La edición del Cono Sur de Le Monde Diplomatique difundió recientemente un mapa que clasifica a los países de América Latina y el Caribe según su orientación política. El gráfico acompaña una serie de artículos firmados por Christophe Ventura, Juanita León, Ever Mejía y Jerson Ortiz, centrados en el ascenso de las nuevas derechas y en el triunfo electoral de Abelardo de la Espriella en Colombia. La distribución cromática coincide en gran medida con la empleada por otros medios internacionales, como The Economist, aunque introduce un matiz particular: el uso del color gris para varios territorios.
Los países pintados de azul incluyen Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, República Dominicana, Jamaica, Belice y la mayor parte de Centroamérica, con excepción de Guatemala y Nicaragua. En rojo aparecen Brasil, Uruguay, Guatemala, Venezuela, Cuba y México. El gris, sin embargo, se reserva para Surinam, Guyana, Guayana Francesa, Puerto Rico, Haití, las islas del Caribe y Nicaragua. Esta última categoría genera el mayor debate entre observadores y analistas regionales.
Criterios de clasificación y su aplicación
Una lectura convencional del gris podría sugerir regímenes híbridos que combinan elementos de izquierda y derecha. No obstante, los textos que acompañan el mapa apuntan en otra dirección: el color señala situaciones de incoherencia o falta de definición clara. En el caso de Haití, la explicación se vincula directamente a la crisis humanitaria y al control territorial ejercido por las pandillas, que impide la consolidación de políticas públicas estables y reconocibles dentro del espectro ideológico tradicional.

Para Surinam, Guyana, Guayana Francesa, Puerto Rico y las Antillas menores, el gris parece responder a una percepción de limitada soberanía. Esta interpretación, sin embargo, enfrenta objeciones cuando se examina el caso puertorriqueño. Aunque la isla no es un Estado soberano, su sistema político replica la división entre demócratas y republicanos de Estados Unidos. Bajo parámetros locales, el gobernador Pedro Pierluisi ha sido considerado de centro-izquierda, mientras que la actual gobernadora Jennifer González se alinea con posiciones más conservadoras cercanas al trumpismo. La presencia del gris en Puerto Rico contrasta con la clasificación en azul de Bahamas o Hawái, ambos vinculados a potencias extrarregionales sin que ello impida su adscripción política.
Nicaragua y el problema de la coherencia
El tratamiento de Nicaragua difiere del de Haití y Puerto Rico. El mapa no sitúa a Managua en gris por falta de soberanía ni por una emergencia humanitaria permanente, sino por una valoración crítica de las políticas públicas del gobierno de Daniel Ortega. Se argumenta que las decisiones adoptadas en materia económica, social y de relaciones exteriores carecen de una línea ideológica consistente, lo que justificaría su exclusión de las categorías convencionales de izquierda y derecha.
Esta misma lógica plantea interrogantes sobre Venezuela y Cuba. La administración de Delcy Rodríguez y el gobierno de Miguel Díaz-Canel también han sido objeto de críticas por contradicciones entre su retórica y sus prácticas concretas. Sin embargo, ambos países permanecen en rojo. La diferencia de criterio revela una tensión metodológica: ¿qué umbral de incoherencia debe alcanzarse para que un gobierno pierda su color ideológico? La ausencia de una explicación explícita en los textos de Le Monde Diplomatique deja esta cuestión abierta.
Comparación con otros medios y contexto regional
El mapa de Le Monde Diplomatique se inscribe en un esfuerzo más amplio por cartografiar el giro hacia la derecha que varios países latinoamericanos experimentaron entre 2023 y 2025. El triunfo de Abelardo de la Espriella en Colombia se presenta como parte de esa tendencia, junto con procesos electorales previos en Argentina y Ecuador. Al mismo tiempo, la permanencia de gobiernos de izquierda en Brasil, México y Venezuela muestra que la región continúa dividida.
La decisión de emplear el gris para ciertos casos introduce una variable cualitativa que otros medios suelen evitar. Mientras The Economist mantiene una escala más binaria basada en alineamientos electorales y políticas económicas observables, la publicación francesa incorpora un juicio sobre la consistencia ideológica de los gobiernos. Esta aproximación puede enriquecer el análisis, pero también expone al mapa a cuestionamientos sobre la objetividad de sus categorías.
El uso del color gris refleja, en última instancia, las dificultades inherentes a cualquier intento de reducir la complejidad política latinoamericana a dos colores. Las realidades de soberanía limitada, crisis humanitarias y políticas públicas contradictorias desafían las clasificaciones tradicionales. El debate que el mapa ha suscitado indica que, más allá de la paleta elegida, persiste la necesidad de criterios explícitos y aplicados de manera uniforme para comprender la orientación de los gobiernos de la región.
