Felipe de Edimburgo vio en internet una salida para la Corona

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Tras la muerte de Diana de Gales, Felipe de Edimburgo defendió que internet podía hacer a la familia real británica más accesible en todo el mundo, una propuesta que inicialmente fue recibida con escepticismo dentro del entorno de Buckingham. La idea surgió en una etapa de fuerte presión para la Corona, obligada a revisar su relación con una ciudadanía que pedía respuestas, cercanía y transparencia después de la tragedia de París.

Simon Lewis, secretario de comunicaciones del Palacio de Buckingham entre 1998 y 2000, recordó en el pódcast The Royals, de The Times, una conversación con el duque poco después del fallecimiento de Diana. Según Lewis, Felipe quería saber hacia dónde avanzaba la comunicación institucional y le explicó cómo la red podía abrir a los Windsor a una audiencia global. La conversación tuvo lugar en 1998, cuando, de acuerdo con el exresponsable de comunicación, apenas cien millones de personas utilizaban internet.

Una propuesta recibida con reservas

La reacción no fue entusiasta. “Mucha gente pensó: ‘Es otra de sus ideas. La guardaremos en el cajón’. Pero tenía razón”, relató Lewis. La familia real ya había estrenado su primera página web oficial en 1997, pero el impulso de desarrollar una presencia institucional en ese nuevo espacio respondía a una preocupación más amplia: evitar que la monarquía quedara al margen de un cambio que transformaría el acceso del público a la información.

La cuestión era especialmente sensible tras la crisis de popularidad provocada por la muerte de la princesa de Gales, de la que este 31 de agosto se cumplen 29 años. Felipe, habitualmente situado en un segundo plano como consorte de Isabel II, aparecía en este episodio como una figura interesada en la manera en que la institución debía dirigirse a la sociedad, más allá de los canales tradicionales.

Una intuición anterior a la red

Su interés por los avances técnicos no comenzó con internet. En 1947 había planteado televisar su boda con Isabel, aunque la propuesta fue rechazada. Diez años después, la coronación de Isabel II sí se emitió en directo por televisión y se convirtió en un acontecimiento internacional que modificó la exposición pública de la Corona.

En las décadas siguientes, la dimensión televisiva también estuvo presente en la investidura de Carlos como príncipe de Gales. Más tarde llegaron el correo electrónico, la página web institucional y las redes sociales. YouTube, Twitter y Facebook pasaron a formar parte de los canales habituales de la Casa Real, dentro de una evolución que Felipe había defendido desde mucho antes: la autoridad de la monarquía no podía descansar únicamente en la tradición, sino también en su capacidad de estar presente donde se encontraban los ciudadanos.

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