Guadalajara apuesta por cinco millones de árboles para ampliar su infraestructura verde durante la próxima década

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Guadalajara busca convertir la reforestación urbana en una política de largo plazo. Bosque Urbano de Extra AC proyecta plantar cinco millones de árboles en la ciudad durante los próximos 10 años, una meta que ampliaría de manera significativa el trabajo realizado hasta ahora por la asociación, que reporta más de 2.8 millones de ejemplares distribuidos en distintos puntos de la capital jalisciense.

El anuncio fue realizado por el presidente de la organización, Juan Arturo Covarrubias Valenzuela, quien planteó como objetivo que Guadalajara sea “la ciudad más arbolada de México”. La meta no se limita a una campaña temporal: supone mantener una capacidad permanente de producción, distribución y acompañamiento para que los árboles lleguen a espacios donde puedan desarrollarse y no únicamente ser entregados como parte de una jornada de plantación.

Una meta de diez años con una operación diaria

La asociación estableció para este año la entrega de 350 mil árboles. Hasta el momento ha distribuido más de 200 mil ejemplares y mantiene un ritmo superior a mil árboles diarios. Si esa capacidad se conservara durante la próxima década, el programa podría sostener un flujo constante de plantaciones; sin embargo, alcanzar cinco millones requerirá incrementar o mantener la producción, además de asegurar que cada ejemplar tenga condiciones adecuadas de suelo, agua, espacio y cuidados posteriores.

El modelo de Bosque Urbano de Extra AC se apoya en la participación de particulares. Los árboles son entregados a personas que asumen el compromiso de plantarlos y cuidarlos, una condición que, de acuerdo con Covarrubias Valenzuela, ha contribuido a que los ejemplares distribuidos en Guadalajara registren uno de los niveles de supervivencia más altos del mundo. El dato coloca el acento en un aspecto decisivo de cualquier política de reforestación: el éxito no debe medirse únicamente por el número de árboles entregados o plantados, sino por cuántos sobreviven y alcanzan un tamaño capaz de generar beneficios ambientales.

El antiguo penal como prueba para recuperar espacios urbanos

Uno de los proyectos vinculados con esta estrategia es la transformación del Parque de la ex Penal de Oblatos en un Bosque Urbano. En una primera etapa se contempla entregar cinco mil árboles, aunque la asociación asumió ante la alcaldesa de Guadalajara, Verónica Delgadillo, el compromiso de aportar los ejemplares que sean necesarios para consolidar la intervención.

El Ayuntamiento tapatío prevé plantar inicialmente 600 nuevos ejemplares dentro del parque, que actualmente cuenta con alrededor de 970. La intervención municipal incluye también la renovación de áreas deportivas y recreativas, así como la ampliación de la superficie arbolada. La combinación de vegetación, infraestructura recreativa y recuperación del espacio busca modificar el uso cotidiano del sitio: pasar de ser un área asociada con una antigua instalación penitenciaria a convertirse en un parque accesible para las familias de la zona.

La diferencia entre las cinco mil plantas anunciadas por la asociación y los 600 árboles contemplados inicialmente por el municipio puede responder a etapas distintas del proyecto, a objetivos de producción o a áreas de intervención que aún deben definirse. Precisar esa planeación será importante para evitar que las cifras se interpreten como compromisos contradictorios y para establecer con claridad cuántos árboles se plantarán, en qué zonas, con qué especies y bajo qué esquema de mantenimiento.

Más árboles también implica más cuidado urbano

El proyecto plantea una oportunidad para ampliar la infraestructura verde dentro de una ciudad densamente urbanizada, pero también exige criterios técnicos que acompañen la meta numérica. Plantar árboles en banquetas, parques o antiguos espacios institucionales requiere seleccionar especies compatibles con el clima, el tipo de suelo, la disponibilidad de agua y la infraestructura existente. Una plantación mal ubicada puede provocar daños en banquetas, interferir con servicios públicos o reducir las posibilidades de supervivencia del ejemplar.

La experiencia acumulada por la asociación, así como la participación de las familias, puede ayudar a resolver una parte del desafío. Aun así, una estrategia de cinco millones de árboles necesitará mecanismos de seguimiento que permitan conocer la tasa de supervivencia por zona, identificar los puntos con mayor mortalidad y reemplazar los ejemplares perdidos. También será relevante definir responsabilidades entre autoridades, organizaciones y ciudadanos, especialmente durante los primeros años, cuando el riego y la protección son determinantes.

La expansión del arbolado puede aportar sombra, reducir la exposición al calor, mejorar la calidad del espacio público y favorecer la convivencia comunitaria. Sus beneficios, sin embargo, no se distribuyen automáticamente. Si las nuevas plantaciones se concentran en áreas con mayor disponibilidad de suelo o en proyectos visibles, otras colonias con menor cobertura vegetal podrían quedar rezagadas. Por ello, la selección de los lugares deberá considerar tanto la viabilidad técnica como las desigualdades ambientales dentro de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

La apuesta por una red de pequeños bosques

Covarrubias Valenzuela defendió la recuperación de más espacios urbanos para convertirlos en pequeños bosques dentro de la ciudad. La propuesta parte de una idea relevante: Guadalajara no depende únicamente de grandes parques para aumentar su cobertura vegetal. También puede aprovechar predios públicos, instalaciones en desuso y áreas subutilizadas para crear una red de espacios arbolados conectados con la vida cotidiana de los barrios.

El caso de la ex Penal de Oblatos funcionará como una referencia para evaluar ese modelo. Su resultado dependerá menos del anuncio inicial que de la capacidad institucional para mantener el parque, proteger los árboles jóvenes, renovar las instalaciones y garantizar que el lugar permanezca activo y seguro. La reforestación, acompañada de servicios recreativos y apropiación comunitaria, puede convertir un espacio abandonado o deteriorado en un activo urbano; sin mantenimiento, en cambio, la inversión corre el riesgo de perderse.

La meta de cinco millones coloca a Guadalajara ante un reto de continuidad. El número expresa una ambición ambiental clara, pero su impacto final se definirá por la supervivencia de los árboles, la calidad de los espacios recuperados y la distribución equitativa de sus beneficios. En los próximos años, la ciudad deberá demostrar que plantar más también significa planear mejor, cuidar durante más tiempo y garantizar que el nuevo arbolado forme parte estable de la infraestructura pública.

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