Santiago de Compostela, 24 ago (EFE).- Un consumo elevado y continuado de fructosa puede debilitar los mecanismos naturales que evitan que el calcio se deposite en las paredes de las arterias, según una investigación del Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de la Universidad de Santiago de Compostela (USC).
El estudio, publicado en la revista científica Molecular Medicine, concluye que la exposición prolongada a grandes cantidades de este azúcar reduce los niveles de ATP y de pirofosfato, dos moléculas relacionadas con la protección de los vasos sanguíneos frente a la formación de cristales de calcio y fosfato.

El deterioro de las mitocondrias
Según explica el CiMUS, el hígado, uno de los principales órganos encargados de metabolizar la fructosa, comienza a funcionar peor cuando permanece expuesto durante mucho tiempo a cantidades elevadas de este azúcar. En ese contexto, sus mitocondrias, las estructuras que producen la energía necesaria para las células, reducen su rendimiento.
Como consecuencia, disminuye la producción de ATP, una molécula conocida como la moneda energética del organismo. Además de aportar energía, el ATP permite fabricar pirofosfato, una sustancia que circula por la sangre y ayuda a impedir que el calcio y el fosfato formen cristales en la pared de los vasos sanguíneos.
La investigación fue realizada por el grupo Homeostasis Metabólica y Calcificación Vascular del CiMUS y del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS), bajo la dirección del investigador principal Ricardo Villa Bellosta. En pruebas de laboratorio, los científicos observaron que el tejido vascular se calcificaba con mayor facilidad después de una exposición prolongada a la fructosa.
La diferencia entre fruta y fructosa libre
Villa Bellosta aclaró que el trabajo no demuestra que el consumo de fruta provoque calcificación arterial. La fruta entera contiene fibra, agua y vitaminas, además de una estructura que hace que sus azúcares se absorban de forma más gradual.
La exposición analizada se aproxima más, según el investigador, a una ingesta elevada y frecuente de fructosa libre, como la que puede producirse mediante bebidas azucaradas y determinados productos ultraprocesados. La investigación no establece que todos los alimentos que contienen azúcares tengan el mismo efecto observado en las condiciones de laboratorio.
Hasta ahora, los efectos cardiovasculares asociados al exceso de fructosa se habían relacionado principalmente con la resistencia a la insulina, la inflamación, el ácido úrico y el estrés oxidativo. Los resultados del estudio incorporan a esa relación la reducción de sustancias que protegen directamente las arterias frente a la acumulación de minerales.
El trabajo contó con financiación de la Agencia Estatal de Investigación, la Xunta de Galicia y la Sociedad Española de Nefrología, entre otros organismos e instituciones.
