Ciudad de Panamá, 23 ago (EFE).- La tortuga baula, la mayor de las siete especies de tortugas marinas y una de las más amenazadas del planeta, volvió a anidar en las playas del Pacífico panameño después de casi una década sin que los especialistas registraran nuevos nidos, informó este domingo el Ministerio de Ambiente de Panamá.
El hallazgo se produjo en la remota playa de El Fondiaderito, situada en el litoral Pacífico de la provincia de Darién, una región cubierta en buena parte por una extensa selva protegida y próxima a la frontera con Colombia. Un equipo integrado por profesionales, vecinos y miembros de la Organización Protectora de la Tortuga Marina y la Biodiversidad de Jaqué identificó al menos tres tortugas de la especie baula o laúd, cuyo nombre científico es Dermochelys coriacea.
Las autoridades y los colaboradores locales localizaron los huevos y trasladaron 178 ejemplares a un vivero de incubación. La medida busca reducir la exposición a amenazas naturales y humanas durante una etapa especialmente vulnerable del ciclo reproductivo. De acuerdo con la información oficial, las crías podrían nacer entre septiembre y octubre, aunque el momento exacto dependerá de las condiciones de incubación.

Un registro que rompe casi diez años de ausencia
La reaparición de nidos en el Pacífico panameño adquiere relevancia porque el registro más reciente conocido en el país correspondía a 2017, cuando se documentó un nido en la provincia central de Veraguas. Desde entonces, los expertos no habían confirmado nuevos sitios de anidación de esta especie en territorio panameño, según el Ministerio de Ambiente.
La diferencia entre ambos registros no permite concluir por sí sola que la población se haya recuperado. Un solo episodio reproductivo, incluso con varios nidos, debe interpretarse dentro de un seguimiento prolongado que permita establecer si las tortugas regresan de manera periódica, cuántas hembras participan y cuál es la tasa de supervivencia de las crías. Sin embargo, el hallazgo sí aporta una señal de presencia actual y abre una oportunidad para reforzar la investigación y la vigilancia en la costa de Darién.
La protección de los huevos en un vivero responde precisamente a esa necesidad de aumentar las probabilidades de éxito en la fase inicial. La manipulación debe realizarse con criterios técnicos, ya que la ubicación, la temperatura y la humedad influyen en el desarrollo embrionario y pueden afectar tanto la eclosión como determinadas características de las crías. El traslado, según la información divulgada, se efectuó para limitar riesgos y no como sustituto de la protección del hábitat natural.
Una especie esencial para medir la salud del océano
La tortuga baula se distingue de otras tortugas marinas por su gran tamaño y por su caparazón flexible, adaptado a desplazamientos de larga distancia en mar abierto. Su ciclo de vida conecta playas de anidación con amplias zonas oceánicas, de modo que las condiciones de un país no explican por completo la evolución de sus poblaciones. La disponibilidad de alimento, la pesca incidental, la contaminación, la alteración de las playas y la captura de huevos forman parte de un conjunto de presiones que atraviesan fronteras.
En el Pacífico Oriental Tropical, las poblaciones de tortuga baula han sufrido un desplome estimado del 95 % en varias regiones desde la década de 1980, entre ellas México y Costa Rica. Esa caída convierte cada nuevo nido en una fuente de información científica, pero también impide interpretar el regreso de algunas hembras como una recuperación consolidada. La tendencia regional continúa siendo un factor de preocupación para los especialistas y exige cooperación entre los países por los que pasan estos animales.
La importancia del registro panameño está, por tanto, en dos niveles. En el corto plazo, permite proteger los 178 huevos y documentar el proceso de incubación. En el mediano plazo, puede ayudar a identificar si El Fondiaderito forma parte de una ruta reproductiva que había pasado inadvertida o si el sitio está siendo utilizado de manera ocasional. Para responder a esa cuestión serán necesarios nuevos patrullajes, registros estandarizados y observaciones durante varias temporadas.
Darién, un refugio con desafíos propios
El entorno de Darién ofrece una ventaja decisiva: se trata de una zona de difícil acceso y con amplias áreas naturales protegidas. Esa condición puede reducir algunas alteraciones asociadas a la urbanización y al tránsito constante en las playas. No obstante, el aislamiento no elimina los riesgos. La presencia humana, la iluminación nocturna, los residuos, los depredadores y la extracción ilegal de huevos pueden afectar el éxito reproductivo si no existe una vigilancia coordinada.
La participación de los habitantes de Jaqué y de una organización local muestra además que la conservación depende de capacidades instaladas en las comunidades costeras. Los equipos técnicos pueden aportar protocolos y seguimiento, mientras que quienes viven cerca de las playas suelen ser los primeros en detectar rastros, hembras o nidos. Esa cooperación resulta especialmente importante en lugares donde las distancias y las condiciones del terreno dificultan una supervisión permanente por parte de las instituciones públicas.
Panamá alberga cinco especies de tortugas marinas: la lora o golfina (Lepidochelys olivacea), la carey (Eretmochelys imbricata), la canal o baula (Dermochelys coriacea), la caguama o boba (Caretta caretta) y la verde o prieta (Chelonia mydas). Todas figuran en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), aunque cada población enfrenta presiones y niveles de riesgo particulares.
El nacimiento previsto de las crías entre septiembre y octubre será el próximo momento clave del seguimiento. Su resultado ofrecerá datos sobre la viabilidad de los nidos encontrados, pero la evaluación de la especie requerirá observar también a las hembras adultas y confirmar si vuelven a utilizar las playas panameñas. Para el Ministerio de Ambiente, cada nuevo nido tiene un valor científico incalculable; para la conservación, su verdadero alcance dependerá de que el descubrimiento se convierta en un programa sostenido de protección y monitoreo.
