Las consultoras y entidades financieras relevadas por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) proyectaron que la inflación de agosto se ubicó en el 1,7%, por debajo del umbral del 2% mensual. Para septiembre, en cambio, anticiparon una leve aceleración hasta el 1,8%, mientras que mantuvieron previsiones similares para los meses siguientes. El escenario delineado por los analistas no contempla una caída pronunciada del ritmo inflacionario, sino una etapa de relativa estabilidad en torno a esos niveles.
Las estimaciones forman parte del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), el informe que elabora mensualmente la autoridad monetaria a partir de consultas a economistas, bancos, consultoras e instituciones especializadas. Aunque sus resultados no constituyen una medición oficial, funcionan como una referencia relevante para evaluar cómo interpreta el mercado la evolución de los precios, la política económica y las condiciones monetarias.
Una baja moderada, sin cambio de tendencia
El dato más significativo del relevamiento es la expectativa de que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de agosto haya perforado el 2%. La proyección de 1,7% implicaría una desaceleración respecto de registros mensuales más elevados y reforzaría la percepción de que la inflación ingresó en una fase de menor variación. Sin embargo, la diferencia entre ese resultado y el 1,8% previsto para septiembre es demasiado acotada como para hablar de una desinflación consolidada.
La secuencia esperada por los analistas muestra, en realidad, un comportamiento de baja volatilidad: 1,7% en agosto, 1,8% en septiembre, 1,7% en octubre, 1,6% en noviembre y nuevamente 1,8% en diciembre. La ausencia de una trayectoria descendente sostenida sugiere que persisten factores capaces de mantener cierta presión sobre los precios, aun cuando el ritmo general sea significativamente inferior al de etapas anteriores.

Qué revela la proyección anual
Con las cifras previstas para los últimos meses del año, las consultoras estimaron que la inflación acumulada de 2026 rondaría el 30%. Ese cálculo debe interpretarse como una aproximación condicionada por la evolución de los precios regulados, los costos laborales, el tipo de cambio, las tarifas y el nivel de actividad. Una variación mensual cercana al 1,7% puede parecer acotada, pero sostenida durante varios meses produce un aumento significativo sobre el nivel general de precios.
La proyección también refleja que el mercado no espera que la desaceleración se profundice de manera automática. Para que la inflación mensual continúe bajando, deberían alinearse varios elementos: una política monetaria consistente, estabilidad cambiaria, moderación de las expectativas, menor traslado de costos y una demanda que no genere presiones adicionales. Si alguno de esos componentes se deteriora, el índice podría volver a acelerarse con rapidez.
El dato oficial será la referencia decisiva
La estimación del REM deberá contrastarse con la medición del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), que es la que define el resultado oficial del IPC. La información suministrada señala que el dato de agosto sería publicado el 10 de agosto, una referencia temporal que no resulta consistente con la fecha de publicación indicada para la noticia, el 4 de septiembre de 2026. Por esa razón, la fecha mencionada debe tomarse con cautela y verificarse en el calendario oficial del organismo estadístico.
Más allá de esa inconsistencia, la comparación entre el pronóstico y el número definitivo permitirá medir el grado de precisión de las expectativas privadas. También será importante observar la composición del índice: una inflación general de 1,7% puede esconder diferencias relevantes entre alimentos, servicios, combustibles, alquileres y otros rubros. La inflación núcleo, que excluye componentes estacionales y regulados, ofrecerá una señal adicional sobre la persistencia de los aumentos.
La estabilidad también plantea desafíos
Un ritmo inflacionario estable, pero cercano al 2% mensual, puede representar una mejora frente a períodos de mayor aceleración, aunque no elimina los problemas que genera la pérdida continua del poder adquisitivo. Para los hogares, la cuestión central no es únicamente si el índice baja respecto del mes anterior, sino si los ingresos, jubilaciones y salarios consiguen acompañar la evolución de los precios.
Para las empresas, en tanto, la previsibilidad puede facilitar la planificación de costos y contratos. Sin embargo, una inflación persistente obliga a revisar precios, salarios y financiamiento con frecuencia, y puede dificultar las decisiones de inversión de largo plazo. El desafío de la política económica será transformar la estabilidad proyectada por el REM en una reducción sostenida, sin provocar desequilibrios cambiarios, fiscales o de actividad que terminen revirtiendo la tendencia.
Un escenario condicionado por las próximas mediciones
El pronóstico del BCRA describe un cierre de año con variaciones mensuales contenidas y sin sobresaltos inflacionarios de gran magnitud. La cifra anual cercana al 30% constituye una referencia importante, pero todavía depende de la confirmación de los datos oficiales y del comportamiento de las variables que inciden sobre los precios. En este contexto, los próximos informes del Indec y las nuevas ediciones del REM serán determinantes para establecer si el 1,7%-1,8% mensual representa un piso transitorio o el comienzo de una etapa de mayor estabilidad.
