La expansión del hard discount ya se traduce en un nuevo mapa del retail regional. En México, Tiendas 3B cerró 2025 con 3,346 sucursales, por encima de las 3,316 de Walmart de México y Centroamérica, y lo hizo con menos de 1,000 referencias y una red de 18 centros de distribución. La diferencia no está en una campaña visible, sino en una operación ajustada: costos de operación de entre 11% y 13% sobre ventas, frente al 20% al 25% de los formatos tradicionales, según estimaciones del sector.

Ese resultado llegó después de varios años de construcción interna. Tiendas 3B, que cotiza en la Bolsa de Nueva York desde 2024, elevó sus ingresos 36.1% en 2025, aunque cerró con una pérdida operativa de 101 millones de pesos por cargos contables extraordinarios, frente a una ganancia de 61 millones el año previo. La cadena proyecta abrir entre 590 y 630 tiendas adicionales en 2026, mientras Walmart de México destinó 40% de su presupuesto de capital a remodelar Bodega Aurrerá y FEMSA acelera Bara en el Bajío.
El punto de partida regional fue Colombia. En 2009, Tiendas D1 abrió con una propuesta que rompió la lógica dominante del mercado: surtido básico, precios bajos y una estructura pensada para sostenerlos sin promociones permanentes. Desde entonces, el formato fue ganando terreno hasta concentrar 20.4% de las ventas del retail colombiano, según NielsenIQ. Un estudio del Banco de la República añadió otro dato: cinco años después de la llegada de una tienda de bajo costo a un municipio, la tasa de empleo resulta en promedio cuatro puntos porcentuales más alta que en localidades donde el formato aún no opera.
En Perú, la expansión tomó otro ritmo. Tiendas Mass, de Intercorp, superó los 1,250 locales a inicios de 2025, y la entrada de Tiendas 3A, del Grupo AJE, aceleró la competencia al rebasar los 200 locales en Lima en poco más de un año, según Peru Retail. En Chile, el ajuste fue más tardío, pero ya visible: SuperBodega aCuenta, de Walmart Chile, encabeza con 128 locales; Mass opera tras la compra de Erbi; y Super10 avanza desde la reconversión de los Mayorista 10 de SMU, en un mercado donde la marca propia aún ronda el 15% de la canasta básica.
En Centroamérica y República Dominicana, la fortaleza del modelo está en su repetición exacta: el mismo surtido de 1,000 a 1,800 productos, la misma mecánica de operación y una logística pensada para moverse sin exceso de inventario. El impulso reciente de las remesas, con crecimientos cercanos al 20% y niveles históricos, también empuja consumo hacia estas tiendas. Kantar estima que más del 70% de los hogares gestiona o batalla con su presupuesto, y ese ajuste favorece compras más pequeñas, frecuentes y planificadas.
La industria ya no discute solo precios. Deloitte proyecta que el hard discount podría capturar hasta 40% del mercado minorista regional y superar 30% del comercio minorista moderno en México hacia 2030. El siguiente paso del formato ya incorpora tecnología: micropricing en tiempo real, optimización de inventarios con inteligencia artificial y surtido ajustado por zona. La expansión depende menos de la vitrina que de la estructura que la sostiene, y ahí es donde el modelo ha marcado su ventaja.
