La semana actual transcurre bajo la fase de cuarto creciente, según datos de la NASA. La Luna se encuentra en el primer cuarto de su órbita mensual, con solo la mitad de su cara visible iluminada. Sale alrededor del mediodía y se oculta cerca de la medianoche, ofreciendo una posición elevada durante la noche que facilita su observación.

Al concluir esta fase, la siguiente semana traerá la luna llena, cuando el satélite se sitúe directamente opuesto al Sol. Su cara visible quedará completamente iluminada, creando las condiciones ideales para contemplar el cielo nocturno sin interferencias de iluminación parcial.
Clima extremo sin atmósfera
El entorno lunar carece de atmósfera protectora y se rige por una exosfera tenue. Esto genera variaciones térmicas abruptas: hasta 121 °C en el ecuador durante el día y -133 °C tras el anochecer. En los cráteres polares las temperaturas pueden descender por debajo de -246 °C debido a la ausencia de retención de calor.
A diferencia de la Tierra, en la Luna no existen nubes, precipitaciones ni tormentas. El clima se limita a cambios térmicos rápidos, impactos de meteoroides y radiación solar directa. Estas condiciones subrayan por qué cualquier futura presencia humana requerirá sistemas de aislamiento térmico y protección contra partículas de alta energía.
