El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas reducirá a la mitad el número de personas que reciben asistencia alimentaria en Cisjordania, al no disponer de recursos suficientes para mantener su actual operación. La medida afectará a 200.000 de las 400.000 personas consideradas más vulnerables que hasta ahora recibían apoyo del organismo en el territorio palestino ocupado, según informó este martes en Ginebra el director del PMA para Palestina, Shaun Hughes.

El anuncio se produce en un momento de deterioro sostenido de las condiciones de acceso a alimentos. De acuerdo con los datos expuestos por el PMA, unas 900.000 personas en Cisjordania padecen inseguridad alimentaria, una situación definida por la falta de acceso regular a alimentos suficientes y adecuados. Las necesidades alimentarias de la población se han duplicado desde 2023, coincidiendo con el inicio de la guerra en Gaza.
Una reducción centrada en los hogares más expuestos
La decisión no implica que las necesidades hayan disminuido, sino que la capacidad de respuesta humanitaria se ha contraído. Hasta ahora, el PMA concentraba su asistencia en 400.000 personas identificadas como las más vulnerables dentro de una población mucho mayor afectada por la inseguridad alimentaria. A partir de esta reducción, solo podrá entregar víveres esenciales a 200.000 personas, lo que deja sin cobertura a la mitad de los actuales beneficiarios del programa.
Hughes atribuyó el recorte directamente al agotamiento de los fondos disponibles. La advertencia vuelve a mostrar la dependencia de las operaciones humanitarias de las contribuciones voluntarias internacionales: cuando la financiación no acompaña el aumento de las necesidades, las agencias deben priorizar casos y limitar la frecuencia, el alcance o el número de ayudas. En este caso, el margen de selección se estrecha en un territorio donde la demanda ya supera ampliamente la capacidad de asistencia del PMA.
La entrega de víveres esenciales puede amortiguar las consecuencias más inmediatas de la escasez, pero no sustituye una respuesta suficiente para el conjunto de la población afectada. Para los hogares que pierdan la asistencia, la reducción puede traducirse en una mayor dependencia de redes familiares, endeudamiento, compra de productos más baratos y menos nutritivos o disminución de las raciones. Son mecanismos frecuentes en contextos de presión económica y alimentaria, aunque su impacto concreto varía según los ingresos, el lugar de residencia y la composición de cada familia.
El conflicto agrava una crisis previa
Cisjordania afrontaba dificultades económicas y restricciones de movilidad antes de octubre de 2023, pero el estallido del conflicto armado en Gaza agravó el contexto regional. El incremento de las necesidades alimentarias señalado por el PMA refleja una combinación de factores: pérdida o inestabilidad de ingresos, encarecimiento de bienes básicos, obstáculos para el desplazamiento de trabajadores y mercancías y una presión creciente sobre los servicios y mecanismos comunitarios de apoyo.
A diferencia de Gaza, donde la guerra ha provocado una devastación directa y masiva de la infraestructura civil, la emergencia alimentaria en Cisjordania responde a una dinámica distinta, aunque vinculada a la misma crisis regional. La interrupción de la actividad económica, las restricciones de acceso y la incertidumbre prolongada pueden erosionar de forma gradual la capacidad de las familias para adquirir alimentos. Esa degradación resulta especialmente relevante para los hogares que ya tenían ingresos precarios antes de la escalada del conflicto.
La cifra de 900.000 personas con inseguridad alimentaria sitúa el problema más allá de los grupos atendidos por la ayuda internacional. El PMA cubría anteriormente a menos de la mitad de ese total, y el recorte anunciado reduce la cobertura a poco más de una quinta parte. La diferencia entre la población con necesidad y la población asistida ilustra la dimensión de la brecha financiera: incluso antes de la reducción, una parte sustancial de las personas afectadas no estaba incluida en el programa alimentario de la agencia.
Presión sobre la respuesta humanitaria
El anuncio del PMA añade presión a un sistema de ayuda que opera en un entorno de necesidades simultáneas en Gaza y Cisjordania. Las organizaciones internacionales deben movilizar recursos para responder a emergencias de gran escala, mientras las fuentes de financiación humanitaria compiten entre múltiples crisis globales. El resultado puede ser una priorización cada vez más restrictiva, en la que el apoyo se concentra en quienes presentan indicadores de mayor vulnerabilidad, aunque otros hogares también sufran privaciones relevantes.
La continuidad de la asistencia dependerá de que el PMA logre obtener financiación adicional y de que pueda mantener sus operaciones sobre el terreno. El organismo no detalló en el anuncio qué criterios específicos determinarán quiénes conservarán la ayuda ni durante cuánto tiempo se aplicará la reducción. Esos elementos serán determinantes para evaluar el alcance social de la medida, en particular en comunidades con menor capacidad para absorber nuevas pérdidas de ingresos o aumentos del costo de vida.
La reducción llega, además, cuando la seguridad alimentaria se ha convertido en uno de los principales indicadores de la presión humanitaria en los territorios palestinos. No se limita a la disponibilidad física de alimentos: también depende de que las familias puedan comprarlos, transportarlos y consumirlos de manera regular. Por ello, un recorte de la ayuda alimentaria puede tener efectos que se extienden a la salud, la educación y la estabilidad económica de los hogares, especialmente cuando se prolonga durante varios meses.
La financiación, factor decisivo
La advertencia del PMA plantea una necesidad inmediata de recursos, pero también subraya un problema estructural de la respuesta humanitaria: la planificación depende de aportes que pueden no llegar al ritmo de una crisis que se profundiza. Mientras las necesidades en Cisjordania se han duplicado desde 2023, la reducción de beneficiarios revela que la disponibilidad financiera avanza en sentido contrario. La distancia entre ambos indicadores condicionará la capacidad de evitar que más hogares pasen de una inseguridad alimentaria moderada a situaciones de mayor gravedad.
Por ahora, el PMA mantendrá la entrega de productos esenciales para 200.000 personas en Cisjordania. Sin nuevos fondos, esa asistencia será insuficiente para compensar la pérdida de cobertura de otros 200.000 beneficiarios ni para atender a la totalidad de las 900.000 personas que, según la agencia, carecen de acceso regular a alimentos. La evolución de la financiación internacional y de las condiciones sobre el terreno definirá si el recorte es una medida temporal o el inicio de una contracción más profunda de la ayuda.
