Argentina ingresó en una fase de mayor vigilancia climática tras la confirmación de un episodio de El Niño fuerte o muy fuerte, cuya persistencia está prevista al menos durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) indicó en su boletín de septiembre de 2026 que la probabilidad de continuidad de la fase cálida del fenómeno ENOS durante ese período es del 100%. La señal más marcada de precipitaciones por encima de los valores habituales se concentra inicialmente en el norte del Litoral, aunque los efectos potenciales abarcan una franja más amplia del centro y este del país.
La previsión no equivale a que todas las localidades registrarán lluvias intensas de forma constante ni permite anticipar la fecha exacta de una tormenta severa. Sin embargo, modifica el escenario de riesgo para las administraciones locales, el sector agropecuario y las poblaciones ubicadas en áreas ribereñas. La combinación entre mayor disponibilidad de humedad, suelos ya cargados y cuencas extensas puede convertir eventos puntuales de lluvia en problemas de anegamiento, crecida o interrupción de caminos y servicios.
Una señal consolidada antes de la primavera
El Niño es la fase cálida del sistema climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur. Se caracteriza por el aumento de la temperatura de la superficie del océano Pacífico ecuatorial central y oriental, una alteración que modifica la circulación atmosférica y puede afectar los regímenes de lluvia y temperatura a gran escala. En el Cono Sur, sus consecuencias no son idénticas en todas las regiones ni se repiten con la misma intensidad en cada episodio, pero los antecedentes justifican un seguimiento reforzado cuando la fase alcanza magnitudes elevadas.
José Luis Stella, climatólogo del SMN, señaló que la posibilidad de un evento de gran intensidad había sido anticipada por la comunidad meteorológica y que la evolución observada en los últimos meses confirmó esa expectativa. Según explicó, durante el invierno ya aparecieron patrones compatibles con la circulación asociada al fenómeno, en un período que incluyó nevadas históricas en sectores cordilleranos, lluvias en el Litoral y Patagonia, y temperaturas bajas en el sur patagónico.

La Organización Meteorológica Mundial también advirtió que el episodio se intensificaría en los próximos meses y podría mantenerse hasta febrero de 2027, con una probabilidad cercana al 100%. El organismo de Naciones Unidas vinculó el desarrollo del fenómeno con riesgos elevados de inundaciones, sequías y calor extremo en distintas partes del mundo. Para Argentina, la influencia esperada debe interpretarse dentro de su geografía y de la situación previa de cada cuenca, más que como una predicción uniforme para todo el territorio.
El norte del Litoral concentra la mayor probabilidad de exceso
El pronóstico climático trimestral del SMN ubica al norte del Litoral entre las áreas con mayor probabilidad de lluvias superiores a lo normal entre septiembre y noviembre. Misiones y el norte de Corrientes aparecen como zonas particularmente sensibles. Proyecciones difundidas en las últimas semanas señalan que las anomalías de septiembre podrían superar entre 150 y 200 milímetros en sectores donde el promedio mensual suele ubicarse entre 120 y 150 milímetros. De concretarse los escenarios más húmedos, los acumulados podrían superar los 300 milímetros.
Ese dato debe leerse con cautela: las previsiones estacionales expresan probabilidades sobre categorías de precipitación, no una cantidad garantizada para cada ciudad o paraje rural. Aun así, una diferencia de esa magnitud tendría consecuencias relevantes en una región atravesada por cursos de agua, áreas productivas y localidades con exposición recurrente a desbordes. La cuestión central no es únicamente cuánto llueve en un punto, sino con qué intensidad cae la lluvia, en cuánto tiempo se acumula y qué capacidad tienen el suelo y los sistemas de drenaje para absorberla o evacuarla.
