El Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas retiró este miércoles la escultura Blue, del artista Joel Shapiro, de los terrenos del complejo en Washington. La desinstalación, realizada sin anuncio previo, volvió a poner en el centro de la discusión los cambios emprendidos en la institución desde que el presidente Donald Trump asumió el control del recinto y designó nuevas autoridades.
La obra, una figura humana azul de gran escala, había sido instalada en 2019 en The REACH, la ampliación del Kennedy Center dedicada a ensayos, educación y actividades públicas. El desmontaje se llevó a cabo con grúas y protecciones colocadas sobre las extremidades de la estructura. La operación obligó además a cerrar temporalmente carriles cercanos, según un aviso del Servicio de Parques Nacionales citado por The Washington Post.

Una salida sin fecha anunciada
En un comunicado recogido por Associated Press, el Kennedy Center agradeció a Shapiro por los años en que la pieza permaneció en el campus. “Nos sentimos honrados de haber sido custodios de su vibrante obra y de formar parte de su legado perdurable”, señaló la institución, sin explicar de manera detallada las razones inmediatas de la retirada ni anticipar la decisión públicamente.
De acuerdo con The New York Times, el centro indicó que la Fundación Joel Shapiro y Ellen Phelan determinará el próximo destino de Blue. La institución también sostuvo que la desinstalación de obras donadas o prestadas puede formar parte de prácticas habituales de conservación o preservación. Esa explicación sitúa el caso dentro de los procedimientos habituales de gestión de una colección, aunque no despeja las dudas sobre el momento elegido ni sobre la relación entre la medida y la reorientación general del complejo.
La familia del escultor, fallecido en 2025, expresó una interpretación muy distinta. Ivy Shapiro, hija del artista y presidenta de la fundación que lleva su nombre, dijo al diario neoyorquino que su padre probablemente se habría sentido “alarmado” por el retiro. Según explicó, Blue fue uno de los encargos más importantes de Shapiro realizados específicamente para un lugar y estaba concebida como una celebración de “la alegría, la libertad y la creatividad”.
El significado de la escultura y el destino que busca la familia
En un video difundido años atrás por el propio Kennedy Center, Shapiro describió la obra como una pieza relacionada con “la acción, el riesgo, la actuación y la energía”, además de definirla como “una celebración de las posibilidades”. La ubicación en un espacio de circulación pública reforzaba esa lectura: la figura no estaba confinada a una sala, sino integrada a la experiencia cotidiana de quienes acudían a The REACH.
La fundación todavía no precisó dónde será instalada la escultura. La familia, sin embargo, manifestó su intención de que Blue vuelva a ocupar otro espacio público. El eventual traslado mantendría parte de la vocación original de la obra, aunque también marcaría la pérdida de su vínculo con el Kennedy Center y con el proyecto arquitectónico para el que fue incorporada en 2019.
Documentos internos y una disputa por el control artístico
La controversia adquirió una dimensión política a partir de documentos internos obtenidos por The New York Times. Según esos registros, la escultura había quedado bajo consideración para ser eliminada después de la toma de control del centro por parte de Trump. El curador Josef Palermo, despedido en marzo de su cargo de artes visuales y programación especial, afirmó que Ric Grenell, entonces presidente del Kennedy Center, le había ordenado casi un año antes deshacerse de todas las obras de arte al aire libre del campus.
Palermo sostuvo que la intención era renovar por completo la colección cuando el complejo reabriera después de las reformas previstas. Cinco meses después de su salida y ante la falta de avances visibles, el excurador creyó que el proyecto había quedado archivado. La retirada de Blue, no obstante, lo llevó a concluir que la idea de reemplazar el arte existente continuaba vigente.
Su denuncia no prueba por sí sola que la escultura haya sido retirada exclusivamente por motivos políticos. Sí plantea, en cambio, una cuestión institucional relevante: quién define el destino de obras que forman parte del patrimonio público, qué criterios deben regir esas decisiones y qué grado de transparencia corresponde aplicar cuando se modifica un espacio cultural de alta visibilidad nacional.
Rechazo de organizaciones culturales
Testigos y activistas observaron el desmontaje desde las inmediaciones. Michael Sebastiani, integrante del grupo Hands Off the Arts, describió la escultura como un elemento acogedor para quienes llegaban a Washington y afirmó que había funcionado como mascota del Día Nacional de la Danza, al aportar “alegría y felicidad” a esa celebración.
La agrupación cuestionó la decisión en redes sociales con un mensaje de tono abiertamente crítico. Afirmó que, después de los cambios en la fachada, ahora se intervenían los jardines y sostuvo que la retirada representaba un nuevo episodio de la transformación del Kennedy Center. También acusó al gobierno estadounidense de haber derribado una obra pública por decisión caprichosa, una formulación política que refleja la intensidad del rechazo, pero que no constituye una explicación oficial de la institución.
El caso combina así tres planos que seguirán estrechamente vinculados: la conservación y administración de una obra prestada o donada, la reorganización artística del Kennedy Center y la disputa sobre la influencia política de la nueva dirección. Mientras la familia busca un nuevo emplazamiento público para Blue, la institución deberá afrontar preguntas sobre el proceso que condujo a su retiro y sobre el alcance de los cambios previstos para la reapertura del recinto.
