Dos trabajadores de la central hidroeléctrica Trishuli 3A fueron rescatados con vida en Nepal después de permanecer nueve días atrapados por las inundaciones desencadenadas tras el colapso de un glaciar, ocurrido el 26 de agosto. El hallazgo ofrece una señal concreta de supervivencia en una emergencia marcada por cifras todavía inciertas y por centenares de operarios que no han podido ser localizados en instalaciones energéticas de la región.
Los rescatados son un capataz y un supervisor mecánico de la planta. Según informó el portavoz del Ejército nepalí, el general Raja Ram Basnet, ambos fueron evacuados de inmediato para recibir atención médica. El diputado Shri Ram Neupane también confirmó la operación. Las autoridades no detallaron las condiciones en que sobrevivieron ni el punto exacto donde fueron encontrados, elementos que serán relevantes para ajustar la estrategia de búsqueda en los sectores aún anegados o bloqueados.

Un rescate que modifica la urgencia operativa
La recuperación de dos personas tras más de una semana no reduce la dimensión de la tragedia, pero sí altera una premisa decisiva para los equipos de emergencia: no todos los desaparecidos deben ser considerados de inmediato como víctimas mortales. En desastres de inundación repentina, la supervivencia depende de la existencia de cámaras de aire, reservas de agua, zonas elevadas, vías de acceso alternativas y comunicación parcial entre estructuras. Cada uno de esos factores debe ahora ser revisado dentro del complejo de Trishuli 3A.
La Asociación de Productores Independientes de Energía de Nepal señaló que al menos 557 trabajadores vinculados al proyecto continúan desaparecidos. De ellos, se estima que unos 115 podrían permanecer atrapados en el túnel principal. Esa diferencia es sustancial: una persona desaparecida puede haber sido arrastrada, evacuada sin registro o quedar incomunicada; quienes se encuentran dentro de un túnel enfrentan, en cambio, un riesgo concentrado por falta de oxígeno, agua acumulada, derrumbes y dificultades para abrir rutas de acceso sin provocar nuevos colapsos.
El túnel concentra la parte más delicada de la emergencia
Las galerías hidroeléctricas están diseñadas para conducir agua y alojar infraestructura técnica, no para funcionar como refugios prolongados. Cuando una crecida invade estos espacios, la operación de rescate exige equilibrar velocidad y cautela. Bombear agua, perforar una entrada o retirar escombros puede ser indispensable, pero también puede modificar presiones internas, debilitar paredes o cortar los únicos espacios respirables disponibles. Por ello, la localización de los dos sobrevivientes podría aportar información práctica sobre rutas, niveles de inundación y áreas que conservan condiciones mínimas de habitabilidad.
La magnitud del problema rebasa una sola instalación. El ministro de Comunicaciones, Bikram Timilsina, indicó que las autoridades mantienen la esperanza de encontrar más sobrevivientes en los doce proyectos hidroeléctricos de la zona, donde se concentran cerca de 900 operarios no localizados. La dispersión de esos proyectos obliga a dividir recursos humanos, maquinaria y apoyo médico en varios frentes, mientras las condiciones geográficas de Nepal dificultan el desplazamiento de equipos pesados y la transmisión de información fiable.
De un colapso glaciar a una crisis de infraestructura
El desastre se originó con el colapso de un glaciar, un fenómeno capaz de liberar enormes volúmenes de agua y sedimentos en un lapso muy corto. En valles montañosos, esa descarga puede transformarse rápidamente en una avenida torrencial que golpea puentes, carreteras, poblados y centrales hidroeléctricas situadas río abajo. La vulnerabilidad no se limita a la fuerza del agua: lodo, rocas y árboles pueden obstruir túneles, destruir sistemas eléctricos y aislar a cuadrillas que se encontraban trabajando bajo tierra.
La concentración de proyectos energéticos en corredores fluviales responde a una lógica económica clara: Nepal posee un importante potencial hidroeléctrico por su relieve y sus ríos. Sin embargo, esa misma geografía expone a las plantas a riesgos asociados con lluvias extremas, deslizamientos y cambios en los glaciares del Himalaya. El episodio actual muestra que la seguridad de una central no puede evaluarse únicamente por la solidez de la presa o de las turbinas; debe incluir las rutas de evacuación, los sistemas de alerta, la comunicación subterránea y la protección real de sus trabajadores.
Las cifras nacionales revelan una emergencia aún abierta
La agencia nepalí de gestión de desastres situó en 1,259 el número de muertos y en más de 5,000 el de desaparecidos en el país. A estas cifras se añaden 21 fallecidos y 541 personas no localizadas en la región del Tíbet, de acuerdo con reportes del gobierno chino. La dimensión transfronteriza confirma que no se trata de un incidente aislado en una obra, sino de un evento de gran escala dentro de una cuenca montañosa compartida, donde las consecuencias del agua no respetan límites administrativos.
Las cifras deben leerse con prudencia. En una catástrofe de esta naturaleza, los registros iniciales suelen cambiar a medida que las comunidades restablecen contacto, se cruzan listas de trabajadores y se accede a zonas remotas. No obstante, incluso con posibles correcciones, el volumen de personas sin localizar evidencia que la prioridad inmediata seguirá siendo salvar vidas, identificar puntos de atrapamiento y sostener la atención sanitaria de los rescatados. La reconstrucción de plantas, carreteras y redes eléctricas sólo podrá empezar plenamente cuando se conozca el alcance humano de la devastación.
La lección pendiente tras la búsqueda
El rescate en Trishuli 3A introduce una razón fundada para prolongar las labores, pero también deja una exigencia para el futuro. La expansión hidroeléctrica en territorios de alta montaña requiere planes de contingencia que contemplen eventos de evolución rápida, incluidos los provocados por inestabilidad glaciar. Eso implica monitoreo ambiental continuo, simulacros adaptados a túneles, protocolos para registrar a cada trabajador y sistemas redundantes de comunicación y salida. La supervivencia de dos operarios no resuelve la tragedia, pero demuestra por qué, ante desastres complejos, cada hora de búsqueda debe apoyarse en información técnica y no sólo en estimaciones iniciales.