Stella sostuvo que el norte del Litoral constituye la “clave” de la señal actual, aunque advirtió que, con el avance de la primavera, la probabilidad de precipitaciones por encima de los valores normales podría extenderse hacia el sur y el centro del país. Bajo un episodio fuerte, la franja húmeda y el este argentino quedan más expuestos a eventos de lluvia abundante, aun cuando la distribución final de esos eventos dependerá de condiciones atmosféricas de escala menor.
Las cuencas amplían el alcance del riesgo
La respuesta hidrológica de las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay es uno de los factores que puede ampliar el impacto territorial de El Niño. Las precipitaciones intensas en áreas ubicadas aguas arriba, incluso fuera de una provincia afectada, pueden traducirse días o semanas después en aumentos de caudal, crecidas y desbordes en tramos inferiores. Por esa razón, una evaluación basada solo en la lluvia local puede subestimar la exposición de puertos, barrios ribereños, rutas, caminos rurales y establecimientos productivos.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) advirtió que las cuencas y sus tributarios podrían atravesar situaciones de riesgo para las producciones y poblaciones rurales próximas a las planicies de inundación. Las crecidas del Paraná y del Iguazú, por ejemplo, pueden intensificarse ante lluvias excesivas en las cuencas altas. El desafío consiste en coordinar el monitoreo meteorológico con la información hidrométrica y con planes de contingencia locales, porque la llegada de una crecida no coincide necesariamente con el momento de la tormenta.
Buenos Aires y la región pampeana, bajo observación
La señal de exceso no se limita al noreste. El escenario de primavera contempla precipitaciones entre normales y superiores a lo normal en sectores del centro-este del país, mientras que parte del centro y del sur podría registrar temperaturas por debajo de la media. En este contexto, Buenos Aires, La Pampa, el sudoeste bonaerense y otras zonas centrales ingresan en una etapa de observación reforzada, especialmente donde los perfiles de suelo ya poseen altos niveles de humedad o las napas se encuentran cerca de la superficie.
En estas áreas, las lluvias frecuentes pueden ser beneficiosas para determinados cultivos si se distribuyen de manera regular y coinciden con etapas de demanda hídrica. Pero el balance puede cambiar rápidamente cuando el suelo pierde capacidad de infiltración. Los excesos hídricos afectan la transitabilidad, retrasan labores, elevan el riesgo de pérdidas en lotes bajos y presionan los sistemas urbanos de desagüe. El INTA remarcó que el impacto productivo no es homogéneo: depende de la posición del lote, el cultivo, el estado del ciclo y la dinámica de cada cuenca.
En el Área Metropolitana de Buenos Aires, la preocupación principal se vincula con tormentas intensas y acumulados importantes en períodos breves. Allí, la vulnerabilidad está condicionada no solo por la cantidad de lluvia, sino también por el nivel de urbanización, la impermeabilización del suelo y la capacidad de los drenajes. Una tendencia estacional húmeda no permite determinar qué municipio tendrá el evento más severo, pero sí justifica revisar protocolos preventivos antes de los meses de mayor actividad convectiva.
La diferencia entre una tendencia climática y una alerta
El SMN insiste en que los pronósticos trimestrales no describen el tiempo que habrá en una jornada concreta. Su utilidad reside en señalar un contexto de mayor o menor probabilidad respecto de los valores normales. Para decidir suspensiones de actividades, evacuaciones preventivas o medidas ante una tormenta, resultan decisivos los pronósticos de corto plazo, las alertas tempranas y los avisos emitidos con días u horas de anticipación.
La evolución de El Niño ofrece, por lo tanto, una certeza y una incertidumbre. La certeza es que aumenta la probabilidad de lluvias abundantes y de presión sobre cuencas y zonas vulnerables durante la primavera y el inicio del verano. La incertidumbre persiste sobre la localización, el momento y la intensidad de cada evento. La calidad de la respuesta dependerá de combinar la información estacional con el seguimiento diario de la atmósfera y de los ríos, una tarea que será determinante mientras el fenómeno mantenga su influencia sobre el país.
