Las cocinas inteligentes incorporan electrodomésticos capaces de automatizar tareas, ajustar funciones y conectarse a internet. Licuadoras, refrigeradores y estufas evolucionaron desde herramientas manuales y sistemas basados en fuego hasta equipos que pueden pesar ingredientes, sugerir recetas, regular temperaturas y enviar alertas al teléfono.
Las licuadoras actuales ofrecen distintas velocidades, sistemas de cuchillas y programas automáticos. Algunos modelos incluyen una báscula en el vaso para medir los ingredientes y ajustar las cantidades según la receta. Estos aparatos tienen como antecedentes el metate, el molcajete, los morteros y los molinos manuales. En 1922, Stephen J. Poplawski patentó un mezclador de bebidas considerado precursor de la licuadora.

El refrigerador también sumó funciones digitales. Además de conservar los alimentos, algunos equipos incorporan cámaras internas, diferentes temperaturas y conexión Wi-Fi. Pueden avisar qué productos están próximos a vencer, sugerir recetas disponibles y mostrar los ingredientes necesarios para planear una comida. La refrigeración artificial tuvo una primera prueba registrada en 1748, mientras que Jacob Perkins desarrolló en 1834 un modelo que sentó bases para los refrigeradores modernos.
En el caso de las estufas, la tecnología comenzó con sistemas que mejoraban la combustión y controlaban el humo. Las estufas de gas empezaron a desarrollarse en la década de 1820 y se fabricaban comercialmente desde 1836. Los modelos actuales pueden incorporar convección, cocción con aire caliente y control remoto mediante un smartphone, con ajustes y alertas para supervisar el horno.
