El juicio por el asesinato de Tupac Shakur entró este lunes en su fase final en Las Vegas, con el inicio de los alegatos contra Duane “Keffe D” Davis, único acusado por el homicidio del rapero en 1996. El jurado deberá decidir si las declaraciones en las que Davis relató su presunta participación son verídicas o si, como sostiene la defensa, fueron inventadas para obtener dinero y notoriedad. Davis se declaró inocente y podría recibir cadena perpetua en caso de condena.

La fiscalía afirma que Davis no fue quien disparó, pero lo sitúa como la persona que ordenó el ataque y facilitó el arma utilizada. Según la acusación, el hecho fue una represalia por la golpiza que Shakur y otras personas dieron a Orlando Anderson, sobrino de Davis, en el hotel MGM Grand horas antes del tiroteo.
Ese altercado, registrado por cámaras de seguridad, ocupa un lugar central en la reconstrucción del caso. Los fiscales presentaron entrevistas policiales, declaraciones públicas y pasajes del libro autobiográfico de Davis, en los que describió que él y su grupo encontraron el vehículo donde viajaban Shakur y Marion “Suge” Knight y abrieron fuego desde un Cadillac blanco.
Ante el jurado también se expusieron manifestaciones atribuidas a Davis en las que afirmó que el grupo tuvo suerte al encontrarse con sus objetivos aquella noche. En otra declaración, recogida por ABC News, dijo que su sobrino pidió el arma y comenzó a disparar.
La defensa respondió que esas confesiones no son fiables. El abogado de Davis sostuvo que su cliente inventó los relatos y que la policía construyó el caso alrededor de las palabras de un hombre propenso a exagerar y a buscar atención pública.
El letrado también remarcó que no hay evidencia material que ubique a Davis dentro del vehículo desde el que salieron los disparos. Cuestionó, además, documentos usados por la fiscalía para demostrar que el acusado estaba en Las Vegas la noche del crimen, incluido un comprobante de un casino del hotel Monte Carlo hallado en un allanamiento de 1996. Según la defensa, el documento no permite determinar con claridad su fecha.
El paso de casi tres décadas complicó la investigación. Un detective declaró que se analizaron miles de armas sin hallar coincidencias con las vainas recuperadas en la escena. Varios testigos también aludieron al llamado “código de la calle” para explicar la falta de colaboración con la policía; uno de ellos dijo ante el tribunal que no quería enviar a Davis a prisión, pese a reconocer que no mantenía una buena relación con él.
La coordinación entre agencias policiales fue otro punto discutido durante el proceso. Un testimonio señaló que, cuando Davis habló con investigadores en 2008 bajo una promesa de inmunidad, las autoridades a cargo del caso no recibieron esa información a tiempo. Con los alegatos finales en marcha, el jurado deberá valorar esas declaraciones junto con la limitada evidencia material disponible.
