La Secretaría de Gestión Integral del Agua (Segiagua) detectó y atendió 368 fugas no visibles durante los primeros cinco meses de 2026, una cifra 45 por ciento superior a las 253 afectaciones registradas en todo 2025. El dato fue presentado por el Gobierno de la Ciudad de México en el Segundo Informe de labores de la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina.
El aumento no implica necesariamente que la red haya comenzado a presentar más fallas, sino que la administración cuenta con mayores capacidades para localizar pérdidas que no llegan a manifestarse en la superficie. La diferencia es relevante: una fuga subterránea puede permanecer activa durante semanas o meses sin generar un hundimiento, una inundación visible o una interrupción inmediata del servicio, mientras consume agua potable y debilita la infraestructura.
Una red de detección basada en señales
De acuerdo con el informe, la Segiagua empleó equipos de detección acústica, sistemas de telemetría y herramientas de correlación de señales. Estas tecnologías permiten identificar el sonido y el comportamiento hidráulico asociado con una pérdida, comparar lecturas entre distintos puntos de la red y acotar el sitio donde debe realizarse una intervención.
La estrategia requirió una inversión de 648 millones de pesos para instalar sistemas de medición y telemetría en 130 sitios. El objetivo oficial es recuperar y redistribuir al menos 30 por ciento del agua potable que anteriormente se perdía por fugas. La cifra representa una meta operativa, no una medición equivalente al número de reparaciones, por lo que su cumplimiento dependerá de que las detecciones se traduzcan en trabajos efectivos y de que el volumen recuperado pueda verificarse con mediciones sostenidas.

Además, el organismo instaló y rehabilitó 700 medidores de presión en redes secundarias. Según el documento, en esas tuberías se concentra buena parte de las fugas. El monitoreo de presión permite detectar variaciones anormales y observar zonas sometidas a esfuerzos que pueden acelerar el deterioro de los conductos, especialmente cuando existen cambios bruscos en el suministro o una infraestructura envejecida.
Las alcaldías con mayor actividad
Las acciones de detección se concentraron principalmente en Tlalpan, Xochimilco, Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero. La distribución muestra que el problema no está limitado a una sola zona de la capital: abarca áreas con distintas condiciones topográficas, densidades urbanas y características de las redes de distribución.
La localización territorial también puede ayudar a ordenar las prioridades. No todas las fugas tienen el mismo impacto; una pérdida en una zona con baja presión, servicio intermitente o alta demanda puede afectar a más usuarios que otra de similar tamaño en un sector con mayor capacidad de abastecimiento. Por ello, el valor de la tecnología no está únicamente en encontrar más puntos, sino en permitir que las reparaciones se programen con base en el volumen desperdiciado, la urgencia y el efecto sobre el suministro.
El reto: pasar de detectar a recuperar agua
El Gobierno capitalino plantea triplicar el promedio anual de fugas reparadas respecto de los últimos 10 años. La meta coloca el énfasis en la capacidad de respuesta posterior a la detección. Si las cuadrillas, los materiales o la coordinación con otras obras no crecen al mismo ritmo que los sistemas de monitoreo, el avance tecnológico podría producir un inventario cada vez mayor de afectaciones sin resolver.
También será necesario distinguir entre fugas reparadas, fugas que reaparecen y agua efectivamente recuperada. Una evaluación completa debería comparar el volumen estimado antes y después de cada intervención, medir el tiempo transcurrido entre la alerta y la reparación e identificar si las fallas se repiten en los mismos tramos. Esos indicadores permitirían saber si la inversión de 648 millones de pesos está reduciendo pérdidas estructurales o únicamente mejorando la capacidad de diagnóstico.
Obras para sostener el abasto y mejorar la calidad
El informe vincula el programa de fugas con otras obras hidráulicas. Entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026, el Gobierno de la Ciudad de México rehabilitó 13 tanques y 32 instalaciones de rebombeo para aumentar la disponibilidad de agua potable. Estas obras cumplen una función complementaria: mientras la detección busca evitar que el agua producida se pierda en el trayecto, los tanques y rebombeos fortalecen la capacidad de almacenamiento y distribución.
En materia de calidad, entre septiembre de 2025 y julio de 2026 fueron rehabilitadas cuatro plantas potabilizadoras ubicadas en Iztacalco, Tláhuac e Iztapalapa. Con esas intervenciones, la capital reporta 39 plantas potabilizadoras en operación y contempla construir una nueva en Azcapotzalco. La expansión de esta infraestructura responde a una presión doble sobre el sistema: disponer de más agua y garantizar que llegue en condiciones adecuadas a los hogares.
El informe también abre una agenda legislativa
Al entregar el Segundo Informe de la jefa de Gobierno al Congreso capitalino, el secretario de Gobierno, César Cravioto Romero, adelantó que durante el actual periodo de sesiones será enviado el Plan General de Desarrollo, junto con iniciativas como la Ley de Rentas Justas.
El Plan General de Desarrollo debió entrar en vigor en 2020. Cravioto explicó que existe un documento base, pero todavía se incorporan propuestas recibidas durante las consultas ciudadanas y aportaciones de dependencias como las secretarías de Movilidad y Bienestar. El funcionario aseguró que el proyecto será presentado en este periodo de sesiones, aunque el Gobierno aún evalúa el momento más conveniente para entregarlo.
La demora convierte al documento en una pieza importante para ordenar políticas que ya están en marcha, como la modernización hidráulica. Para que las inversiones en sensores, medidores y plantas tengan continuidad, el plan deberá definir metas verificables, responsabilidades institucionales y mecanismos de seguimiento. La tecnología ha permitido ver mejor dónde se pierde el agua; el siguiente desafío será demostrar, con resultados medibles, cuánto de ese recurso logra permanecer dentro de la red y llegar a los usuarios.
