San Francisco atraviesa uno de sus ciclos inmobiliarios más intensos de la última década, impulsado por la concentración de capital y empleo que ha generado la expansión de la inteligencia artificial. La llegada y el crecimiento de compañías como OpenAI y Anthropic, junto con la proliferación de nuevas empresas del sector, están elevando los precios de compra y alquiler por encima de los máximos registrados antes de la pandemia. El fenómeno reabre el debate sobre la capacidad de la ciudad para absorber una nueva ola de prosperidad tecnológica sin profundizar la exclusión residencial.
Datos de Compass indican que el precio mediano de venta de inmuebles en San Francisco aumentó 25% en un año. En algunos barrios, viviendas ofrecidas por alrededor de USD 2 millones reciben decenas de propuestas simultáneas y se convierten en disputas de ofertas. La presión no se limita a propiedades excepcionales: agentes locales reportan que las casas familiares bien ubicadas, especialmente cerca de escuelas y servicios, salen al mercado con una escasez que amplifica la competencia entre compradores con alta capacidad financiera.

Una oferta insuficiente para compradores con urgencia
Compass y otros analistas han denominado “escasez de mansiones” a la falta de viviendas unifamiliares de alta gama frente a una demanda creciente de ejecutivos vinculados a la inteligencia artificial. El término no se refiere únicamente a residencias de lujo extremo, sino a un segmento amplio de casas grandes y familiares en las zonas de mayor cotización. Se trata, en buena medida, de compradores de entre 35 y 45 años, muchos con hijos pequeños y plazos concretos para instalarse antes del inicio del ciclo escolar.
Mike Simonsen, economista jefe de Compass, señaló a National Public Radio que solo en junio se registraron 44 operaciones en las que una propiedad se vendió por al menos USD 1 millón por encima del precio de lista. La cifra ilustra una dinámica en la que el valor anunciado funciona menos como referencia definitiva que como punto de partida para captar interés. Para los vendedores, esa competencia puede traducirse en mejores condiciones y cierres rápidos; para los compradores, implica decisiones aceleradas y una menor margen para negociar inspecciones, contingencias o financiación.
Paul Kitchen, agente de Compass, describió casos de inmuebles que reunieron hasta 50 ofertas. La intensidad del proceso tiene además un costo emocional y operativo: detrás de cada propuesta rechazada hay familias y agentes que invirtieron tiempo en evaluar una vivienda y proyectar una mudanza. En ese contexto, la disponibilidad limitada adquiere un peso mayor que las cualidades individuales de cada propiedad. Una casa en un barrio deseado puede recibir una prima elevada simplemente porque responde a una necesidad inmediata y existen pocas alternativas comparables.
El segmento de lujo confirma el cambio de escala
La competencia también alcanza las operaciones de mayor valor. Ofertas en efectivo de USD 25 millones o más han sido superadas en el Área de la Bahía, de acuerdo con información recogida por The Wall Street Journal. En agosto, una propiedad de la región se vendió por USD 70 millones a un comprador relacionado con el sector de inteligencia artificial, aunque había salido originalmente al mercado con un precio más alto. El caso refleja que incluso entre patrimonios muy elevados los compradores diferencian entre precio de salida y valor final, pero también confirma la presencia de liquidez extraordinaria.
Jonathan Miller, analista inmobiliario de Nueva York especializado en operaciones de ultra lujo, contabilizó cerca de 45 ventas de USD 50 millones o más en Estados Unidos durante 2025 y prevé una cantidad similar en 2026. Hace doce años, cuando comenzó a seguir ese segmento, las transacciones de ese tamaño ocurrían aproximadamente una vez cada tres meses. El aumento no se explica solo por San Francisco, pero la ciudad se ha incorporado con fuerza a un mercado nacional donde la riqueza tecnológica compite con los grandes centros financieros tradicionales.
Miller define este proceso como una “neoyorquización” de San Francisco: una revalorización en la que la ubicación gana peso relativo frente a las características estrictamente físicas del inmueble. La cercanía a empresas, inversores, redes profesionales y escuelas privadas puede convertirse en un activo adicional. Sin embargo, ese mecanismo también encarece el acceso a barrios donde la oferta es rígida, porque construir nuevas viviendas o modificar la densidad urbana suele requerir años de permisos, financiación y acuerdos políticos.
Los alquileres trasladan la presión a los hogares sin propiedad
El encarecimiento se extiende al mercado de alquileres, donde jóvenes profesionales de la industria tecnológica compiten por departamentos antes de estar en condiciones, o de tener interés, en comprar. Algunos pueden destinar hasta USD 10.000 mensuales a una renta, una capacidad que altera la referencia de precios para el resto de los inquilinos. La velocidad del mercado es parte central del problema: los avisos recientes pueden recibir cientos de consultas en pocas horas, reduciendo el tiempo disponible para visitar, comparar y decidir.
Ally Alessio y Aidan Cahill relataron a NPR que, tras mudarse de San Diego a San Francisco, hallaron un anuncio publicado cuatro horas antes que ya acumulaba unas 200 consultas. Finalmente alquilaron sin visitar previamente un departamento de dos habitaciones, con pisos de madera y techos altos, por USD 5.200 mensuales. Su experiencia muestra que la competencia que tradicionalmente caracteriza a la compraventa se está trasladando al alquiler, con posibles consecuencias para la transparencia de las decisiones y la capacidad de los inquilinos de evaluar el estado real de una vivienda.
David Blosser, director de arrendamientos de RentSFNow, advirtió que la subida abrupta deja menos alternativas a trabajadores de sectores con salarios más bajos. Docentes, empleados de servicios y familias que necesitan cambiar de vivienda pueden quedar atrapados en sus contratos actuales, incluso cuando estos no se adaptan a sus necesidades. El control de alquileres protege a parte de los residentes establecidos, pero no resuelve el acceso de quienes buscan ingresar al mercado ni de quienes deben mudarse por trabajo, tamaño familiar o condiciones del edificio.
Un efecto que puede superar los límites de California
La tensión de San Francisco también puede producir efectos fuera de la ciudad. Simonsen sostiene que los compradores que no logran acceder a California trasladan su búsqueda a otros estados, contribuyendo a elevar los precios en mercados como Texas. Esa conexión no significa que la inteligencia artificial sea el único factor detrás del encarecimiento nacional, pero ilustra cómo la concentración de empleos de altos ingresos en una región puede desplazar demanda hacia zonas relativamente más asequibles.
La evolución del mercado dependerá de la permanencia del auge de la inteligencia artificial, del calendario de salidas a bolsa de las empresas líderes y, sobre todo, de la respuesta de la oferta. Si el empleo y la riqueza continúan concentrándose en San Francisco mientras el parque de viviendas crece lentamente, la brecha entre quienes pueden competir por una casa o un alquiler y quienes quedan fuera tenderá a ampliarse. El actual repunte ofrece una señal clara: el desafío ya no es solo atender la demanda de lujo, sino evitar que esa demanda redefina de forma duradera el acceso a la vivienda en toda la ciudad.
