La falta de lluvias ya provocó daños preliminares en alrededor de 700 hectáreas de maíz de temporal en ocho municipios del sur del Estado de México. La Secretaría del Campo (SECAMPO) inició recorridos y labores de verificación para precisar la superficie afectada y orientar a las productoras y productores que busquen acceder a los apoyos del Programa de Atención de Siniestros Agroclimáticos del Campo Mexiquense (PASACME).
La cifra todavía no representa un balance definitivo. Se trata de una primera estimación, sujeta a la revisión de cada parcela, la comprobación de los daños y la integración de los expedientes solicitados por el programa. Esa diferencia entre una pérdida reportada y una afectación reconocida oficialmente será determinante para que los agricultores puedan recibir respaldo.

Ocho municipios concentran la primera alerta
La evaluación inicial incluye a Tejupilco, Luvianos, Amatepec, Tlatlaya, Almoloya de Alquisiras, San Simón de Guerrero, Texcaltitlán y Sultepec. En todos ellos se revisan cultivos de maíz de temporal, una modalidad especialmente expuesta porque depende de que las lluvias lleguen en el momento adecuado para la germinación, el desarrollo de la planta y la formación del grano.
Para organizar la respuesta, SECAMPO coordinó los trabajos mediante la Delegación Regional V Tejupilco y la Coordinación de Estudios y Proyectos Especiales. También capacitó a personal de las Direcciones Municipales del Campo, Desarrollo Rural y áreas relacionadas, además de agricultores de la región. El objetivo es que las solicitudes no se frenen por desconocimiento de los requisitos o por expedientes incompletos.
Durante las sesiones se explicaron las reglas de operación del PASACME, así como los procedimientos para reportar un siniestro agroclimático. El acompañamiento directo en las comunidades busca reducir la distancia entre la autoridad y las parcelas afectadas, pero también mejorar la calidad de la información con la que se tomará la decisión sobre los apoyos.
La ubicación de cada parcela será parte de la prueba
Uno de los puntos centrales de la verificación será homologar los criterios de georreferenciación. Las brigadas deberán identificar los predios, registrar sus coordenadas, tomar fotografías de los cultivos y reunir datos básicos de los productores y de la superficie dañada.
Este procedimiento cumple una doble función. Por un lado, permite construir un mapa más preciso de la sequía y distinguir entre afectaciones parciales y pérdidas mayores. Por otro, convierte la documentación técnica en una condición práctica para acceder al programa. Una parcela sin ubicación comprobable, evidencia fotográfica o información suficiente podría enfrentar dificultades para ser incorporada al expediente, aun cuando el productor haya sufrido daños.
Las autoridades continuarán los recorridos antes de establecer una cifra final. La superficie de 700 hectáreas puede aumentar, disminuir o modificarse conforme avance la inspección, especialmente porque las condiciones de los cultivos pueden variar entre municipios y dentro de una misma comunidad. Para resolver dudas y dar seguimiento a los casos, SECAMPO puso a disposición los teléfonos 724 267 39 75 y 724 267 09 46.
En Guerrero, el reclamo apunta a una emergencia de mayor escala
La situación descrita en el Estado de México ocurre mientras organizaciones campesinas de Guerrero solicitan declarar al estado como zona de desastre por la intensidad de la sequía. En una conferencia de prensa realizada en Chilpancingo, dirigentes advirtieron que la falta de lluvias podría provocar la pérdida total de miles de hectáreas de maíz durante la temporada agrícola actual.
Ventura Reyes Urióstegui, integrante de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas, señaló que el gobierno estatal había comenzado un censo en las regiones Norte y Tierra Caliente, pero que el levantamiento fue suspendido al advertirse que el problema era más amplio de lo previsto. Según sus estimaciones, Guerrero cuenta con unos 350 mil productores que cultivan aproximadamente 500 mil hectáreas de maíz y otros granos.
El dirigente sostuvo que el panorama apunta a una pérdida de 100 por ciento y afirmó que no identifica una región del estado con condiciones suficientes para obtener una cosecha de maíz esta temporada. También señaló que la sequía alcanzó zonas donde el fenómeno no era habitual, entre ellas Tixtla y algunos puntos de La Montaña.
La pérdida de la cosecha no termina en el campo
Guillermo Reyes, presidente de la Confederación Nacional Campesina, explicó que en muchas milpas las plantas dejaron de desarrollarse: apareció la espiga, pero no se formaron la bellota ni el elote. Sin esos elementos, la planta no puede producir una cosecha aprovechable, de modo que el daño no se limita a una reducción del rendimiento, sino que puede convertirse en una pérdida completa de la inversión y del ingreso esperado por las familias.
La diferencia entre ambos estados también muestra dos momentos de una misma crisis. En el sur del Estado de México, las autoridades todavía están delimitando el daño y activando un mecanismo de apoyo con base en expedientes individuales. En Guerrero, las organizaciones campesinas describen una afectación extendida y piden una respuesta de emergencia. En ambos casos, la precisión de los censos será decisiva: sin datos confiables resulta difícil dimensionar el impacto, distribuir recursos o anticipar la falta de producción.
Los dirigentes guerrerenses alertaron que las consecuencias podrían prolongarse hasta 2027 por la pérdida de ingresos, la reducción de semillas y las dificultades para iniciar los siguientes ciclos agrícolas. La advertencia coloca a la sequía más allá de un problema meteorológico inmediato: si no se recupera la capacidad productiva de los agricultores, el daño puede trasladarse al abasto de maíz, a la economía regional y a la estabilidad de las familias rurales durante varias temporadas.
