La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) enfrenta un escenario marcado por la estrategia comercial del presidente Donald Trump, quien ha utilizado la presión inicial como herramienta habitual en sus negociaciones. Esta dinámica, observada ya durante la renegociación de 2017 a 2020, genera inquietud en regiones mexicanas altamente integradas a la economía norteamericana, como Coahuila, donde la industria automotriz y manufacturera representa un pilar fundamental del empleo formal.
Antecedentes de la presión comercial
El propio T-MEC surgió tras un proceso largo y tenso que incluyó amenazas arancelarias y revisiones de capítulos sensibles. Trump ha repetido el patrón de elevar el tono al inicio de las conversaciones para luego buscar concesiones. Ante esta táctica conocida, las autoridades mexicanas y los gobiernos estatales enfrentan el dilema de no sobrerreaccionar ni subestimar los riesgos de una incertidumbre prolongada que afecte las cadenas de suministro.
La integración productiva entre los tres países se consolidó durante más de tres décadas. Esta red de proveedores responde principalmente a razones económicas y de proximidad geográfica, más que a coyunturas políticas específicas. Por ello, una posible desaceleración no borraría de inmediato la estructura logística que une plantas en Coahuila con ensambladoras en Michigan o Ontario.

Efectos sectoriales en Coahuila
La entidad coahuilense concentra una parte significativa de la producción de autopartes y vehículos ligeros destinados al mercado estadounidense. Empresas como General Motors, Fiat Chrysler y sus proveedores dependen de reglas de origen claras y de plazos predecibles para planificar inversiones de largo plazo. Cualquier retraso en la definición de nuevos términos podría postergar proyectos de expansión o modernización tecnológica.
Los efectos indirectos alcanzan al turismo de negocios, la hotelería, los servicios de logística y el comercio minorista. Una reducción temporal en la actividad manufacturera se traduce rápidamente en menor ocupación hotelera en Saltillo o Ramos Arizpe y en menor demanda de alimentos y transporte local. El empleo formal, que en estos sectores supera los 300 mil puestos directos, representa un indicador sensible que los gobiernos estatales monitorean de cerca.
Oportunidades de modernización
La revisión del tratado también abre la puerta a actualizar capítulos que quedaron pendientes en 2020. La digitalización del comercio, la facilitación aduanera y el aprovechamiento del nearshoring figuran entre los temas que México podría proponer con datos concretos sobre el crecimiento de la inversión extranjera directa en el norte del país durante los últimos tres años. Defender el tratado no implica rechazar todo cambio, sino priorizar aquellos que refuercen la competitividad regional frente a Asia.
La prudencia en la negociación implica preparar equipos técnicos sólidos, mantener coordinación entre la Secretaría de Economía y los gobiernos estatales, y evitar declaraciones que puedan interpretarse como debilidad o confrontación innecesaria. La experiencia de 2018-2020 demostró que una postura firme pero constructiva permitió preservar el acceso preferencial al mercado estadounidense sin sacrificar la mayor parte de las reglas de origen automotrices.
Riesgos de la incertidumbre prolongada
Los analistas coinciden en que una extensión excesiva de las conversaciones podría afectar las decisiones de inversión en 2027 y 2028. Varias empresas han señalado que requieren al menos 18 meses de certidumbre regulatoria para autorizar proyectos superiores a 200 millones de dólares. En ese sentido, el objetivo mexicano debe centrarse en acotar los tiempos de revisión y establecer mecanismos de solución de controversias ágiles.
Al mismo tiempo, el escenario catastrofista carece de sustento histórico. Las cadenas de suministro automotriz entre México y Estados Unidos han sobrevivido a crisis como la de 2008-2009 y a la pandemia de 2020 sin desintegrarse. La lógica económica de costos laborales, logística y cercanía al mercado final sigue siendo más fuerte que las fluctuaciones políticas de corto plazo.
En este contexto, la cautela deja de ser una recomendación genérica y se convierte en la estrategia más efectiva para preservar los intereses nacionales mientras se exploran mejoras puntuales al tratado. La integración regional continúa siendo el principal activo competitivo de México frente a otras economías emergentes.
