrapesos, los derechos fundamentales y la convivencia política cuando una fuerza considerada extremista obtiene una mayoría suficiente para gobernar.

La fractura territorial pesa más que la diferencia de género
Los datos muestran que la principal línea de división se encuentra entre el este y el oeste de Alemania. En los estados occidentales, el 45 % considera que un Gobierno de AfD en Sajonia-Anhalt sería peligroso para la democracia, frente a un 19 % que rechaza esa valoración. En el este, en cambio, solo el 28 % comparte la advertencia, mientras que el 29 % no la comparte. La diferencia no es un detalle estadístico: refleja dos marcos políticos y sociales distintos para interpretar el ascenso de la formación.
En el oeste, la memoria del consenso democrático construido después de la Segunda Guerra Mundial y una mayor distancia respecto a las transformaciones económicas y sociales sufridas por la antigua Alemania Oriental pueden influir en la lectura del fenómeno. En el este, el descontento con los partidos tradicionales, la percepción de desigualdad frente a las regiones occidentales y la desconfianza hacia las instituciones federales han creado un terreno más receptivo para los mensajes de protesta de AfD.
Las diferencias entre hombres y mujeres son más moderadas. El 44 % de las mujeres está plenamente de acuerdo con que un Gobierno de AfD representaría una amenaza democrática, frente al 38 % de los hombres. La brecha existe, pero queda claramente por debajo de la divergencia territorial, lo que apunta a que la ubicación geográfica y la experiencia política acumulada pesan más que el género en la formación de estas opiniones.
El posible salto de la oposición al Gobierno
AfD ya cuenta con una presencia relevante en varios parlamentos regionales, pero hasta ahora no ha dirigido un Ejecutivo de un estado federado. La mayoría absoluta en Sajonia-Anhalt modificaría ese límite político y simbólico. No se trataría solo de aumentar el número de diputados, sino de asumir el control de la administración regional, definir prioridades presupuestarias y participar directamente en la aplicación de políticas públicas.
Ese escenario también pondría a prueba la estrategia de los demás partidos. En Alemania, las formaciones tradicionales han mantenido el llamado cordón sanitario frente a AfD y han rechazado, al menos formalmente, depender de sus votos para gobernar. Si la ultraderecha obtiene una mayoría propia, la cuestión de los pactos perdería importancia inmediata, pero crecería la preocupación por el uso que haría del poder y por la normalización de posiciones hasta ahora situadas fuera del centro del sistema político.
Una elección regional con efectos nacionales
La encuesta no predice por sí misma el resultado electoral ni demuestra que un Gobierno de AfD vaya a deteriorar automáticamente la democracia. Mide, sobre todo, el nivel de alarma y de aceptación que despierta esa posibilidad entre los ciudadanos. Aun así, sus cifras ayudan a explicar por qué los comicios de Sajonia-Anhalt son observados más allá de las fronteras del estado.
Si AfD logra la mayoría absoluta, sus adversarios deberán responder a una pregunta que ya no podrá aplazarse: cómo contener electoralmente a una fuerza que combina el rechazo a las élites políticas, el malestar territorial y un discurso nacionalista con una capacidad creciente para atraer votos. Si no la alcanza, el sistema de alianzas y la negativa de los demás partidos a cooperar con ella seguirán siendo determinantes. En ambos casos, la elección servirá como una medida de la profundidad de la fractura política alemana y de la resistencia de sus instituciones ante el avance de la extrema derecha.
