Juan Perea deja una huella decisiva en la organización vecinal de Córdoba

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La muerte de Juan Perea Moncayo, conocido en Córdoba como el cura Perea, cierra una trayectoria que estuvo ligada durante más de cuatro décadas a las luchas cotidianas de los barrios. La Federación de Asociaciones Vecinales Al-Zahara ha expresado su pesar y ha situado su figura entre los grandes referentes del movimiento ciudadano cordobés, andaluz y estatal. Su legado no se limita a una presencia religiosa o asistencial: resume una forma de implicación pública en la que la parroquia, la calle y las asociaciones se convirtieron en espacios conectados para defender la dignidad del vecindario.

La presidenta de Al-Zahara, Isa Sereno, lo ha definido como un pilar de la lucha de los barrios. La valoración adquiere relevancia por la diversidad de causas en las que participó Perea: desde la creación de estructuras vecinales estables hasta las movilizaciones por las infraestructuras ferroviarias, la atención a jóvenes afectados por las drogas y la rehabilitación urbana del Sector Sur. Esa amplitud explica que la federación no presente su figura como un recuerdo individual, sino como parte de la historia colectiva de Córdoba.

Del compromiso parroquial a la organización de los barrios

Perea llegó en 1972 a la parroquia de San Martín de Porres, en el Sector Sur, en un momento en que los barrios periféricos acumulaban carencias materiales y una representación ciudadana todavía limitada. Su condición de cura obrero, vinculada a una corriente eclesial que buscaba intervenir en los problemas sociales desde una posición cercana a la población trabajadora, marcó su modo de actuar. No se limitó a acompañar demandas ya formuladas: promovió el asociacionismo juvenil y vecinal como herramienta para que los propios residentes identificaran problemas, construyeran consensos y exigieran respuestas institucionales.

De ese trabajo surgió en 1977 la Asociación Vecinal La Unidad, de la que fue cofundador. Dos años después participó en la creación de la Federación de Asociaciones Vecinales de Córdoba Al-Zahara. Entre 1987 y 1991 ocupó la presidencia de la entidad, como tercer presidente de su historia. La secuencia es significativa porque muestra el paso de la acción local a una coordinación de ciudad: las necesidades de un barrio podían ganar fuerza política cuando se vinculaban a una red capaz de convertir demandas dispersas en reivindicaciones compartidas.

Al-Zahara destaca también que Perea ayudó a tejer contactos para articular el movimiento vecinal en Andalucía y en el conjunto del Estado. Esa tarea organizativa, menos visible que una protesta, suele ser determinante para la continuidad de las asociaciones. La capacidad de intercambiar experiencias entre territorios permite que un conflicto local deje de percibirse como una anomalía aislada y se entienda como parte de problemas urbanos más amplios, relacionados con la desigualdad territorial, los servicios públicos o la participación democrática.

La protesta ferroviaria como prueba de una forma de hacer ciudad

Uno de los episodios que mejor condensan su trayectoria fue la movilización de finales de los años ochenta para exigir la remodelación de la red ferroviaria de Córdoba y la supresión de los pasos a nivel. Perea se encadenó a las vías junto a otros tres representantes vecinales para reclamar el denominado Plan Renfe. La acción provocó que fueran encausados por desórdenes públicos, aunque finalmente resultaron absueltos. Más allá de su dimensión judicial, aquel gesto ilustró el coste personal que asumían algunos dirigentes ciudadanos cuando las negociaciones ordinarias no lograban situar una reivindicación en la agenda pública.

La reforma ferroviaria no era una cuestión técnica ajena a la vida diaria. La eliminación de barreras físicas y de pasos a nivel afectaba a la seguridad, a la movilidad y a la conexión entre zonas de la ciudad. Por ello, Al-Zahara interpretó aquella campaña como un hito de transformación urbanística y ciudadana. En 2017 otorgó a Perea y a los otros tres participantes un Cervatillo de Plata, coincidiendo con el 25 aniversario de las movilizaciones. Perea ya había recibido el galardón a título personal en 2011 y se convirtió en la única persona distinguida dos veces con el máximo reconocimiento de la federación.

Cuando el conflicto social entró en los hogares

Su compromiso adquirió otra dimensión durante los años noventa, cuando la crisis de la heroína golpeó con especial dureza a muchas familias cordobesas. Al-Zahara recuerda su impulso a iniciativas destinadas a atender a jóvenes con problemas de dependencia. En ese ámbito, la intervención social requería algo más que condenas morales o respuestas policiales: exigía acompañar a familias desbordadas, reconocer la vulnerabilidad de los afectados y sostener recursos de atención en barrios donde el impacto de la droga agravaba la exclusión existente.

La federación evoca, en particular, el responso que pronunció tras enterrar al tercer hermano de una misma familia fallecido por sobredosis. El episodio expresa la gravedad humana de aquella crisis y ayuda a entender por qué Perea vinculó la acción comunitaria con el cuidado de las personas más expuestas. Su reacción no fue solo la de un sacerdote ante una pérdida; fue la de alguien que percibía que la acumulación de muertes en un mismo entorno familiar señalaba un fracaso social que no podía tratarse como un asunto privado.

Un legado que plantea una exigencia al presente

En los primeros años de este siglo, Perea coordinó el Área de Rehabilitación Concertada San Martín de Porres, una iniciativa orientada a combatir la degradación del barrio. Incluso después de su jubilación como párroco, en septiembre de 2017, mantuvo su vínculo con el movimiento ciudadano. También fue portavoz del primitivo Consejo del Movimiento Ciudadano y, según Al-Zahara, de sus equipos de trabajo salieron numerosos responsables vecinales de las últimas décadas. Su mayor aportación, por tanto, fue contribuir a formar una cultura de participación que sobreviviera a sus cargos y a su presencia personal.

El velatorio se celebra en el tanatorio de Las Quemadas y la misa exequial tendrá lugar este jueves 3 de septiembre, a las 18.00 horas, en la parroquia de Nuestra Señora del Castillo de Fuente Obejuna, según la Diócesis de Córdoba. Las condolencias trasladadas por Al-Zahara a familiares, amistades y al Sector Sur incorporan una petición de continuidad: que la lucha de Perea siga orientando el trabajo por el bienestar de la ciudad. En una etapa en la que los barrios afrontan nuevas desigualdades, su trayectoria recuerda que la participación vecinal no consiste solo en reclamar soluciones, sino en crear la organización y los vínculos necesarios para sostenerlas.

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