El exministro de Defensa ruso Sergei Ivanov falleció el viernes a los 73 años, según informó la liga rusa de baloncesto VTB, donde ocupaba el cargo de presidente honorario. Su muerte cierra una trayectoria política estrechamente vinculada al presidente Vladimir Putin, con quien compartió formación en los servicios de inteligencia soviéticos.
Ivanov ejerció como titular de Defensa entre 2001 y 2007, durante el primer mandato presidencial de Putin. En esa etapa dirigió la modernización inicial de las Fuerzas Armadas rusas y participó en la redefinición de la política de seguridad tras los atentados de 1999 y el inicio de la segunda guerra de Chechenia.

De los servicios de inteligencia al Kremlin
La relación entre Ivanov y Putin se remonta a los años setenta, cuando ambos integraron el KGB. Ivanov completó su formación en Minsk, capital de Bielorrusia, y alcanzó el grado de coronel general. Esta experiencia común en los órganos de seguridad constituyó la base de una confianza que se mantuvo intacta durante más de tres décadas, incluso cuando otros colaboradores cercanos caían en desgracia.
A mediados de la década de 2010, Ivanov fue designado representante especial de Rusia para Asuntos de Actividades Ambientales, un cargo que le permitió mantener perfil público sin asumir responsabilidades operativas de primer orden. Su trayectoria posterior incluyó funciones de coordinación en el ámbito presidencial, siempre dentro del círculo más estrecho del poder.
El momento de la sucesión frustrada
En 2007, cuando Putin debía abandonar temporalmente la presidencia por límite constitucional, Ivanov figuró entre los nombres más mencionados como posible sucesor. Sin embargo, el entonces presidente optó por Dmitri Medvedev. Ivanov aceptó el cargo de vice primer ministro durante el período en que Putin ejerció como jefe de Gobierno, una decisión que evidenció tanto su lealtad como su capacidad para adaptarse a los reajustes del poder.
Con el regreso de Putin al Kremlin en 2012, Ivanov asumió la jefatura de gabinete de la Presidencia, uno de los puestos de mayor confianza institucional. Desde allí gestionó el flujo de información y la coordinación entre los distintos órganos del Estado, sin ocupar nunca un cargo electivo ni presentarse como figura independiente.
Un perfil de continuidad institucional
La carrera de Ivanov ilustra un patrón recurrente en la élite rusa post-soviética: la permanencia de funcionarios formados en los servicios de seguridad que ocupan posiciones clave sin generar competencia visible al líder principal. Su trayectoria no incluyó rupturas públicas ni posicionamientos críticos hacia las decisiones presidenciales, lo que le permitió mantenerse en el entorno de poder hasta el final de su vida.
La liga VTB, al comunicar el fallecimiento, destacó su labor como presidente honorario, un rol que desempeñó en los últimos años sin vinculación directa con la gestión cotidiana de la competición. El anuncio oficial no detalló causas del deceso, práctica habitual en comunicados de este tipo en Rusia.
