El nuevo tráiler de la adaptación de Harry Potter y la piedra filosofal ha abierto un debate sobre la influencia de TikTok y de las pantallas verticales en la forma de construir imágenes para el cine y la televisión. Un sencillo experimento, consistente en superponer un rectángulo con proporción 9:16 sobre el centro del avance, muestra que algunos planos conservan su información principal mientras otros pierden personajes, espacio y elementos relevantes de la escena.
El resultado no demuestra que HBO haya rodado la serie pensando exclusivamente en TikTok, ni que la producción esté abandonando el formato panorámico. Sí evidencia, en cambio, una exigencia cada vez más importante para las obras audiovisuales: sus imágenes deben poder circular en televisores, ordenadores y teléfonos antes incluso de que el público decida ver la serie completa.
Un estreno previsto para Navidad de 2026
HBO presentó un nuevo avance de la adaptación televisiva del primer libro de J.K. Rowling. La producción llegará en Navidad de 2026 y su primera temporada estará compuesta por ocho episodios. En el tráiler aparecen escenarios y momentos reconocibles del universo de Harry Potter, entre ellos Hogwarts, el Gran Comedor, un partido de Quidditch y el Sombrero Seleccionador.
La atención en redes sociales se concentró en la composición de varias imágenes. En numerosos planos, el elemento central permanece visible al aplicar un recorte vertical, mientras que la información situada en los extremos desaparece. Esa característica llevó a algunos espectadores a interpretar que el material había sido diseñado para funcionar especialmente bien en plataformas como TikTok.

Sin embargo, extraer esa conclusión a partir de un solo tráiler sería prematuro. Los avances suelen editarse con objetivos distintos a los de una serie completa. Deben presentar personajes, conflicto, espectáculo y tono en pocos minutos, y además adaptarse a múltiples canales de distribución, desde una sala de cine o un televisor hasta un anuncio integrado en un flujo de vídeos verticales.
Qué desaparece cuando cambia el encuadre
La diferencia entre ambos formatos puede medirse con claridad. Si se coloca un rectángulo vertical 9:16 en el centro de una imagen 16:9 y se mantiene la misma altura, el área visible conserva únicamente el 56,25 % del ancho original. Aproximadamente el 43,75 % del espacio horizontal queda fuera del encuadre.
Ese porcentaje no determina por sí solo cuánto significado pierde una escena. Un personaje situado en el centro puede seguir siendo perfectamente reconocible. En cambio, una conversación entre dos figuras colocadas a ambos lados, un paisaje amplio o una acción repartida por todo el plano pueden dejar de entenderse. El recorte no solo elimina superficie: también altera las relaciones espaciales que organizan la imagen.
Por esa razón, adaptar un vídeo horizontal a una pantalla vertical no equivale simplemente a cortar los laterales. La proporción modifica el protagonismo, comprime el espacio y puede desplazar la atención desde el entorno hacia el rostro o el cuerpo de una persona. Los planos medios y los primeros planos suelen resistir mejor este proceso, mientras que las composiciones abiertas dependen mucho más de la información que queda fuera del centro.
El centro de la imagen no nació con TikTok
La utilización del centro del encuadre como punto de atención es muy anterior a las redes sociales. Los cineastas llevan décadas empleando la simetría, la perspectiva y las líneas arquitectónicas para guiar la mirada del espectador. El resplandor, de Stanley Kubrick, ofrece uno de los ejemplos más conocidos de esta estrategia: muchos de sus planos organizan la escena alrededor de un eje central cuidadosamente definido.
Al someter esas imágenes al mismo recorte 9:16, algunos planos mantienen al personaje y parte de las líneas que estructuran la composición. Otros pierden información contextual, pero no necesariamente dejan de funcionar. La prueba permite distinguir entre dos fenómenos diferentes: el cine ya sabía cómo dirigir la atención hacia el centro; lo novedoso es que ese centro puede ser la única zona que sobreviva cuando una imagen se reproduce en un teléfono.
La resistencia de un plano a ese recorte depende, por tanto, de decisiones concretas de puesta en escena, fotografía y montaje. Una serie concebida para una pantalla horizontal puede contener imágenes compatibles con el formato vertical sin haber sido filmada bajo sus reglas. La coexistencia de ambos resultados impide hablar de una transformación uniforme del lenguaje cinematográfico.
La batalla por la atención empieza antes del episodio
El cambio más visible se encuentra en el contexto de consumo. Una persona puede descubrir la serie mediante un fragmento de TikTok, un anuncio de Instagram, un vídeo de YouTube o una publicación compartida en otra red. En esos casos, la producción compite por la atención antes de que el espectador llegue al televisor o a la plataforma donde verá el episodio completo.
Los datos de alcance ayudan a explicar la relevancia de ese entorno. En México, las herramientas publicitarias de TikTok registraban a finales de 2025 un alcance potencial equivalente al 89,7 % de los usuarios de internet del país, mientras que YouTube alcanzaba el 77 %. No se trata de cifras equivalentes a usuarios activos, pero sí reflejan el tamaño de los espacios donde circulan los avances.
Además, un estudio publicado en Journal of Interactive Marketing comparó anuncios verticales y horizontales en tres investigaciones y observó que los primeros podían generar más interés y engagement cuando se visualizaban en teléfonos. El efecto era especialmente marcado entre usuarios de la Generación Z. La explicación no implica que el formato vertical sea universalmente superior: ocupa de forma natural la pantalla móvil y reduce la necesidad de recortar o tolerar grandes zonas vacías.
Un tráiler no tiene la misma función que una serie
La diferencia entre promocionar una producción y contar su historia completa resulta esencial. El tráiler debe detener el desplazamiento del usuario y comunicar en segundos quiénes son los personajes, qué está en juego y por qué merece la pena continuar mirando. Esa presión favorece rostros reconocibles, acciones fáciles de interpretar y composiciones cuyo elemento principal pueda identificarse rápidamente.
La serie, en cambio, necesita sostener una narración durante ocho episodios y puede apoyarse en silencios, espacios amplios, relaciones entre varios personajes y detalles que no tendrían cabida en un anuncio breve. Por eso no es válido asumir que los criterios visibles en el avance describen la totalidad de la fotografía o de la puesta en escena de la adaptación.
HBO ha informado de que su primer tráiler oficial acumuló más de 277 millones de visualizaciones orgánicas durante las primeras 48 horas, convirtiéndose, según la compañía, en el avance más visto de la historia de HBO y HBO Max. A esa escala, el tráiler funciona simultáneamente como adelanto narrativo y como pieza publicitaria multiplataforma.
La conclusión más prudente es que TikTok no ha inventado el encuadre centrado ni ha obligado a Hollywood a rodar sus historias en vertical. Lo que ha cambiado es el lugar donde comienza la relación del público con una obra. Una imagen de Harry Potter debe llamar la atención en una pantalla panorámica, pero también ser reconocible dentro de un rectángulo estrecho mientras alguien desliza el dedo. El debate, por tanto, no está tanto dentro de Hogwarts como en las condiciones de acceso que rodean a la serie.
