El dólar estadounidense inició este 4 de septiembre en 16,90 pesos mexicanos en promedio, una baja de 0,13% frente al cierre previo de 16,92 pesos. La cotización prolonga una racha negativa de tres jornadas y confirma una presión vendedora de corto plazo sobre la divisa estadounidense. En una semana, el dólar acumula una caída de 0,79%; en comparación anual, el retroceso alcanza 8,14%, un desempeño que refleja la fortaleza reciente del peso.

Estabilidad inmediata, riesgos hacia el cierre
La volatilidad observada, de 3,1%, se mantiene claramente por debajo de la referencia de 7,3%, una señal de que el mercado cambiario opera sin sobresaltos inmediatos. Sin embargo, esa calma no elimina los factores que pueden modificar la tendencia. El crecimiento de México, la renegociación del T-MEC, la política arancelaria de Estados Unidos y las decisiones de la Reserva Federal seguirán definiendo el equilibrio entre flujos hacia el peso y demanda de dólares.
El nearshoring y la entrada de divisas asociada al Mundial de 2026 podrían apuntalar a la moneda mexicana, al elevar la inversión y la actividad turística. Pero las previsiones de cierre de año sugieren que el actual nivel no necesariamente será permanente: Hacienda estima un tipo de cambio de 19,70 pesos por dólar; Banorte, 19,30; y las proyecciones consultadas por Banco de México se ubican entre 20,00 y 20,50. Citi México prevé un rango de 19,50 a 20,20 pesos.
La distancia entre la cotización actual y esas estimaciones revela una lectura prudente: el peso conserva apoyo en el corto plazo, pero el consenso anticipa una depreciación gradual conforme se aclaren las condiciones comerciales, fiscales y monetarias. Un crecimiento del PIB de entre 1,15% y 1,4% sería favorable, aunque insuficiente por sí solo para neutralizar choques externos. Para empresas e importadores, el mensaje es que la estabilidad actual reduce la urgencia, pero no sustituye la cobertura cambiaria ante un escenario de mayor ajuste hacia 2026.
