Las remesas enviadas a El Salvador mediante billeteras de criptomonedas aumentaron un 35,7% entre enero y julio de 2026, hasta alcanzar los 41,11 millones de dólares. El incremento, sin embargo, no alteró el papel marginal de estos canales dentro del sistema de transferencias del país: representaron apenas el 0,69% de los 5.924,85 millones de dólares recibidos durante ese periodo, según los datos recopilados por el Banco Central de Reserva (BCR) e informados por la agencia EFE.
La evolución muestra una paradoja central del experimento salvadoreño con el bitcoin. Aunque el Gobierno de Nayib Bukele ha mantenido una política activa de acumulación de la criptomoneda, su utilización por parte de los hogares sigue siendo reducida. El aumento interanual de las remesas cripto refleja una recuperación estadística, pero todavía no evidencia una sustitución significativa de los mecanismos tradicionales, como los bancos, las empresas de transferencias y los pagos en efectivo.

Un crecimiento que parte de una base reducida
El resultado de 2026 supuso 10,82 millones de dólares más que en el mismo periodo de 2025, cuando el BCR registró 30,29 millones en remesas enviadas a través de carteras digitales. La participación sobre el total también aumentó, desde el 0,53% del año pasado. En términos sencillos, por cada 100 dólares enviados por los salvadoreños residentes en el exterior, aproximadamente 69 centavos llegaron mediante una billetera de criptomonedas.
El porcentaje es todavía menor si se observa la trayectoria reciente. Durante todo 2025, las remesas cripto descendieron un 32,5% y cerraron en 57,67 millones de dólares, frente a los 85,5 millones contabilizados en 2024. La caída anual implicó una reducción de 27,83 millones de dólares y dejó claro que la expansión de la infraestructura vinculada al bitcoin no se tradujo automáticamente en un mayor uso sostenido.
La distancia entre la política estatal y las decisiones de los hogares
La estrategia oficial ha seguido una dirección distinta a la de los usuarios. El Gobierno mantiene desde hace varios años un programa de compra diaria de bitcoin. La reserva estatal pasó de 7.517 monedas en diciembre de 2025 a 7.740 en agosto de 2026, con un valor superior a 492,4 millones de dólares según la cotización considerada en el reporte de EFE.
La acumulación de activos por parte del Estado y el uso de criptomonedas para enviar dinero a familiares son fenómenos relacionados, pero no equivalentes. La primera responde a una decisión de política económica y financiera; el segundo depende de factores prácticos, como las comisiones, la volatilidad, la facilidad de conversión a dólares, la confianza en las plataformas y la aceptación de los comercios. El dato de las remesas sugiere que, para la mayoría de los usuarios, esas condiciones todavía favorecen los canales convencionales.
El retroceso legal cambió los incentivos
El Salvador convirtió el bitcoin en moneda de curso legal en septiembre de 2021, junto con el dólar estadounidense. La decisión convirtió al país en el primer Estado en adoptar formalmente la criptomoneda y llevó al Gobierno a promover su uso mediante la billetera digital Chivo, incentivos iniciales y medidas destinadas a atraer inversiones relacionadas con activos digitales.
La adopción popular, no obstante, nunca alcanzó una escala masiva. Diversas mediciones citadas en el debate público mostraron un rechazo superior al 90% entre la población respecto del uso cotidiano del bitcoin. La preferencia por el dólar, la complejidad de las operaciones y las variaciones de precio limitaron su incorporación a las compras diarias y a las transferencias familiares.
El acuerdo de 1.400 millones de dólares alcanzado con el Fondo Monetario Internacional profundizó el cambio de orientación. En enero de 2025, la Asamblea Legislativa aprobó una reforma que retiró al bitcoin su condición de moneda de curso legal y redujo la intervención estatal en su uso y circulación. Los comercios dejaron de estar obligados a aceptarlo, se eliminó la posibilidad de pagar impuestos con la criptomoneda y desapareció la garantía estatal de conversión automática.
Qué revela el dato sobre el futuro del experimento
La evolución de las remesas ofrece un indicador especialmente útil porque mide una operación concreta y recurrente, no solo la posesión de bitcoin o la actividad de una plataforma. Millones de salvadoreños dependen de los envíos de dinero procedentes del extranjero, por lo que una adopción relevante de las criptomonedas debería reflejarse con claridad en este flujo. Hasta ahora, esa transformación no se ha producido.
El repunte de 2026 puede obedecer a una mayor disponibilidad de servicios, a operaciones puntuales o a la recuperación desde los bajos niveles de 2025. Para determinar si se trata de una tendencia estable será necesario observar la evolución de los próximos meses y comprobar si el crecimiento supera de forma persistente el aumento del total de remesas. Mientras la participación permanezca por debajo del 1%, el bitcoin seguirá funcionando más como un canal complementario que como una infraestructura dominante para las transferencias familiares.
La principal tensión del modelo salvadoreño permanece, por tanto, intacta: el Estado continúa ampliando su exposición a un activo digital cuyo uso social sigue siendo limitado. El aumento de las remesas en criptomonedas demuestra que existe una demanda concreta, pero su reducido peso dentro del sistema financiero indica que esa demanda todavía no ha modificado los hábitos económicos de la mayoría de la población.
