La logística inversa gana peso en el diseño de productos y en la transición hacia una economía circular

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La economía circular empieza mucho antes de que un residuo llegue a una planta de reciclaje. También se define en el momento en que una empresa decide qué materiales utilizar, cuánto durará un producto, si podrá repararse y qué ocurrirá con sus componentes después del consumo. En esa cadena de decisiones, la logística dejó de ser una etapa operativa asociada exclusivamente al transporte para convertirse en una variable estratégica con impacto ambiental, económico y social.

La advertencia surge de una conversación con Jerónimo, quien sostiene que cuestiones como el diseño del envase, los sistemas de devolución y la gestión del descarte pueden aportar valor diferencial desde el origen de un producto. Su planteo desplaza el foco desde la respuesta final ante los residuos hacia una planificación integral del ciclo de vida, un cambio necesario en un contexto marcado por el crecimiento de la contaminación plástica.

El costo invisible de la cultura del descarte

La contaminación por plásticos suele representarse mediante imágenes lejanas: la gran acumulación de residuos en el Pacífico, aves afectadas o peces con el tracto digestivo obstruido. Sin embargo, el problema también tiene una dimensión cotidiana y sanitaria. Los plásticos no desaparecen completamente por procesos naturales; se fragmentan con el tiempo y generan microplásticos que ya fueron detectados en la sangre, los órganos, los pulmones y el cerebro.

La presencia de estas partículas en ecosistemas tan distantes como los océanos, la Antártida y el Everest revela la capacidad de dispersión del material. Además, los microplásticos pueden actuar como vehículos de toxinas, metales pesados y sustancias capaces de alterar el sistema endocrino. Distintos estudios investigan su posible relación con daños en estructuras reproductivas y con la disminución de la fertilidad observada en diversas regiones, aunque el alcance preciso de sus efectos todavía se encuentra en evaluación científica.

El dato central para la gestión pública y empresarial es que el residuo no constituye una externalidad sin consecuencias. Cuando los costos de recolección, tratamiento, contaminación y restauración ambiental no forman parte de la ecuación productiva, el modelo de negocio puede parecer eficiente porque traslada parte de sus costos a la sociedad. La responsabilidad extendida del productor busca corregir justamente esa distorsión, al vincular a quien fabrica o comercializa con el destino posterior de los bienes.

Diseñar el retorno antes de vender

Reciclar sigue siendo una herramienta indispensable, pero no alcanza para construir una economía circular. El reciclaje interviene cuando el producto ya fue utilizado y, en muchos casos, cuando el material perdió calidad o quedó contaminado. Por eso, una estrategia más robusta debe priorizar la reducción del consumo de materiales, la reutilización, la reparación y la extensión de la vida útil antes de llegar a la recuperación del descarte.

La logística inversa ocupa un lugar decisivo en ese esquema. Incluye los procesos necesarios para que un envase, componente o producto usado vuelva al sistema productivo: devolución, clasificación, reacondicionamiento, recarga, reparación o reciclaje. Cada una de esas operaciones requiere infraestructura, trazabilidad, puntos de recepción y modelos de transporte que pueden modificar de manera sustancial los costos y la huella de carbono.

El desafío consiste en evitar que la sustentabilidad quede limitada a una característica del objeto. Un envase reutilizable, por ejemplo, no es automáticamente una solución ambiental si debe recorrer grandes distancias vacío, si no existe una red suficiente de retorno o si su sistema de lavado consume más recursos que la alternativa descartable. La evaluación debe considerar todo el circuito: fabricación, distribución, uso, recuperación, acondicionamiento y nueva puesta en circulación.

Redes descentralizadas para reducir impactos

Una de las propuestas mencionadas consiste en desarrollar envases reutilizables integrados a una red descentralizada de puntos de carga e hidratación con agua purificada en el lugar. El modelo busca que una persona que se desplaza entre distintas ciudades pueda utilizar un mismo envase y recargarlo durante el recorrido, en lugar de comprar unidades descartables en cada destino.

La descentralización puede aportar eficiencia cuando acerca la prestación al usuario y evita movimientos innecesarios de productos, envases y residuos. También puede fortalecer economías locales si la operación de carga, mantenimiento y recuperación se organiza mediante redes distribuidas. Pero su viabilidad dependerá de una escala suficiente, estándares sanitarios verificables, interoperabilidad entre puntos y una tasa de reutilización que justifique la infraestructura instalada.

La iniciativa incorpora además un componente social: por cada venta se entregan kits de indumentaria a cooperativas de reciclado. La combinación de reutilización y reciclaje permite abordar dos problemas distintos. Mientras el primer sistema busca evitar la generación de residuos, el segundo reconoce que seguirán existiendo materiales descartados y que su recuperación requiere trabajo, organización y condiciones dignas para quienes participan de esa actividad.

Argentina ante una transición con varias tecnologías

La transformación del transporte también exige una estrategia diversificada. La electrificación aparece como una vía relevante para reducir emisiones en determinados segmentos, especialmente allí donde existen condiciones para instalar infraestructura de carga y garantizar el suministro energético. Sin embargo, no todos los vehículos, distancias y usos pueden cambiar de tecnología al mismo ritmo.

En ese contexto, los biocombustibles ofrecen una alternativa compatible con parte de la maquinaria y los motores existentes. Su principal ventaja potencial es el uso de materias primas renovables, frente a combustibles fósiles formados durante millones de años. Argentina cuenta con una base agropecuaria que puede darle una posición estratégica, en particular si se aprovechan subproductos y descartes de la actividad en lugar de ampliar la presión sobre tierras, agua y alimentos.

El beneficio climático de los biocombustibles, sin embargo, no debe medirse únicamente por el origen biológico de la materia prima. También deben considerarse el cambio de uso del suelo, el consumo de fertilizantes, el procesamiento, el transporte y la competencia con otros usos agrícolas. La transición más consistente será aquella que combine electrificación, combustibles de base biológica, eficiencia operativa y regulación ambiental, con metas graduales y mecanismos de control.

La propuesta de valor incluye toda la cadena

La principal conclusión empresarial es que la sustentabilidad no puede venderse como una propiedad aislada del producto. Una oferta adquiere mayor valor cuando integra durabilidad, posibilidad de reparación, reutilización, devolución, retorno y recarga. Esos servicios no son accesorios: determinan cuánto tiempo permanece el material en circulación, qué recursos se consumen y quién asume los costos al final de la vida útil.

Incorporar la logística desde el diseño obliga a modificar indicadores tradicionales. Ya no basta con medir el precio de fabricación y la velocidad de entrega; también es necesario calcular la cantidad de viajes de retorno, las pérdidas de material, el porcentaje de envases recuperados y la energía utilizada para reacondicionarlos. Esa información permite distinguir entre soluciones circulares con resultados verificables y propuestas que solo trasladan el impacto de una etapa a otra.

El cambio, por lo tanto, no depende de un único producto ni de una tecnología aislada. Requiere que fabricantes, operadores logísticos, consumidores, municipios y cooperativas compartan responsabilidades y datos. Cuando la logística inversa se diseña desde el inicio, el residuo deja de ser el último problema de la cadena y se convierte en una condición de diseño, una oportunidad de eficiencia y un componente central de la economía circular.

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