El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) inició una jornada de capacitación especializada para equipos de cuatro hospitales de la Ciudad de México, con el propósito de fortalecer su capacidad de respuesta ante emergencias y desastres. La actividad, realizada los días 1 y 2 de septiembre en las oficinas centrales del Instituto, forma parte del Programa Hospital Seguro, una estrategia orientada a mantener la atención médica aun cuando las instalaciones enfrenten condiciones críticas.
La capacitación reunió a personal del Hospital General y del Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional La Raza, así como del Hospital General de Zona No. 30 y del Hospital General de Zona No. 2-A “Francisco del Paso y Troncoso”. La selección de unidades combina hospitales de alta especialidad y establecimientos de atención general, un aspecto relevante porque la continuidad operativa depende tanto de los centros que concentran servicios complejos como de aquellos que reciben la demanda cotidiana y los primeros casos de urgencia.

Continuidad de los servicios como objetivo central
La doctora Janett Alvarado González, titular de la Coordinación de Proyectos Especiales en Salud del IMSS, inauguró las actividades en representación de la Dirección de Prestaciones Médicas, encabezada por la doctora Alva Alejandra Santos Carrillo. De acuerdo con el Instituto, el programa busca proteger a pacientes, trabajadores y visitantes, además de evitar que una contingencia obligue a suspender servicios indispensables en una ciudad donde la red hospitalaria atiende una alta demanda.
El enfoque no se limita a la reacción inmediata frente a sismos, inundaciones, incendios u otras contingencias. También contempla la identificación anticipada de vulnerabilidades que puedan afectar la infraestructura, el funcionamiento de los equipos médicos, las rutas de evacuación, el abastecimiento y la coordinación interna. En una emergencia, la disponibilidad de personal y camas resulta insuficiente si los edificios, los sistemas eléctricos, el suministro de agua o las comunicaciones no pueden sostener la operación hospitalaria.
Durante el entrenamiento, los participantes recibieron herramientas para enfrentar las evaluaciones interinstitucionales del Programa Hospital Seguro. Estas revisiones permiten detectar riesgos y áreas de oportunidad antes de que ocurra un evento adverso, con el fin de establecer medidas correctivas y prioridades de inversión. La utilidad de este mecanismo depende de que sus resultados se traduzcan en planes operativos, mantenimiento preventivo, simulacros y mejoras verificables, más allá del cumplimiento documental.
Un índice con 152 criterios para medir vulnerabilidades
El doctor Juan Carlos Sánchez Echeverría, jefe de Área Médica de la Coordinación de Proyectos Especiales en Salud de la Dirección de Prestaciones Médicas, explicó que el modelo de evaluación utiliza el Índice de Seguridad Hospitalaria, reconocido internacionalmente. La herramienta está integrada por 152 criterios, de los cuales 40 son considerados críticos para que un establecimiento de salud pueda funcionar de manera adecuada durante y después de una emergencia.
El índice permite revisar componentes estructurales, no estructurales y funcionales. En términos prácticos, ello implica valorar desde la resistencia y condiciones del inmueble hasta la seguridad de instalaciones eléctricas, gases medicinales, mobiliario, equipos y sistemas de comunicación. También analiza la capacidad de organizar mandos, movilizar recursos, atender víctimas y conservar servicios esenciales. La combinación de estos factores es determinante: una instalación puede permanecer en pie tras un desastre, pero quedar inutilizada si fallan sus redes internas o su organización operativa.
Sánchez Echeverría señaló que las evaluaciones serán efectuadas por especialistas acreditados de otras instituciones, una medida diseñada para dar objetividad al proceso y reducir posibles conflictos de interés. En las revisiones participan profesionales de medicina, enfermería, ingeniería biomédica, ingeniería estructural y arquitectura especializada en infraestructura hospitalaria. La intervención de disciplinas distintas responde a la complejidad de los hospitales, donde los riesgos clínicos y logísticos se entrelazan con las condiciones físicas de cada edificio.
Expansión regional y criterios de priorización
Como parte de su estrategia nacional, el IMSS prevé alcanzar inicialmente al menos 25 por ciento de sus establecimientos de salud mediante talleres regionales. Posteriormente, la capacitación se extendería a siete regiones adicionales del país, con prioridad para las zonas que presentan una mayor exposición a riesgos. El anuncio establece una primera meta de cobertura, aunque la efectividad de la expansión dependerá de que la capacitación llegue acompañada de evaluaciones periódicas y de recursos para atender las deficiencias detectadas.
La Ciudad de México representa un entorno particularmente sensible para este tipo de programas por su exposición sísmica, su densidad urbana y la presión constante sobre los servicios de salud. En ese contexto, preparar a unidades hospitalarias no sólo implica contar con protocolos de evacuación. También requiere prever la atención de lesionados, la redistribución de pacientes, la protección de áreas críticas y el funcionamiento de servicios como urgencias, quirófanos, terapia intensiva, laboratorio y farmacia.
El Instituto informó además que impulsa el modelo de Hospitales Resilientes, desarrollado por el IMSS y compartido internacionalmente a través de la Organización Panamericana de la Salud. El modelo incorpora criterios de accesibilidad, inclusión, sostenibilidad ambiental y gestión integral del riesgo de desastres. Esta visión amplía la evaluación tradicional de los inmuebles al considerar que una respuesta hospitalaria adecuada debe atender también a personas con discapacidad, poblaciones con necesidades diferenciadas y comunidades afectadas por la interrupción de los servicios.
Para el IMSS, la prioridad institucional es reducir el riesgo de desastres en los establecimientos de salud. El especialista subrayó que la seguridad de las personas “no es negociable” y la vinculó con una instrucción del director general, Zoé Robledo. El reto siguiente será convertir la formación de los equipos y los diagnósticos técnicos en capacidades sostenidas dentro de cada hospital, de modo que la preparación no dependa únicamente de una contingencia, sino que forme parte de la operación regular de la red médica.
