México registra más de 15 mil temblores al año, un promedio superior a 40 movimientos diarios. La mayoría tiene magnitudes menores a 4 y pasa inadvertida para la población, aunque confirma la actividad tectónica constante del país. El Instituto de Geofísica de la UNAM advierte que los sismógrafos solo detectan los movimientos después de que ocurren: actualmente no existe un método confiable para anticiparlos.
Fechas coincidentes, riesgo permanente
La sensación de que los sismos se concentran en determinadas fechas responde, en buena medida, a la probabilidad y a la memoria colectiva. La matemática de las coincidencias, comparable con la paradoja del cumpleaños, muestra que varios eventos pueden coincidir sin que exista una relación causal. La investigadora Sarai Hernández Torres señala que el recuerdo de las tragedias de 1985 y 2017 intensifica esa percepción, pero no permite convertir una fecha en una advertencia científica.

Ante esa incertidumbre, el Centro Nacional de Prevención de Desastres recomienda sustituir la espera por una preparación sostenida. Una mochila de emergencia debe contener linterna y radio con baterías de repuesto, agua y alimentos no perecederos para entre 24 y 48 horas, además de un botiquín con medicamentos de uso continuo.
También conviene proteger copias de documentos y una memoria USB en bolsas herméticas, e incluir manta térmica, ropa de cambio, silbato y artículos de higiene. La selección responde a necesidades concretas tras un desalojo: iluminación, comunicación, hidratación, atención básica, identificación y protección climática. Mantener la mochila accesible y revisar periódicamente sus suministros puede reducir la vulnerabilidad familiar más que intentar interpretar coincidencias del calendario.
