Los líderes de la Unión Europea y de los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) celebrarán el próximo 24 de octubre en Arabia Saudí su segunda cumbre conjunta, en un contexto marcado por la persistencia de la guerra en Irán, los intercambios de ataques y amenazas entre Teherán y Washington y la inestabilidad en el estrecho de Ormuz. La reunión busca consolidar una asociación que combina intereses de seguridad, energía, comercio y estabilidad regional en un momento de elevada incertidumbre para las rutas marítimas y los mercados internacionales.
La cita reunirá a los Veintisiete con Arabia Saudí, Baréin, Kuwait, Omán, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Dará continuidad al encuentro celebrado el 16 de octubre de 2024 en Bruselas, la primera cumbre formal entre ambos bloques. Desde entonces, la relación política se ha intensificado, especialmente tras el agravamiento de la crisis regional derivada de la guerra en Irán.

Una agenda condicionada por la escalada militar
La convocatoria llega siete meses después del inicio del conflicto y tras una fase de creciente tensión entre Estados Unidos e Irán. El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque contra territorio iraní, según el marco citado por las instituciones europeas. Una semana después, el 5 de marzo, los ministros de Exteriores de la UE y del CCG mantuvieron una reunión extraordinaria por videoconferencia para abordar las consecuencias de la escalada y coordinar posiciones.
La continuidad de los contactos refleja la preocupación compartida por una crisis cuyo impacto rebasa el plano militar. Los países del Golfo se encuentran en una posición geográfica y económica especialmente expuesta a cualquier deterioro adicional de la seguridad marítima, mientras que la Unión Europea depende de la estabilidad de la región para preservar suministros energéticos, intercambios comerciales y conexiones logísticas con Asia.
El estrecho de Ormuz concentra buena parte de esa inquietud. La vía marítima es estratégica para la salida de petróleo y gas procedentes del Golfo, y su funcionamiento se ha visto afectado por la inestabilidad vinculada al conflicto. Aunque la cumbre no se presenta como una negociación destinada a resolver la guerra, la seguridad de la navegación y la necesidad de evitar una expansión regional previsiblemente ocuparán un lugar central en las conversaciones.
Bruselas busca profundizar una relación estratégica
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha defendido que ha llegado el momento de profundizar la relación entre la UE y el CCG. En declaraciones difundidas por el Consejo Europeo, señaló que la alianza se apoya en el diálogo político, la coordinación y el compromiso para promover la paz, la seguridad y la prosperidad tanto a escala regional como global.
“Nuestro pasado, presente y futuro están interconectados”, afirmó Costa, al subrayar la dimensión estructural de los vínculos entre las dos regiones. El mensaje sitúa la cumbre más allá de la respuesta inmediata a la crisis iraní: Bruselas aspira a reforzar canales permanentes de consulta con socios cuya influencia diplomática, financiera y energética es determinante en Oriente Medio.
Para los países del Golfo, el encuentro ofrece también una plataforma para trasladar sus prioridades a la UE en un momento de rivalidad entre grandes potencias y de amenazas sobre su entorno económico. Las monarquías del CCG mantienen relaciones de seguridad históricas con Estados Unidos, pero han ampliado simultáneamente sus vínculos políticos y comerciales con Europa, Asia y otros actores. Esa diversificación aumenta el valor de una interlocución europea estable, aunque no elimina las diferencias sobre la gestión de los conflictos regionales.
El comercio y la energía, pilares de la asociación
La dimensión económica explica buena parte del interés mutuo. La Unión Europea es actualmente el segundo mayor socio comercial de los países del Golfo. En 2025, el intercambio entre la UE y los seis miembros del CCG alcanzó los 165.600 millones de euros, de los cuales cerca de 110.000 millones correspondieron a exportaciones europeas y 55.600 millones a importaciones procedentes del bloque árabe.
Los datos de Bruselas muestran además que el comercio bilateral ha crecido cerca de un 30% en la última década. Los combustibles representan más del 75% de las compras europeas a los países del Golfo, una proporción que evidencia la importancia energética de la relación y, al mismo tiempo, su vulnerabilidad ante interrupciones en el transporte marítimo o cambios bruscos en el entorno de seguridad.
El marco institucional de esa cooperación se remonta a 1989, cuando ambas partes firmaron un acuerdo que abarca relaciones económicas, energía, clima, medio ambiente e investigación. La agenda actual incorpora una tensión de fondo: Europa busca avanzar en la descarbonización y diversificar sus fuentes de suministro, mientras los productores del Golfo tratan de asegurar mercados para sus exportaciones y acelerar sus propias estrategias de transformación económica.
La cumbre de octubre permitirá evaluar hasta qué punto la asociación puede traducirse en medidas concretas en medio de una crisis abierta. La convergencia en la protección de rutas comerciales y en la necesidad de limitar la escalada ofrece una base de cooperación, pero las decisiones sobre seguridad regional dependen de actores que no estarán sentados en la mesa. El resultado del encuentro se medirá, por tanto, tanto por sus compromisos económicos como por su capacidad para mantener un canal político operativo en una región sometida a una presión creciente.
